Día de la Ruah

 

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John Wimber y Carl Tuttle ministrando con la música

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La congregación reunida en el gimnasio de la secundaria Canyon en Yorba Linda (California)

Cuando uno lee acerca de los hitos que señalan el punto de partida para el movimiento de iglesias Viña, siempre se va a terminar tropezando con una fecha muy particular que corresponde al día de la madre del año 1980[1]. Ese día John Wimber invitó a su congregación, que funcionaba en ese tiempo en el gimnasio de una escuela secundaria de Yorba Linda (California), a un locuaz y joven predicador californiano llamado Lonnie Frisbee[2]. Este joven, al finalizar su mensaje, decidió hacer una corta oración con las palabras: “ven Espíritu Santo”. La fecha ha quedado registrada en los anales de La Viña como el inicio de las manifestaciones de señales y prodigios que han caracterizado al movimiento a lo largo de los años[3]. Las mismas fueron descritas por el propio Wimber, y su colaborador Kevin Springer, con estas palabras: “algunas persona caían al suelo. Otros, que no creían en las lenguas, las hablaban en voz alta. El conferenciante rondaba alrededor de la muchedumbre, orando por las personas, algunas de las cuales se caían inmediatamente cuando el Espíritu Santo reposaba sobre ellas” (Evangelización poderosa, pág. 58).

Como lo relata Wimber en otros videos posteriores, al final del tiempo de ministración, que duró quizás más de 45 minutos, el local parecía un campo de batalla con gente tirada en el suelo, otros temblando, llorando y hablando en lenguas. Una escena que quizás no luzca muy extraña para quienes hemos estado en La Viña durante un tiempo, pero si para aquella iglesia de Calvary Chapel, cuyos miembros no creían en esa clase de irrupción de Dios tan directa, sorpresiva y sobre todo, llena de manifestaciones corporales.

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Lonnie Frisbee, el predicador invitado para el día de la madre de 1980

Increíblemente, la celebración de un día de la madre como cualquier otro, ese tradicional homenaje a la capacidad femenina de engendrar, gestar, criar y cuidar la vida humana, se tornó en un día para la manifestación de la ruah, el aliento divino que da fuerza vital, que se hacía presente para engendrar un aspecto completamente nuevo dentro del naciente movimiento de iglesias de La Viña.

La primera vez que me interesé por lo que había ocurrido ese día fue leyendo el libro de John White, Cuando el Espíritu viene con poder. Respetaba a John White como escritor pues había leído varios libros suyos publicados por Inter Varsity Press en inglés y por Editorial Certeza en español. Me parecía un autor serio, sobre todo, porque tenía una formación científica ya que era médico psiquiatra. Además, se desempeñaba como profesor en el Seminario Regent en Vancouver (Canadá). El libro sobre Wimber lo había escrito durante su licencia sabática a finales de los años ochenta, lo cual le daba un tono académico a las descripciones y consideraciones que hacía acerca de los avivamientos, incluyendo dentro de esta categoría ese inicio del mover del Espíritu en La Viña[4].

John White relató bastante gráficamente ese evento. Aunque White fue solo un testigo de segunda mano, describió ampliamente la locura resultante en aquel lugar, o lo que denominó, el pandemonio[5], que surgió en aquella reunión. Seguramente White pasó largas horas hablando con John Wimber, y con otros testigos, mientras realizaba su investigación sabática, y así logró narrar aquel acontecimiento de la forma como lo hizo. En lo que a mi respecta, a través de la lectura y relectura del libro, podía percibir que algo sorprendente había ocurrido allí que, parecía provenir realmente del Espíritu Santo, y eso me daba mucho ánimo en relación a lo que estábamos experimentando en nuestra comunidad por aquel entonces, así como lo que esperábamos para el futuro.

