Atrapando el fuego

En septiembre de 1995 conseguí un financiamiento de la universidad donde trabajaba para asistir un congreso internacional de ingeniería biomédica que se celebró en Montreal (Canadá). ¡Esa era la oportunidad que esperábamos para ir a Toronto! Además, comenzaba mi segundo año sabático, de los 16 que ya llevaba trabajando como profesor e investigador. Así que Nora y yo tratamos de alargar un poco ese viaje. Aparte de la conferencia en Montreal, donde tenía bastantes compromisos de trabajo, iríamos a Toronto y luego a Columbus (Ohio) donde nos registramos en una conferencia de La Viña que se celebraría justo la semana después de nuestra estadía en Canadá. Para rematar iríamos por unos días a Nueva York para adquirir libros y equipos que necesitaba en mi investigación.

Los primeros cinco días transcurrieron con normalidad. El viernes al mediodía nos fuimos bastante animados a la agencia donde había reservado un carro de alquiler para ir hasta Toronto. Algo extraño pasó, ¡las tarjetas de crédito venezolanas dejaron de funcionar! El gobierno había establecido repentinamente un control de cambio y cortó el uso de las tarjetas de crédito en el extranjero[1]. Miles de venezolanos estábamos afectados, pero no había nada qué hacer. Todavía nos faltaban como diez días de viaje y tendríamos que defendernos con el efectivo que cargábamos en los bolsillos. Así que tuvimos que cambiar el plan de viaje. Iríamos a Toronto en tren y tendríamos que movilizarnos en transporte público, además, necesitábamos reducir drásticamente los gastos. Seguimos adelante confiados en que, a pesar de estos obstáculos, seríamos bendecidos en los eventos que se avecinaban en Toronto y en Columbus.

Llegar hasta un hotel barato en las cercanías de la iglesia nos tomó como una hora desde la estación de tren. Cuando nos instalamos en el hotel y tratamos de averiguar dónde se ubicaba la iglesia, nos dimos cuenta que estaba a menos de una milla del aeropuerto internacional de Toronto, casi al final de la pista de aterrizaje[2]. En el hotel nos informaron que había un transporte especial que cada cierto tiempo pasaba buscando a los visitantes quienes estaban registrados en los hoteles de la zona, con el fin de llevarlos a la iglesia a la hora de los servicios religiosos y traerlos luego de vuelta. Se trataba de una zona industrial, metida dentro de varias autopistas que la rodeaban, con los típicos hoteles y restaurantes cercanos a los aeropuertos del primer mundo. Seguramente había transporte público, pero la mayoría de quienes asistían a la congregación venían en sus propios vehículos, salvo los que estábamos en los hoteles cercanos. El edificio era básicamente un galpón de exhibiciones industriales, bastante espacioso y bien iluminado, que apenas había sido inaugurado como santuario el 20 de enero de ese mismo año. El auditorio permitía unas cinco mil personas sentadas, había salas laterales para reuniones, oficinas, un espacioso atrio de entrada, cafetería y por supuesto, una librería de un tamaño considerable, que se especializaba en los temas en boga, como avivamiento, dones espirituales y crecimiento de la iglesia, aparte de la usual parafernalia cristiana alusiva al avivamiento, compuesta de cruces, pines, llaveros, pulseras, franelas, gorras y otras minucias.

Nora y Fernando en La Viña del Aeropuerto de Toronto (TAV) en septiembre de 1995. Un viaje accidentado pero provechoso.

Nora y Fernando en La Viña del Aeropuerto de Toronto (TAV) en septiembre de 1995. Un viaje accidentado pero provechoso.

FERtor

Nora y yo estábamos muy expectantes con relación a lo que podíamos recibir y aprender durante esta visita. Cuando me preguntaban el por qué habíamos decidido ir a Toronto, siempre respondía que quería ver cómo era una iglesia en pleno despertar. Me imaginaba el tumulto de Éfeso y cómo la comunidad cristiana había incidido en el estado espiritual de la ciudad (Hechos 19). Quería comprobar que cosas así estaban aconteciendo en Toronto y sus alrededores. Además, había estado meditando sobre las posibilidades de un avivamiento durante los últimos diez años. Mi acercamiento a las ideas de Wimber y a La Viña, tenían que ver con esa búsqueda, ese anhelo por ver al Espíritu venir sobre una congregación, y de allí al resto de la nación. La iglesia de Toronto, en aquel momento, era parte del movimiento y eso aumentaba mis expectativas.

