Entre el corazón y la razón

A finales de 1998 se llevó a cabo la primera conferencia de La Viña de América Latina en San José Costa Rica. Nuestros anfitriones fueron los hermanos ticos que, en aquel tiempo se congregaban en dos iglesias pioneras en el movimiento a nivel latinoamericano, La Viña del Este y la Viña Escazú. El grupo venezolano, que era bastante numeroso, quizás de unas veinte personas, llegó temprano a Costa Rica y eso nos permitió asistir el domingo, antes del inicio de la conferencia, a alguna de las iglesias locales. Ese día nos fuimos a la Viña del Este, que usaba un local alquilado cerca de la Universidad de Costa Rica, pues la iglesia de Escazú en aquel tiempo se reunía los sábados por la noche. Esa fue la primera vez que asistí a un culto en una Viña latinoamericana, con excepción de Venezuela.

Es innegable que siempre he admirado la capacidad organizativa que tiene la iglesia La Viña del Este, pastoreada por Carlos Chacón y su equipo. Desde aquella primera oportunidad, he podido ver su trabajo a lo largo de los años y participar en otros proyectos y conferencias junto con ellos, y siempre ha sido un gusto compartir y colaborar con un equipo bien engranado y profesional. Desde aquella primera visita pude observar que estaban tratando de hacer las cosas lo mejor posible y para ello, como muchas iglesias en la década de los ochenta y noventa, también recurrían a las metodologías que se habían desarrollado para el crecimiento de la iglesia, o iglecrecimiento como se le denominó en América Latina.

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El famoso diamante propuesto por Rick Warren en su libro La Iglesia con Propósito. El mismo usaba las tres bases de un cuadro de béisbol para representar cuatro cursos de asimilación, culminando en el “home plate” con el envío a la misión.

Sentado entre la audiencia de aquella mañana, observaba un inmenso poster que colgaba en una de las paredes laterales del local, con un diagrama que servía para ilustrar el proceso de desarrollo cristiano, desde el nuevo nacimiento hasta el ministerio dentro de la iglesia. Me parecía bastante familiar pues era el sugerido por Rick Warren en su libro The purpose driven church: Growth without compromising your message and mission[1]. Aunque me preguntaba acerca del sentido cultural de aquel diagrama, ya que el mismo se basaba en un diamante de béisbol, pues los ticos, así como la inmensa mayoría de los latinoamericanos, son más conocidos por su afición al fútbol, también comprobaba cuán rápido se propagaban ideas y estructuras organizacionales entre los evangélicos latinoamericanos. Me di cuenta entonces que no solo compartía con los líderes de esta congregación centroamericana la hermandad dentro de La Viña, sino que además poseíamos un peregrinar muy similar, en cuanto a las metodologías para el desarrollo de la iglesia, habiendo sido influidos por escuelas de pensamiento y praxis muy similares.

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Warren se hizo famoso a nivel mundial con el libro “La Vida con Propósito”. Recientemente estuvo en el Vaticano para encontrarse con el Papa Francisco.

En realidad ese poster, en una iglesia del naciente movimiento iberoamericano de La Viña, solo era una demostración palpable de la tendencias que se vivían, y aún se viven, en el mundo evangélico en cuanto a sus principales influencias organizacionales, misionales y teológicas. Para el año 2005, un estudio del Grupo Barna, una empresa de opinión cristiana, encontró que los dos libros más influyentes entre pastores norteamericanos eran los volúmenes escritos por Rick Warren, Vida con Propósito[2] e Iglesia con Propósito. El primero con 21% y el segundo con 15 % de preferencia entre los pastores encuestados[3]. Pero no hay que olvidar que Iglesia con Propósito, que se convirtió rápidamente en un bestseller entre los pastores en 1995, apareció al menos siete años antes que el libro Vida con Propósito, considerado uno de los libros más populares del mundo. Iglesia con Propósito se trataba de un caso de estudio muy detallado y gráfico de todos los principios de iglecrecimiento, aplicados al exitoso crecimiento numérico de la Iglesia Saddleback, pastoreada por Rick Warren. De repente, ese pasaba a ser el modelo por excelencia de cómo debía conducirse la plantación, el desarrollo y la organización de una iglesia, y los pastores alrededor del mundo, incluyendo los de La Viña, estábamos ansiosos por conocer y poner en práctica tales metodologías.

