Un canto desde el corazón

La semana santa de 1988 estuvo cargada de emociones contradictorias. Por un lado, nuestra congregación[1] atravesaba una crisis en su liderazgo. Las numerosas reuniones durante esos días sólo podían anticipar una crisis que, cambiaría mi vida para siempre. Por otro lado, se realizaba en Caracas en la Iglesia Evangélica “Las Acacias” una conferencia sobre adoración y alabanza que traía una serie de enseñanzas bastante novedosas para todas las congregaciones evangélicas de la ciudad capital. Con la mente y el corazón divididos, decidimos que Nora iría a la conferencia y que me uniría a ella en los servicios nocturnos, mientras que el resto del tiempo yo asumía seguir lidiando con los conflictos de la congregación.

simposiumLa conferencia[2] pretendía introducir una serie de prácticas sobre la adoración vocal e instrumental, composición musical, orquestación, danza, movimientos procesionales, desfiles, uso de panderetas, banderas, estandartes, y sobre todo, los conceptos de adoración profética y espontánea que, hasta ese momento, me eran completamente desconocidos. Debo admitir que habiendo tenido una semana tan conflictiva, la música y vistosidad de los servicios de adoración fueron bastante refrescantes para mi. Sin embargo, después que pasaron los días y empezamos a leer con más calma el manual que nos entregaron, nos dimos cuenta que poner todo eso en práctica no iba a ser tan sencillo.

Teológicamente hablando no podría negar el énfasis bíblico de las enseñanzas, pero a la vez me parecía una vuelta al tabernáculo, a la existencia de un protocolo, de una clase especial sacerdotal encargada de ministrar la adoración, y a una serie de símbolos, sensaciones, colores y hasta olores. Básicamente, se trataba de la introducción de una nueva liturgia basada en la simbología del tabernáculo de David, donde se incorporaban algunos elementos de origen pentecostal o carismático como los dones del Espíritu y la idea de la espontaneidad en la que Dios puede manifestarse. Pero, a la vez, establecía una separación entre el clero, encargado de ofrecer sacrificios de alabanza, y el pueblo, beneficiario de esos sacrificios. Además, en gran medida los temas de las canciones estaban ligados con énfasis que surgieron con ardor durante esos años como la guerra espiritual y la liberación. Como dice un comentarista en la web, de la adoración “pacifista” del Jesus Movement (JM), la música de la iglesia comienza a reflejar una adoración “guerrera” y hasta cierto punto, judaizante.

No puedo negar la creatividad y la capacidad musical y artística de quienes promovían estos simposios. Para nosotros todo aquello representaba un choque, pues habíamos estado varios años en una congregación donde solo se podían cantar los himnos tocados siempre con un órgano, y usando el himnario oficial de la denominación[3]. Cuando nos cambiamos para la que estábamos en aquel momento, hubo una mejoría, pero solo teníamos una guitarra eléctrica y se cantaban coritos pentecostales populares, así como uno que otro canto compuesto por miembros de la congregación[4]. Las enseñanzas de aquel simposio nos planteaban el reto de organizar un equipo de alabanza y adoración. Sin embargo, acercase siquiera un poco a lo que nos habían enseñado aquellos tres días de conferencia iba a representar un esfuerzo monumental. Con grandes limitaciones, intentamos durante los siguientes seis años adoptar este modelo adoración corporativa, enfrentándonos a sus cualidades y limitaciones, al igual que muchas otras congregaciones nacionales[5].

quieroalabarte1Durante los años previos a estos eventos que estoy relatando, nuestra principal fuente de inspiración para la adoración provenía de los cassettes de la serie Quiero Alabarte de Maranatha Music[6], que se conseguían fácilmente en las librerías cristianas de Caracas[7]. En el primer volumen resalta en el track 2 el canto “Busca primero” que fue tan popular en las iglesias latinoamericanas durante la década de los ochenta. Larry Eskridge[8] relata que fue compuesto en 1971 por una joven de nombre Karen Lafferty, quien había dejado a un lado una carrera promisoria y lucrativa en el mundo de la música, para dedicarse únicamente a la adoración y alabanza. Usando su guitarra, en la soledad de su casa, le puso música las palabras de Mateo 6:33[9]. La canción se popularizó en Calvary Chapel durante el Jesus Movement (JM), esparciéndose a las comunas, cafeterías y grupos pequeños del movimiento. Igualmente destaca en el track 8 el tema “La canción del Espíritu”, compuesta y arreglada por el propio John Wimber quien había fundado la iglesia Calvary Chapel en Yorba Linda, la cual posteriormente sería una de las primeras iglesias de La Viña en California. Todavía hoy en día estos temas tocan profundamente a quienes los escuchan, como se puede atestiguar al leer los comentarios que se encuentran en youtube.