La verdad es que en aquellos días estaba poco familiarizado con los valores y la cultura de La Viña, así que no sabía qué podía encontrar y sobre todo tenía miedo de ver cosas que me desmotivaran en mi deseo de ser parte de este movimiento. Recientemente había leído un par de documentos que explicaban algunos de los fenómenos espirituales que estaban ocurriendo, pero que también me ponían un poco inquieto. El escrito de Bill Jackson titulado “What in the world is happening to us? (¿Qué es lo que nos está pasando?) cuyo título de por si asustaba, y el de Rich Nathan, “A response to Charismatic Caos” (Una respuesta al libro Caos Carismático de John McArthur), que era una respuesta, pensada con la mente de un abogado, para defender la causa de Wimber, y las señales y prodigios que propugnaba.

Para completar la cantidad de información y aumentar la ansiedad que llevaba encima, acababa de recibir el último número de la revista Christianity Today en el que había un artículo de un profesor de historia de la iglesia del Seminario Gordon-Cornwell, sobre cómo vería Johnathan Edwards[3] el avivamiento que estaba en curso. El tema de los fenómenos espirituales siempre me había fascinado, incluso en uno de mis fallidos intentos de cursar una materia de neumatología en el Seminario de Caracas, ése había sido el tópico que había escogido para mi trabajo final. La Bendición de Toronto había añadido nuevas manifestaciones a la clásica lista pentecostal, que enfatizaba primordialmente el hablar en otras lenguas (glosolalia, también la llaman xenolalia cuando se hace referencia al día de Pentecostés), incluyendo ahora cosas bastante inusuales como la recreación de gestos y sonidos de animales[4]. Por ello, el autor del artículo llamaba a la prudencia, recordando sabiamente que “en cualquier despertar, el primero que se despierta es el demonio”. Por lo tanto, basándose en su análisis de los escritos y el comportamiento de Edwards, durante lo que se denominó el Gran Despertar del siglo XVIII, el autor recomendaba lo siguiente[5]:

Un avivamiento que lo que hace es replicar la risa compulsiva, la borrachera espiritual, el piar de los pollos o el rugido de los leones, como expectativas de un despertamiento espiritual, está jugando en el territorio del Enemigo. El interés del demonio es que los cristianos se vean raros. Para ello no necesita poseerlos, basta simplemente usar la sugestión. La meta es crear una iglesia que sea tan extraña institucionalmente, que haga que los no creyentes la eludan y pasen de largo. La meta de un avivamiento es ser conformados a la imagen de Cristo, no el imitar a los animales[6].

Nuestra búsqueda de un despertar espiritual tenía ya varios años. En 1991 mi esposa me invitó a visitar la iglesia de Benny Hinn en Orlando (Florida), casualmente ella había conseguido a alguien que le había hablado de él y de su libro Buenos días Espíritu Santo. Así que no solo queríamos oírle predicar sino verle en acción, ministrando a la congregación en pleno. La verdad es que fue algo bastante frustrante para mi, pues se trataba de un show de un solo hombre, un largo monólogo, de alguien con obvias habilidades para el manejo de multitudes. Ahora, llegados al local de la iglesia en Toronto, a la espera del servicio, nos preguntábamos quiénes eran los pastores, qué predicaban, cómo ministraban, cuáles eran los dones que permitían que aquel avivamiento tuviera lugar, y cuáles eran sus secretos para que la iglesia hubiera multiplicado su membresía casi por diez, en un lapso de solo dieciocho meses.