Aunque poco se menciona al iglecrecimiento como esencial en la comprensión del movimiento de iglesias Viña, considero que es un elemento fundamental y el mismo completa los otros aspectos que hasta ahora hemos compartido en este blog, como lo son la música contemporánea surgida desde el Jesus Movement, las manifestaciones espirituales, el evangelismo de poder y un tópico teológico que no hemos tocado aún como lo es el del Reino de Dios. La influencia de las teorías y prácticas del iglecrecimiento dentro de La Viña nos lleva necesariamente a la persona de John Wimber, y a su formación teológica y eclesiológica. La cosmovisión de Wimber se había forjado bajo los preceptos del modernismo filosófico y dentro del capitalismo norteamericano de la postguerra. Por lo tanto, el modelo eclesiológico que iba a producirse como resultado de su ministerio iba a tener un profundo sentido pragmático. Don Williams lo expresa de manera gráfica así:

Wimber era en muchos aspectos un producto de la modernidad. Era un hombre de negocios y emprendedor. Había servido en el equipo de directivo de una iglesia evangélica en pleno crecimiento. Había sido consultor de cientos de otras iglesias a lo largo y ancho de los Estados Unidos, convirtiéndose en un experto en la sociología y práctica del iglecrecimiento. Con solo observar una iglesia en relación a su ubicación, visibilidad, y planta física era capaz de evaluar su futuro, sin entrar a considerar su vida espiritual. Hacía que los plantadores y pastores de su movimiento produjeran el “plan quinquenal” de sus congregaciones. Incluso, para enseñar sobre sanidad, desarrolló un método sistemático de cinco pasos para orar por los enfermos[4].

El paradigma de lo que se ha denominado el “crecimiento de la iglesia”, o iglecrecimiento, se puso en boga a finales de la década de los cincuenta y ha continuado avanzando a lo largo de los años, dentro de varias olas diferentes, hasta la fecha. Por lo tanto es producto del modernismo y posee dentro de sus postulados filosóficos muchas de las ideas que caracterizan a la modernidad, en particular la racionalidad científica, la teoría de sistemas y la estructuración organizacional para la búsqueda de la optimización.

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Donald McGravan usó extensamente el método científico en sus investigaciones sobre crecimiento de la iglesia. Partiendo de la formulación de una pregunta de investigación, formulando hipótesis, recopilando datos, probando o negando las hipótesis para de allí establecer un principio. Un ejemplo de ello es el conocido postulado acerca de las Unidades Homogéneas: “a las personas les gusta hacerse cristianos sin tener que cruzar barreras raciales, lingüísticas, sociales o educacionales”.

Wimber se formó en ese campo bajo la tutela de Donald McGravan (✚1990), considerado el pionero del iglecrecimiento, y de C. Peter Wagner, ambos profesores del Seminario Teológico Fuller en Pasadena (California). Durante un lapso de varios años (1974-1977) trabajó intensamente junto con Wagner, quien era el director del Instituto de Evangelismo e Iglecrecimiento Charles Fuller, asesorando iglesias de todas las tradiciones eclesiásticas, a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Esto le dio el entrenamiento sociológico y organizacional para determinar cómo las estructuras eclesiásticas podían llegar a ser relevantes en la cultura contemporánea, así como también la sensibilidad, compasión y apreciación por todas las expresiones de la iglesia que conforman el cuerpo de Cristo. Se dice que Wimber, hablando de McGravan, refería cómo éste “le había inspirado un gran pragmatismo” y cómo después de haberle conocido y estudiado sus teorías, “nunca más estaría satisfecho con la vida de la iglesia como la había conocido hasta ese entonces”.[5]