everlasting jesusEstas grabaciones fueron el resultado del esfuerzo y la visión de Chuck Smith quien fundó el sello Maranatha Music en 1971, cuando lanzaron un disco que recogía la música que se cantaba en las reuniones de su iglesia en Costa Mesa (California). El disco se llamó The everlasting, living, Jesus music concert, que era básicamente una colección de canciones grabadas en estudio de diversas bandas, algunas de las cuales se hicieron muy populares en años sucesivos. Musicalmente hablando el disco contiene la semilla del rock relajado y sencillo que va a caracterizar los siguientes proyectos discográficos de Maranatha Music, y que luego se va a proyectar hacia el estilo de adoración del naciente movimiento de iglesias Viña en 1983. Así que nuevamente encontramos aquí otra área en la que los hippies setentosos del JM influyeron notablemente a la iglesia contemporánea, especialmente al movimiento de iglesias Viña[10], puesto que introdujeron una frescura, sencillez, intimidad, originalidad, honestidad y humildad en la adoración y alabanza que no era tan evidente en el culto cristiano hasta ese entonces. Estos valores y praxis de la adoración han perdurado hasta el tiempo presente, a pesar de la oposición, las críticas y sobre todo, la comercialización.

Como lo afirma Don Williams[11], uno de los principales teólogos que se unieron a La Viña en sus inicios, Wimber sabía que esa música era clave para alcanzar y retener a las nuevas generaciones. Mediante la afirmación de que “nuestra primera prioridad es responder al amor de Dios mediante la adoración”, la congregación en pleno se convirtió en el coro, con lo cual se nivelaba el acceso a Dios y se eliminaban las élites sacerdotales o levitas, que otros modelos de adoración pretendían, y pretenden, reintroducir en el culto evangélico.

La adoración dejó de ser un simple calentamiento o antesala para la predicación, pues la congregación se reunía con el propósito de encontrarse con Dios y experimentar su poder y presencia. Durante las reuniones, en los cultos, grupos caseros, conferencias, se cantaba por más de media hora, usando el estilo de música que había surgido del contexto social juvenil californiano, donde se mezclaban el rock suave, pop, folk, y el góspel, con letras sencillas, íntimas, románticas, que se dirigían directamente a Dios, sin términos rebuscados, y evitando hablar acerca de Dios, con un lenguaje abstracto o pesadamente teológico. Eran cantos compuestos localmente, por los miembros de las iglesias, por lo tanto, hablaban a la congregación de manera directa, pues reflejaban sus experiencias de sanidad, liberación y bienestar. Otras canciones habían trascendido a través de conferencias o grabaciones, pero tocaban profundamente las emociones y reforzaban la fe de quienes las cantaban.

La música y la letra de las canciones, unidas a una sensación de la presencia de Dios, comúnmente provocarían reacciones corpóreas en las personas, desde alzar las manos, aplaudir, llorar y en ocasiones hasta reír. Debido a la expectativa de que al elevar la adoración a Dios, su poder desciende, generalmente se concluía este espacio musical con un período de silencio para esperar la manifestación del Espíritu Santo por medio de profecía, canto y danza espontáneos, o bien con sanidades y conversiones.

Todo esto contrasta con formatos más elaborados como el que describí al principio. En realidad, se trataba de una expresión sencilla que podía ser replicada en casi cualquier ambiente, que podía ser adaptada al contexto cultural y que podía llegar al corazón de quienes no provenían de un trasfondo evangélico. Eso fue lo que se perspiró en la primera conferencia de La Viña en Venezuela en enero de 1997, celebrada en la Iglesia Presbiteriana “El Redentor”, en pleno centro de la capital[12]. Con el vetusto y tradicional local lleno a reventar, los congregantes, cristianos de todas las denominaciones, cantaban con devoción bajo la conducción de una lideresa de adoración de La Viña de Miami, al compás de los acordes de una guitarra acústica, un bajo y una batería. Canciones como la de Andy Park “Es a solas” (In the secret), que invita a buscar a Dios con todos los sentidos, impactaron profundamente los corazones de las personas que asistieron a la conferencia. Tal vez se tardó mucho en que los valores y prácticas de la adoración que John Wimber había propuesto para La Viña, fueran conocidos y experimentados en Venezuela, pero aquel fue un momento memorable que trajo frescura, alegría y sanidad a muchas personas.