Esos pastores de los cuales esperábamos aprender algo aquel fin de semana eran John y Carol Arnott, una no muy clásica pareja de divorciados que se habían vuelto a casar en 1979, que venían del mundo de los negocios, y solo hasta 1980, se habían dedicado a labores eclesiásticas[7]. Los Arnotts[8] fundaron inicialmente una iglesia (Jubilee Christian Fellowship) en la ciudad de Stratford en 1981, que luego se afilió a La Viña en 1987. En paralelo con esta labor, plantaron un grupo casero en Toronto que comenzó a florecer muy rápidamente. Esto obligó a la pareja a viajar constantemente entre Stratford y Toronto durante más de cuatro años. En 1990 deciden buscar un lugar para alquilar y abrir oficialmente las reuniones públicas de la iglesia, encontrando un espacio adecuado cerca del aeropuerto, de allí su nombre Toronto Airport Vineyard Christian Fellowship (TAVCF). Sin embargo, no es sino hasta 1992 que los Arnotts asumen el pastorado a tiempo completo de la nueva iglesia y se mudan definitivamente a Toronto.

Nuestras expectativas de encontrar líderes ungidos de los cuales recibir la misma unción del Espíritu, y aprender de su sabiduría, fueron disolviéndose, poco a poco, a medida que nos adentramos en aquel fin de semana en la TAV. Descubrimos que ni siquiera el avivamiento de Toronto había comenzado de la mano de los esposos Arnott, quienes, con dificultad, ahora intentaban aprender cómo pastorear semejante mover de Dios que ya llevaba 21 meses. En noviembre de 1993, un pastor de La Viña de St. Louis (Missouri), de nombre Randy Clark[9] es invitado por los Arnott para realizar una serie de cuatro predicaciones de jueves a domingo, comenzando el 20 de enero. Ese día sería una noche familiar, el viernes se dedicaría a los niños, el sábado estaba reservado para jóvenes y adultos y el domingo se realizaría el acostumbrado servicio dominical. Sin embargo, al final de la primera predicación, Clark hizo un llamado para oración y prácticamente toda la congregación reunida ese día respondió al mismo. Inmediatamente se comienzan a hacer evidentes una serie de manifestaciones como caer al suelo, reír, una especie de borrachera en el Espíritu, muchas y variadas visiones, y un sentido generalizado de refrescamiento y transformación espiritual. Superado por la magnitud del derramamiento espiritual, John Arnott le pide a Randy Clark que se quede indefinidamente, y de esta manera las reuniones continúan durante las siguientes cinco o seis semanas que Clark decide permanecer en Toronto.

Después que Randy Clark regresa a St. Louis, la TAV sigue adelante con un patrón de servicios diarios, donde se invitan predicadores, especialmente de La Viña, quienes junto con los Arnotts y un equipo entrenado de más de treinta hombres y mujeres, continúan ministrando y pastoreando el desarrollo del avivamiento. Entre otras cosas, en cada servicio estos equipos de ministración animan a las personas a recibir oración, les ayudan cuando caen por el poder del Espíritu, interceden por los que presentan manifestaciones novedosas, oran fervorosamente por los que están en el suelo (usando el modelo de la oración de remojo[10]), guían a las personas para entender mejor lo que les está aconteciendo.

Como señalan algunos autores[11], este trabajo de equipo viene a diferenciarse radicalmente de las formas usadas en las Iglesias pentecostales, basadas en el poder del ungido, que es el único capacitado para orar por las personas. Es lo que Nora y yo conocíamos, con lo que estábamos familiarizados de las campañas de los puertorriqueños Yiye Ávila y Jorge Raschke, y lo que habíamos presenciado en la visita de Sam Hinn a la ciudad de San Cristóbal (Venezuela) y cuando asistimos al Orlando Christian Center, la iglesia de su hermano Benny. También era la metodología que tanto, Randy Clark, como los Arnott, habían visto de gente como Katheryn Khulman, Benny Hinn y Rodney Howard-Browne[12], con los cuales habían tenido bastante relación. Sin embargo, al usar una ministración más corporativa y colectiva, lo que estaban haciendo era aplicar al avivamiento, de manera innovadora, la filosofía de ministerio y los valores de La Viña. Siguiendo fielmente los principios que Wimber había enseñado a los Arnott en cuanto a que, “la unción estaba disponible para todos y que el ministrar en equipo mejoraba las cosas considerablemente”.[13]

TAV

La TAV un domingo por la mañana de septiembre de 1995.