Todo este bagaje de teorías, datos, experiencias y prácticas se va a ver reflejado en el naciente movimiento de iglesias de La Viña y en su liderazgo. En ese sentido, Ian Pritchard describe a un Wimber que estaba muy bien “familiarizado con diferentes procesos gerenciales, tales como: la exploración de nuevos conceptos, el establecimiento de metas, la formalización de planes y el desarrollo de personal”[6], entrenamiento que usó en el desarrollo de la Asociación de Iglesias Viña de Estados Unidos (AVCUSA), Vineyard Ministries International y Vineyard Music.

La American Society for Church Growth[7] define al iglecrecimiento como la disciplina que investiga la naturaleza, expansión, plantación, multiplicación, función y salud de las iglesias cristianas, en lo que respecta a la implementación efectiva de la Gran Comisión de Cristo, de “ir y hacer discípulos”. Quizás sea redundante decir que el Dr. Donald McGravan es reconocido como el pionero y fundador de esta rama de la eclesiología, ya que publicó varios libros seminales entre 1955 y 1980, y dedicó los últimos años de su vida al desarrollo de este campo. Después de servir por más de treinta años como misionero en la India, formuló sus primeras ideas acerca de lo que denominó “crecimiento de la iglesia”, para diferenciarlo del término evangelismo que, por aquellos días, tenía connotaciones diferentes a las que conocemos actualmente. En 1965 se convirtió en el primer decano de la escuela de Misión Mundial del Seminario Teológico Fuller (luego Decano Emérito), donde se formularon las primeras ideas acerca del movimiento o paradigma de iglecrecimiento. Las propias palabras de McGravan confirman lo dicho por Wimber acerca de él, y quizás nos dan una idea de dónde Wimber acuñó una de sus frases favoritas: agarra lo mejor y sigue adelante (take the best and go):

Diseñamos métodos y prácticas misioneras en función de lo que Dios ha favorecido, tomando en cuenta también aquello que obviamente no ha bendecido. La industria denomina a este procedimiento, “modificación por retroalimentación”. No hay nada que afecte más a las misiones foráneas que la repetición de métodos, instituciones, y prácticas cuyo objetivo debería ser alcanzar a las personas con el mensaje de Cristo, pero que no lo hacen; que deberían multiplicar las iglesias, pero que no lo logran. Enseñamos a ser implacables con las metodologías. Si no funcionan para la gloria de Dios y la extensión de la iglesia de Cristo, se deben lanzar a la basura y buscar algo que si lo glorifique. En lo que respecta a los métodos somos ferozmente pragmáticos, la doctrina es otra cosa.[8]

Tal mentalidad permea los fundamentos del iglecrecimiento, sin importar la modalidad o escuela que se adopte. Así que su idea central es que Dios busca alcanzar a las personas y llevarlas a la salvación en Cristo, lo cual irremediablemente conduce al crecimiento sostenido de la iglesia. De acuerdo con esto, según el iglecrecimiento, el principal objetivo de la tarea misionera es el crecimiento numérico de las congregaciones cristianas como indicativo del cumplimiento del propósito divino, pero también de la salud de las comunidades cristianas[9]. Cabe aquí recordar las palabras de C.S. Lewis sobre su concepción acerca del rol de la iglesia:

La iglesia existe para acercar al hombre y la mujer a Cristo, para que se conviertan en pequeños cristos. Si la iglesia no está cumpliendo con ese propósito, sus catedrales, sus ministros, misioneros, sermones, y hasta la Biblia, no son más que una pérdida de tiempo”.[10]

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Warren usó métodos de las ciencias de mercadeo para alcanzar a los creyentes de su localidad. Observe las características de esta “persona” ficticia. Obviamente, aplicar esta metodología implicaba encontrar las descripciones de las “personas” de acuerdo al contexto. Pero muchos simplemente copiaron la fórmula.