Wimber no pudo dormir después del servicio de aquél domingo, debatiéndose entre la duda y los temores frente a los eventos que acababa de presenciar. A nivel personal, como pastor de una comunidad abierta a los carismas del Espíritu, me llamaba muchísimo la atención la reacción de Wimber, pues yo también tendía a preocuparme por la veracidad de las manifestaciones espirituales que ocurrían en nuestro seno. La tendencia usual es encontrar nuestras propias respuestas y tomar decisiones apresuradas, bien sea, aceptando ciegamente lo observado, o rechazándolo completamente. Sin embargo, Dios parecía que no dejaría que estas dudas se afirmasen en John Wimber. Muy temprano, a la mañana siguiente de aquel servicio donde el Espíritu Santo había irrumpido de manera inesperada, recibió la llamada de un colega con una palabra sencilla que parecía provenir de Dios mismo, confirmando los extraños eventos de aquella noche previa con un lacónico, “fui Yo”.

Debo confesar que dediqué largas horas a pensar en el acontecimiento y aún en muchos otros eventos similares a lo largo de la historia de la iglesia. El texto de White me dio algunas claves hermenéuticas e históricas para interpretar esas irrupciones del Espíritu Santo en las comunidades cristianas. Personalmente, unos años antes, había indagado sobre el inicio del movimiento carismático católico, cuando muchas personas en diferentes lugares, desde monasterios a pequeños grupos de oración en las casas, habían comenzado a tener manifestaciones poderosas del Espíritu Santo. Incluso, un poco más adelante, hasta llegué a escribir sobre algunas observaciones críticas acerca de lo que veía en la iglesia venezolana en cuanto al avivamiento. Sin proponérmelo, inconscientemente quizás, incorporé esta narración a mi manera de interpretar el mover del Espíritu, a esperar sus manifestaciones como un viento recio, del cual, no sabemos con ciencia cierta, de dónde viene y adónde va.

Fue así como en aquellos días de 1992 se nos acercó una pastora pentecostal al equipo ministerial de la Comunidad de Vida Cristiana (CVC) de Los Teques (no éramos parte de La Viña aún) para pedirnos una colaboración. Sucedía que ella tenía contacto con un grupo de pastores y líderes en una población del sur del estado Aragua llamada San Casimiro, los cuales no eran pentecostales, pero  habían comenzado a experimentar algunas manifestaciones atribuibles al Espíritu, tanto individualmente como en sus comunidades. Ella nos pedía que sirviéramos de facilitadores de un taller sobre el Espíritu Santo que había organizado en una iglesia evangélica libre de esa población. Mis colegas en el equipo pastoral me designaron a mi para que abriese el encuentro con la primera ponencia. Así que comencé con una visión bíblica acerca del derramamiento del Espíritu Santo, haciendo una interpretación del Pentecostés y su significado para nuestro tiempo, para luego referirme a una serie a eventos más recientes, así como a algunas experiencias personales. Viendo la receptividad del grupo, no pude evitar terminar mi parte relatando la historia de Wimber, su predicador invitado y el derramamiento del Espíritu Santo en la iglesia de Yorba Linda, aquel día de la madre de un mucho más cercano año de 1980.ven espiritu

El salón de la iglesia estaba completamente lleno y la gente resultó estar muy atenta a lo que exponía. Como buen latino me excedí un poco en el tiempo de la charla, pero mis otros colegas que seguirían después de mi, viendo el interés de las personas, me hicieron señas para que continuara con una sesión de preguntas y respuestas. Aunque al comienzo hubo bastante timidez, lo que siguió me sorprendió tremendamente. Los líderes allí reunidos, en su mayoría jóvenes, estaban ansiosos por conocer más sobre el Espíritu Santo y su mover en la iglesia y la sociedad. En particular, uno ellos contribuyó ampliamente con su testimonio personal, y también fue muy contundente con sus opiniones y preguntas.

El interés de la audiencia por los temas e historias que había compartido me sorprendió gratamente y me llenó de una gran esperanza. Así que, pensaba para mis adentros, “Quizás se avecina el momento de iniciar un tiempo de ministración, de orar con las palabras que estábamos aprendiendo de Wimber, Espíritu Santo, ven”. Sin embargo, cuando más disfrutaba de la conversación, un hombre de mediana edad, que se identificó como el pastor de la iglesia donde se realizaba el encuentro, me detuvo en seco. Aludiendo que me había excedido de tiempo, me pidió que cortara la conversación y que permitiese hablar a los otros miembros del equipo que había venido desde Los Teques.