Lo que esto significa es que durante los días que estuvimos en nuestra “observación participante”[14] en la TAV, no escuchamos predicar a los pastores principales de la iglesia. Marc Dupont, quien fue miembro del equipo ministerial de la TAV de 1992 a 1996, lo hizo el domingo por la mañana, pero de resto fueron solo invitados. Uno de ellos, Che Ahn, quien estaba plantando la iglesia Harvest Rock en Pasadena (California)[15]. Los otros predicadores y líderes de adoración los he olvidado completamente. Según Margaret Poloma, en el caso de la Bendición de Toronto, se trató de experimentar con un modelo de actuación corporativa dentro del avivamiento, que limitaba la concentración de la atención en un individuo, lo cual propiciaba un cierto anonimato de los líderes locales[16]. Tal parece que la búsqueda de sencillez dentro del avivamiento fue una reacción, quizás necesaria, al exceso de personalismo y show individual que había proliferado en otros avivamientos previos, durante el Jesus Movement, y en el desproporcionado desarrollo, y cuestionado ministerio, de los televangelistas. Guy Chevreau señala en relación a la “Bendición de Toronto” lo siguiente:

Lo que estamos viendo es un mover del Espíritu que es completamente anónimo y sin rostro. No importa quien predique. Muchos conferencistas han dirigido nuestras reuniones, y el resultado es siempre el mismo. Después de la adoración, de los testimonios, y de la predicación de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo viene para tocar y transformar vidas con su extraordinario poder. Nada de esto es consecuencia de personalidades prominentes[17].

En ese mismo sentido, Margaret Poloma[18], en sus estudios tempranos sobre el avivamiento, afirmaba su característica de mover libre, anónimo y sin rostro. Igualmente, Percy[19] recalca el bajo perfil de John Arnott en su rol de pastor de este mover, lo que Poloma describe de esta manera:

La Iglesia del Aeropuerto de Toronto, en gran medida debido a su filosofía de ministerio Viña, resultó ser la clase de lugar donde muchos, que se sentían incómodos con Rodney Howard-Browne, Benny Hinn, y otras estrellas carismáticas, podían experimentar la misma clase de unción, después de oír un sermón predicado por un/a ministro/a desconocido/a, y luego recibir oración por un equipo de miembros regulares de la iglesia[20].

wwCanada

Carátula original del disco. En el link he puesto una versión en Youtube de Dulce Viento interpretada por Roberto Torres (Album Como un Manantial 1996) de las iglesias Amistad de México.

Se me hace muy difícil, casi 20 años después de aquella visita, recordar todos los eventos de aquellos días. Por primera vez escuchábamos en vivo música de La Viña, aunque ya conocíamos algunas de las canciones surgidas del avivamiento pues habíamos comprado el CD, Winds of Worship: Live from Toronto Canada. Una de esas canciones, que después de esta visita se haría muy popular en las iglesias venezolanas[21], era titulada “Sweet Wind” (Dulce Viento), la cual describía la respuesta de los creyentes a las sensaciones de frescor producidas por el agua de la lluvia en el rostro, el fuego del Espíritu y el viento recio del avivamiento. Así que este tipo de letras alusivas o metafóricas en relación al mover del Espíritu se combinaban con cantos más íntimos y suaves que buscaban acercar a los presentes a Dios y preparar los corazones para recibir el mensaje y la subsecuente ministración.