De esta manera, las ciencias sociales, a través del análisis sociológico, cultural, y antropológico, y las ciencias gerenciales, como la teoría y práctica del liderazgo, la planificación, la comunicación, y el análisis y desarrollo organizacional, se constituyen en herramientas para crear e implementar innumerables estrategias innovadoras. La intención de estos análisis es el desarrollo de estrategias que ayuden a conducir a los que van siendo alcanzados hacia la conversión, propiciar su inserción como miembros dentro de las comunidades cristianas locales, colaborar en su madurez como discípulos, y por lo tanto promover la formación de iglesias que crezcan numéricamente dentro de sus ámbitos sociales inmediatos. De allí que se considera importante la identificación de metodologías evangelísticas apropiadas, su aplicación dentro de contextos culturales definidos, así como la medición objetiva y cualitativa de los resultados, con el fin de definir las “mejores prácticas” para el logro de las metas de crecimiento planteadas. Por ejemplo, en un informe de evaluación del estado de las plantaciones de iglesias del naciente movimiento de iglesias Viña titulado Association of Vineyard Churches Church Pathology Report escrito por Todd Hunter en 1986, se recomendaba una larga lista de libros para guiar a los plantadores de iglesias Viña en el proceso de crecimiento [11]. Recuerdo haber visto la mayoría de esos libros en mis andanzas por las librerías cristianas de Caracas, y luego en cada ciudad latinoamericana que visité. Compré y devoré varios de ellos, y gracias a mi formación científica, me convertí en un conocedor y practicante del iglecrecimiento. El concepto evolucionó a lo largo de los años y nuevas técnicas se desarrollaron, pero los principios iniciales quedaron sembrados, especialmente dentro del movimiento La Viña.

Así como Peter Drucker[12], el padre de la gerencia moderna, comenzaba cualquier análisis organizacional sugiriendo que se respondiesen cinco preguntas básicas: ¿Cuál es nuestra misión? ¿Quiénes son nuestros clientes? ¿Qué es lo que los clientes valoran? ¿Cuáles son nuestros resultados? ¿Cuál es nuestro plan?, de la misma forma, Donald McGravan formuló una serie de preguntas básicas que impulsan el paradigma del iglecrecimiento. Estas preguntas, que han sido usadas por expertos como John Wimber a lo largo de los años, son las siguientes[13]:

UCG

Uno de los libros de McGravan. Previamente había publicado el texto “Puentes de Dios” donde esbozó sus teorías de iglecrecimiento.

  • ¿Por qué algunas iglesias crecen? ¿Cuáles son las causas de ese crecimiento?
  • ¿Cuáles son las barreras, obstáculos y enfermedades que anulan o enlentecen el crecimiento?
  • ¿Qué principios reproducibles se pueden deducir de aquellas iglesias en crecimiento?
  • ¿Qué prácticas, habilidades o conocimientos poseen los líderes de las iglesias que crecen?
  • ¿Qué cosas hacen las iglesias que crecen que no están presentes en las que están estancadas, o bien, qué cosas hacen de una manera diferente?

Todas estas preguntas están tremendamente afectadas por el contexto del campo misionero donde se encuentra la iglesia. Así que ellas deben estar sujetas a la pregunta fundamental de cómo una iglesia puede ser efectiva misionalmente en la localidad donde ella se encuentra. De forma tal que, la formulación de las preguntas anteriores y la búsqueda de respuestas adecuadas es un proceso que puede dar lugar a expresiones, características y prácticas diferentes para cada congregación. Lamentablemente, un problema que ha afectado el paradigma del iglecrecimiento en la iglesia contemporánea es la tendencia hacia el anti-intelectualismo de pastores y líderes y por ende, la falta de pensamiento crítico. El resultado de esta actitud, es la copia o clonación de esas prácticas optimizadas, bajo la suposición errada de que, si se siguen fielmente las fórmulas y los protocolos diseñados en otros lugares, prescritos en los libros, o adquiridos en costosas conferencias, ellas pueden funcionar en cualquier contexto eclesial y social. En lugar de voltear hacia nuestras comunidades para ver de qué manera está Dios actuando en nuestro medio, y en qué aspectos experimentamos un crecimiento autóctono que puede glorificarle si encontramos los medios espirituales, sociales y gerenciales para su desarrollo.