 

Es a solas (In the secret)[13]

Andy Park

Es a solas y en la quietud

En silencio espero por ti

Solo por ti

Te quiero conocer

 

Yo quiero amarte

Quiero oír tu voz,

Te quiero conocer,

Quiero sentirte,

Tu rostro quiero ver

 

Yo procuro el premio mayor

Que tu me quieres dar

Y prosigo, dejo todo peso atrás

Lejos de mi,

Te quiero conocer


 

[1] Se trataba de la iglesia pentecostal de “El Rincón” en Los Teques. Esta iglesia sería replantada nuevamente a partir de 1988 bajo el nombre Comunidad de Vida Cristiana (CVC) de Los Teques, para luego ser adoptada oficialmente dentro de La Viña en 1998.

[2] Estas conferencias se continúan dando en diferentes partes del mundo bajo la cobertura de International Worship Symposium

[3] Como recuerda Miguel Ángel Darino: “.. el orden de culto de la pequeña iglesia evangélica del pueblo… era más o menos así: Himno, Oración invocatoria, Himno, Lectura bíblica, Ofrenda, Himno, Sermón, Himno de llamamiento y Bendición. En algunas ocasiones se incluía un preludio, si en ese día se podía contar con un armonista, ya que el antiguo armonio a pedal era el instrumento oficial, reemplazado más tarde … por el órgano electrónico”. Darino M.A. (2003). La Adoración: Primera Prioridad. El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones.

[4] Para quienes vivimos este período en la iglesia de “El Rincón” resulta inolvidable la canción “Emmanuel, Dios con nosotros”, compuesta durante una vigilia de la congregación. Usualmente, el pastor Carlos Quintana tocaba la guitarra y Roberto Sttengger dirigía el canto congregacional. Se trataba de un canto escritural muy alegre. Lamentablemente su uso se abandonó al adoptarse nuevos estilos y modelos.

[5] Este estilo de adoración y alabanza fue el que más se popularizó en Venezuela, siendo adoptado y fomentado por iglesias grandes y prestigiosas como “Las Acacias”. Muchos de los elementos allí introducidos siguen vigentes en mayor o menor grado.

[6] No fue sino hasta finales de 1989 que tuvimos acceso a una versión promocional del primer disco de Marcos Witt llamado Proyecto AA, que se había colado hasta nuestras manos a través de un locutor de Radio Transmundial, una de las emisoras de radio evangélicas más antiguas, que tenía una sede en Maracay (Venezuela), aparte de sus estudios y transmisores en Bonaire, Antillas Holandesas.

[7] La música de Maranatha Music también fue muy popular en Brasil a través del ministério Venecedores por Cristo

[8] Eskridge, Larry (2008). The “praise and worship” revolution. Christianity Today. En http://www.christianitytoday.com/ch/thepastinthepresent/storybehind/praiseworshiprevolution.html. Última visita, 29 de noviembre de 2014.

[9] El testimonio se encuentra en este video: http://www.youtube.com/watch?v=7p9UN7DAmV4

[10] Ducette, T.R.J. (2008). The Historical Development of the Modern Worship Song Over The Past 100 Years. Liberty University. última visita 01/12/2014 http://digitalcommons.liberty.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1081&context=honors

[11] Williams, D. (2005). Theological reflection and perspective on the Vineyard Christian fellowship. En roozen, D. And Nieman, J. (editores). Church, identity and change: Theology and denominational structures in unsettled times. Grand Rapids (Michigan): William Eerdmands Publishing Company.

[12] Esta conferencia denominada “Señales y Prodigios y el Reino de Dios” fue organizada por la Iglesia Ríos de Agua Viva de Caracas y La Viña de Miami, con una pequeña colaboración de la Comunidad de Vida Cristiana de Los Teques.

[13] Esta es la versión en español cantada por Andy Park. http://www.youtube.com/watch?v=v8znqLOACzM La letra es un poco diferente. La traducción que presento en este blog es la que usamos desde 1997 y hemos cantado siempre en Venezuela. Fue la que La Viña de Miami trajo para la conferencia a la que hago referencia.

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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