Mientras tanto, los asistentes, que venían de países tan distantes como Nueva Zelandia y Corea[22], se iban sumergiendo en una atmósfera de adoración y espontáneamente, comenzaban a desplegar las manifestaciones espirituales típicamente asociadas con la Bendición de Toronto. Para ayudarme un poco, le pregunté recientemente a mi esposa, qué recordaba, y me hizo referencia a un anciano que estaba a nuestro lado, que reía a más no poder desde el comienzo del servicio, la primera noche que estuvimos allí. Parecía una respuesta gozosa y natural, era como una catarsis que producía refrescamiento o alivio del agotamiento espiritual producido por una vida religiosa llena de activismo, seca, azarosa, e incluso moribunda, pues la inmensa mayoría de los asistentes provenían de otras denominaciones y típicamente estaban envueltos en pesadas labores ministeriales y de liderazgo en sus iglesias locales. Lo que quiere decir que quienes íbamos a Toronto en aquellos días buscábamos una reinvención, una unción fresca, una renovación personal, un nuevo propósito. Es por esto que una práctica usual en la liturgia de esos días eran los testimonios, los cuales permitían servir como confesiones y declaraciones de la transformación personal estaba en curso. Sin embargo, éstos muchas veces no concluían, pues quienes hablaban caían bajo el poder del Espíritu. Igualmente, había normalmente bastante ruido en el auditorio, producto de los movimientos de las personas que temblaban, gemían o reían, durante el culto. Sin embargo, los líderes de la TAV no parecían perturbarse con ello y no forzaban ni limitaban las respuestas de las personas, por lo que el ambiente era bastante libre y amigable.

MINTOR

La famosa línea de ministración de la TAV. Muy ordenada para la idiosincracia latina.

La parte final de los servicios a los que asistimos era siempre la misma. Quienes así lo deseaban podían hacer una fila en la parte trasera del auditorio y esperar que un equipo de ministración (tal vez dos o tres personas) pasara para orar por unos minutos por cada uno. En el lenguaje del avivamiento de esos días, se acuñó el término “tiempo en el suelo” (carpet time) para reflejar el hecho de que la mayoría de las personas eran sobrecogidos por el Espíritu y como respuesta desfallecían cayendo al piso[23]. Nora y yo hicimos nuestra fila, y ambos pasamos un buen tiempo en el suelo. Pasadas las diez de la noche, ya era tiempo de tomar el transporte de vuelta al hotel y meditar sobre las experiencias vividas y cómo podíamos transmitirlas en nuestro contexto venezolano.


 

[1] Hoy en día, los venezolanos nos hemos acostumbrado a estos controles de cambio. El actual está vigente desde el 2003. De vez en cuando las tarjetas dejan de funcionar durante los viajes.

[2] Esa es la razón por la que el Sunday Telegraph de Londres, en su edición del 19 de junio de 1994, hizo referencia al vuelo de “British Airways 092 que despegó del aeropuerto de Toronto justo cuando el Espíritu Santo aterrizaba en un pequeño edificio a escasos metros del final de la pista”.

[3] Johnatan Edwards fue un prolífico escritor, de quien poco se esperaría en términos de dirigir el avivamiento que comenzó cerca de 1734 en su congregación en Northampton, Massachussetts. A las continuas críticas al avivamiento, incluyendo las suyas propias, Edwards realizó varias respuestas escritas contenidas en Distinguishing Marks of a work of the Holy Spirit (1741), Thoughts on the revival in New England (1742), Treatise on the religious affections (1744), A humble attempt to promote explicit agreement in united prayer for the advancement of Christ’s kingdom (1747), donde comentaba ampliamente sobre las manifestaciones externas, la actitud de los líderes del avivamiento y sobre la necesidad de la oración unida para la continuidad del despertar espiritual.

[4] Bill Jackson en el libro Quest for the radical middle describe dos incidentes en los cuales la onomatopeya del rugido de un león fue asociada con una manifestación del Espíritu Santo. Jackson se refería específicamente a aun artículo publicado en la revista de la TAV, titulado “What about animal noises?” (¿Qué al respecto a la recreación de sonidos animales?).

[5] Caleb Maskell de la Sociedad de Académicos de La Viña (Society of Vineyard Scholars) critica el uso de las obras de Johnathan Edwards por parte de los líderes de la TAV para realizar justificaciones teológicas, debido a las grandes diferencias en los contextos sociales que se distancian 250 años entre si. En particular se refiere al libro de Guy Chevreau, Catch the Fire, donde se trata de equiparar las observaciones de Edwards con lo que estaba ocurriendo en Toronto. Maskell sugiere que esa formar de sustentar el avivamiento de Toronto, usando como referencia los análisis de Edwards, tiene más que ver con el deseo de hacerlo más creíble y digerible por parte de la comunidad evangélica de habla inglesa. Maskell, Caleb (2012) “A well-travelled path: History and legitimacy in the trasatlantic Toronto revivals”, Society of Vineyard Scholars Conference, http://vimeo.com/20272251.