Nunca me habían callado de esa manera en público. Aunque un poco dolido y humillado, entendí que lo que estaba en juego era esa antigua lucha entre quienes creemos que el Espíritu sigue activo y quienes lo niegan dogmáticamente. Para colmo de males, luego me enteré que el pastor era, nada menos, que el padre del joven al cual, yo había permitido hablar de sus propias experiencias espirituales. Me di cuenta también del poder que tienen las historias de los avivamientos como el que da inicio a La Viña. En lugar de amilanarme, aunque no puedo negar que el resto del taller la pasé como muchacho regañado, el incidente me motivó a seguir buscando la presencia del Espíritu en mi vida. Muchas nuevas oportunidades me esperaban a lo largo de mi peregrinar con La Viña.

Más adelante, cuando comencé a hacer amigos en el movimiento de La Viña, siempre indagué sobre esos eventos primigenios. También tuve oportunidad de escuchar los relatos que sobre ese día hizo Wimber en numerosos cassettes, leer otras descripciones en su propio libro Evangelismo de Poder, ver los videos de Carol Wimber[6] donde habla de la historia inicial del movimiento, así como estudiar las pocas historias escritas y escasas valoraciones críticas que existen acerca del movimiento. Aunque parezca mentira, en los actuales momentos es mucho más sencillo acceder a las palabras dichas aquel día de la madre de 1980, pues con un simple click se encuentran disponibles en el intrincado mundo de la web[7]. No me imagino que hubiera pensado el pastor que mandó a callar a un testigo de tercera mano como yo, si se me hubiese ocurrido compartir la grabación de aquel día, hoy disponible en youtube, o cualquier otro video sobre manifestaciones del Espíritu.

coverspe

 


 

Notas

 

[1] La fecha correcta ha sido disputada por cierto tiempo. John White se refirió al día de la madre de 1978. John Wimber y otros apuntaban al año 1979. Sin embargo, fuentes más recientes y en especial Bill Jackson en su libro, Quest for the radical middle, han concluido que el evento ocurrió en 1980.

[2] White simplemente se refiere al predicador como “auto-invitado” y “joven”. Wimber lo describe como “joven” e “imprevisible”, en el libro Wimber y Springer, Evangelización poderosa (Nashville (USA): Editorial Betania, pág. 57, 1997). Dependiendo de la fuente que uno consulte, en algunos casos se menciona, y en otros se omite, el nombre de quien ese día llevó el mensaje a los allí reunidos. Tal vez para los lectores latinoamericanos es difícil entender lo que significa esta paradoja, asociada a este emocionante, conflictivo y sobre todo, decisivo comienzo del movimiento

[3] Éste es un testimonio personal publicado en conmemoración de los treinta años de este derramamiento del Espíritu por un testigo de esos primeros días. http://gwmgracenotes.blogspot.com/2010/05/thirty-year-anniversary-of-mothers-day.html

[4] El libro fue originalmente publicado en inglés por Intervarsity Press en 1988. La edición de Editorial Certeza data de 1995.

[5] La acepción contemporánea de la palabra “pandemonio” hace referencia a un lugar con muchísimo desorden.

[6] Por ejemplo, en este video Carol Wimber describe brevemente lo que pasó el día de la madre de 1980. Pero, lo interesante es su valoración del estado personal y de la iglesia: “éramos un montón de quebrantados” y la expectativa que había: “teníamos tiempo orando por la manifestación del poder de Dios…. No nos imaginábamos que sería de esta manera”.

[7] Lonnie Frisbee, Mothers Day 1980, Part 5. Comenzando en el minuto 3 se puede escuchar la ministración y el derramamiento del Espíritu que Wimber anhelaba para su iglesia http://www.youtube.com/watch?v=gPrzt3xPwaM

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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