Así como en el caso de mi propia persona en Venezuela, de Carlos Chacón en Costa Rica, y tantos otros a lo largo y ancho de América Latina, el tema del iglecrecimiento ha formado parte de nuestros ministerios durante más de dos décadas. Por eso, al llegar a La Viña tales inquietudes encontraron sintonía con la filosofía ministerial que Wimber había inculcado al movimiento. Sin embargo, el iglecrecimiento se iba a enmarcar en dos dimensiones muy particulares de La Viña y que tendremos que desarrollar más profundamente en lo sucesivo: las señales, prodigios como antesala al iglecrecimiento, y la plantación intencional de nuevas congregaciones.


 

[1] Warren, R. (1995). The purpose driven church: Growth without compromising your message and misión. Grand Rapids (Michigan): Zondervan Publishing House

[2] Warren, R. (2002). The purpose driven life: What on earth am I here for?. Grand Rapids (Michigan): Zondervan Publishing House

[3] Barna Group (2005). Survey Reveals The Books and Authors That Have Most Influenced Pastors. http://bit.ly/1BaIXfn. Última visita 25/12/2014

[4] Williams, D. (2005). Theological reflection and perspective on the Vineyard Christian fellowship. En Roozen, D. And Nieman, J. (editores). Church, identity and change: Theology and denominational structures in unsettled times. Grand Rapids (Michigan): William Eerdmands Publishing Company. Pág. 166

[5] Citado por Collins, R. (2001). The Vineyard Movement. Artículo de Introduction to Church Planting (Dr. Ed Stetzer). Southern Baptist Theological Seminary. Louisville, Kentucky.

[6] Pritchard, I. (1998). The businessman. En Pytches, D. John Wimber: His influence and legacy. Surrey (K): Eagle. Pág. 164.

[7] Sociedad Norteamericana para el Crecimiento de la Iglesia,

[8] Citado en C. Peter Wagner (1973). Pragmatic Strategy for Tomorrow’s Mission. En A. R. Tippet, (editor), God, Man and Church Growth. Grand Rapids (Michigan): Eerdmans, Pág. 147. Se refiere a un discurso no publicado de 1970 de Donald McGavran titulado “For Such a Time as This”.

[9] Guder, D. (1994). Evangelism and the debate over Church Growth. Interpretation. 48(2)

[10] Lewis, C.S. Cristianismo y nada más.

[11] Wagner C.P. (1980). Su iglesia puede crecer. Barcelona (España): Editorial CLIE; Wagner C.P., Arn W., Towns E. (1986). Church Growth: State of the Art. Wheaton (Illinois): Tyndale House; Wagner C.P. (1984). Leading Your Church to Growth. Ventura (California): Regal; Vaughan J. N. (1984). The World’s Twenty Largest Churches. Grand Rapids (Michigan): Baker Books; McGavran D., Arn W. (1973). How to Grow a Church: Conversations about Church Growth. Glendale (California): G/L Publications; McGavran D., Arn W. (1977). Ten Steps for Church Growth. San Francisco (California): HarperCollins Publishers; Shuller R. (1976). Su iglesia tiene posibilidades. Barcelona (España): Editorial CLIE; Towns E., Vaughan J.N., Seifert D. (1982). The Complete Book of Church Growth. Wheaton (Illinois): Tyndale House; Schaller L. (1979). Effective Church Planting. Nashville (Tennessee): Abingdon.

[12] Drucker, P. (2008). The five most important questions you will ever ask about your organization. San Francisco (California): Jossey-Bass

[13] Hunter III, C. (2009). The apostolic congregation: Church growth reconceived for a new generation. Nashville (Tennessee): Abingdon Press.

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