[6] Lovelace, R. (1995). “The surprising works of God”, Christianity Today, 1 de Septiembre.

[7] John Arnott estudió en el Ontario Bible College pero se retiró en el último año.

[8] Arnott, J. (1999). The Toronto Blessing: What is it? Revival magazine, December 31st., http://revivalmag.com/article/toronto-blessing-what-it, última visita 29 de enero de 2015.

[9] Randy Clark es en la actualidad un reconocido predicador itinerante sobre avivamiento y renovación de la iglesia. Tiene un Doctorado en Ministerio del Seminario Teológico Unido, una Maestría en Divinidad del Seminario Teológico Bautista del Sur , y una licenciatura en Estudios de la Religión de la Oakland City University. John Wimber reconoció la gracia de Dios en la vida de Randy Clark al profetizar sobre él que llegaría a muchos lugares del mundo, para impartir los dones del Espíritu Santo sobre innumerables pastores y líderes.

[10] Oración de remojo o “soaking prayer”, es un modelo de oración intenso en el cual varias personas rodean a quien recibe oración y se insiste en una necesidad particular hasta que se produce alguna reacción o cambio. Está bastante bien descrito por Francis McNutt, en su libro Healing

[11] Hilborn, D. (2001). A chronicle of the Toronto Blessing and other related events. En Toronto in perspective, Hilborn D. (editor). Carlisle: Paternoster Press. Tomado del archivo de la Evangelical Alliance. Pág. 129-330. Última visita 12 de enero de 2015. http://bit.ly/1ssaCZR

[12] Conocido como el “cantinero de Dios” por la borrachera espiritual con la que salían algunos de los asistentes a sus campañas.

[13] Riss, R. (1996) A history of the awakening 1992-1995. También está publicado como “Worldwide awakening” en Renewal Journal, Vol. 2:8, https://renewaljournal.wordpress.com/2011/07/19/worldwide-awakening-byrichard-riss/

[14] Es un término que se utiliza en las ciencias sociales para designar una metodología investigativa en la que el observador se involucra en las actividades y rituales del grupo en estudio.

[15] John Arnott fue invitado por Che Ahn para predicar ante 2000 personas en el Auditorio Mott de Pasadena el 2 de enero de 1995. Este evento representa el debut de la iglesia Harvest Rock como una de las primeras extensiones estadounidenses de la Bendición de Toronto. Más adelante vendría la de Pensacola en Florida.

[16] Poloma, M. (1999). The Spirit and the Bride: The Toronto Blessing and church structure. Evangelical Studies Bulletin. Vol. 13:4, Pág. 1-5.

[17] Catch the fire, Marshall Pickering (HarperCollins Pub.), England, 1994.

[18] Poloma, M. (2000). Gamaliel’s Admonition and the Toronto Blessing: A Theo-Sociological Report. Última visita 15 de enero de 2015. http://hirr.hartsem.edu/research/pentecostalism_polomaart7.html

[19] Percy, M. (2010). The Toronto blessing. Pág. 30-31

[20] Poloma, M. (1999). Op. Cit.

[21] El autor de esta canción es David Ruis (1994), actualmente director de la Asociación de Iglesias Viña de Canadá. La traducción al castellano de Nora Méndez de Mora (1995). El canto fue adoptado casi como un himno por la denominación Santidad Pentecostal de Venezuela, después que una banda de La Viña de Los Teques la tocó en su conferencia anual.

[22] Aquella noche y los días subsiguientes, Nora y yo éramos los únicos latinoamericanos en el auditórium.

[23] Francis McNutt un ex-sacerdote católico usa el término “descansar en el Espíritu” (rest in the Spirit), otros usan “caer en el Espíritu” (slay in the Spirit). McNutt recomendaba la oración de remojo para las personas que estaban descansando en el Espíritu. Por ello a partir de 2003 se comenzó a desarrollar la escuela de oración de remojo en la iglesia de Toronto, ahora conocida como Catch the Fire (Atrapa el Fuego).

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