Jesus People

Cuando di mi paso de seguir a Jesús en agosto de 1978, hice tres cosas en los días que siguieron a mi conversión. La primera fue dejar de fumar, aunque debo admitir que fue el embarazo de Nora lo que realmente me obligó a hacerlo, pues ella no resistía el olor del cigarro. Comprar una Biblia fue la segunda cosa, solo que en este caso cometí el craso error de adquirir una vieja versión Reina Valera que me resultó pesadísima de leer. Lo tercero que hice fue visitar una tienda de música y tratar de encontrar discos de artistas contemporáneos que fueran cristianos.

En mis años universitarios escuché toda clase de música, desde los Beatles, Bob Dylan, Steve Wonder, hasta el Gran Combo, las Estrellas de Fania, música brasileña, pasando por un reencuentro con la música folklórica venezolana y latinoamericana, hasta llegar a lo que llamábamos en ese entonces, música de protesta. Latinoamérica se llenó en los años sesenta y setenta de grupos y compositores que denunciaban las injusticias, los sistemas corruptos y las dictaduras que nos gobernaban. Soledad Bravo y Alí Primera sonaban en Venezuela. De Cuba venía la Nueva Trova Cubana, con Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Violeta Parra se escuchaba en Chile. Hasta de España nos llegó Joan Manuel Serrat con canciones que todavía son recordadas. Casi en cada país surgía un trovador o trovadora que hablaba a nuestra consciencia social en palabras poéticas. Los jóvenes latinoamericanos de la época, nos habituamos a una gran variedad de música en esos años y a asociar las letras y los ritmos de las canciones con los movimientos sociales que ocurrían en aquellos años. Por lo tanto, como joven inquieto, esperaba que también existiera una expresión musical que describiera la experiencia de conversión cristiana que yo acababa de vivir. Por ello, mi afán de querer encontrarme con la música de esos trovadores hippies que hablaban de Jesús y que, a su manera, se identificaban con un Jesús salvaje, de pelo largo como ellos, denunciando la pacatería de la iglesia de la época, y narrando el testimonio de su abandono de las drogas, a cambio del bautismo del Espíritu Santo.

Después de recorrer algunas tiendas y librerías, regresé a casa con un par de discos. Uno era el LP Lighten Up de Barry McGuire, un trovador folk, que había tenido éxito unos años antes con una canción llamada “Eve of destruction” y que se me parecía a la música de protesta con la que estaba familiarizado. El otro, un poco más sereno en sus letras, era un disco producido por Maranatha Music de una banda de Calvary Chapel llamada The Way. Todo esto era nuevo para mi, pues la única música cristiana que había escuchado hasta entonces eran los espirituales negros de cantantes como Aretha Franklyn y alguna que otra canción con alusiones a Jesús que había llegado a la cartelera de las emisoras de radio. Esto era algo radicalmente diferente, y de inmediato, me identifiqué con el estilo y las letras de estas producciones. De hecho, terminaron acompañándome durante varios años en mi crecimiento como creyente, salvándose de varias mudanzas, junto a otros discos mucho más mundanos, que de alguna manera soportaban mis eventuales ataques fundamentalistas. Lejos estaba yo de entender que esta nueva música, de contenido profundamente cristiano, provenía del avivamiento que había comenzado entre los hippies en los años previos, mucho menos, anticipar que esas eran las semillas del movimiento de adoración y alabanza que sacudiría a las iglesias en las siguientes décadas.

misdiscos

Desde mediados de los sesenta y comienzos de los setenta, durante un lapso de tiempo como diez años, se dio una inesperada combinación de la contracultura hippie y la religión evangélica, dentro de un movimiento internacional con características propias, pero que surgió fuera de los cauces denominacionales, y que se denominó el Jesus Movement (JM) o Jesus People Movement (JPM). El despertar cristiano entre los hippies no se manifestó solamente a través de la música. También mediante nuevas expresiones de una iglesia que salía de los templos e iba a los bares, cafés y playas, que usaba un lenguaje diferente para el testimonio y la predicación, y en la que abundaban las manifestaciones y experiencias espirituales. Igualmente introdujeron la vida comunal, viviendo juntos y teniendo todas las cosas en común como los primeros cristianos (Hechos 4:32-37).

Resulta interesante que en las iglesias Viña de América Latina poco se conozca acerca de esta parte de su historia, y cuán vinculada ella está con algunas de sus características esenciales que aún hoy perduran como valores centrales del movimiento. En cierta forma esto se debe al hecho de que La Viña de Estados Unidos comenzó a incursionar en América Latina entrados los años noventa, cuando gran parte de su efervescencia juvenil inicial había dado paso a nuevas estructuras organizacionales y a un cierto peso institucional. Pero, no es difícil detectar, en muchos de los líderes y pastores con más años en el movimiento, la influencia que el Jesus Movement, y aquellos años iniciales, dejaron en sus vidas. Incluso, algunos de los primeros grupos que trataron de hacer misiones de corto plazo en nuestra región, estaban compuestos de pastores y líderes de mediana edad con pelo largo, colas de caballo, zarcillos, jeans y sandalias, reminiscencias de ese pasado hippie, quienes contrastaban radicalmente con los predicadores pentecostales de traje, corbata, bien rasurados y de pelo corto a quienes estábamos acostumbrados.

No quisiera dar a entender que la vinculación del JM con La Viña es solo en cuanto a algunos aspectos superficiales tales como el atavío y la presentación personal. Hasta muy recientemente es que están empezando a aparecer estudios serios de la influencia del JM en la iglesia en general. Por ello pienso que, dentro de La Viña, la influencia va mucho más allá de los rasgos visibles. Tiene que ver principalmente con aspectos bastante más sutiles, como el lenguaje musical y su expresión íntima y pública, la búsqueda de la sencillez, tanto en los rituales como en la comunicación de la Palabra, la toma de riesgos en la oración, la profecía y el evangelismo, y la apertura a la experimentación espiritual y las manifestaciones sobrenaturales. Obviamente todos estos aspectos fueron abordados por John Wimber en sus enseñanzas, pero sin duda, maduraron en él bajo una fuerte influencia del JM que, encontró un gran acogida en las iglesias de Capilla del Calvario (Calvary Chapel) en California, bajo la tutoría de Chuck Smith, incluso mucho antes de que el movimiento de iglesias Viña existiese.

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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