Notas de Columbus

Se me hace necesario escribir alguna notas sobre la histórica Conferencia Global de La Viña, celebrada del 6 al 9 de julio de 2015 en la ciudad de Columbus, Ohio (USA). Obviamente, como todo lo escrito en este blog, se trata de mi versión personal, mis observaciones y reacciones a lo vivido en un tiempo tan corto pero tan emocionante a la vez.

Desde que la Conferencia fue anunciada hace ya varios años, me propuse en mi corazón y en mi mente la idea de asistir. Ya para el 2014 las fechas se hacían más cercanas y la necesidad de tomar una decisión acerca de mi asistencia junto con mi esposa, era cada vez más fuerte. El asunto es que para nosotros poder asistir teníamos que costearnos todos nuestros gastos de transporte y alojamiento, lo que implica según la óptica venezolana actual una serie de dificultades que van desde conseguir boletos de avión para salir del país, hasta la obtención de divisas en moneda extranjera para los gastos. Aparte de ello, desde enero de 2015 a la fecha de la conferencia en Columbus, la relación entre el bolívar y el dólar se había disparado más del 240%, lo cual hace que el número de viajeros se haya reducido considerablemente, y como consecuencia el número de vuelos y aerolíneas que operan desde Venezuela es cada vez menor. Por otro lado, la vinculación entre las Viñas venezolanas y las de la AVCUSA es prácticamente inexistente, así que tampoco hay un grupo de iglesias asociadas o partnership que colaboren en el desarrollo de las congregaciones criollas. En gran medida estás son las razones por las que no existió una delegación oficial venezolana dentro de los 56 países presentes en Columbus. Nora y yo íbamos por nuestra cuenta, más bien con un perfil bajo, después de varios años sin pastorear una iglesia Viña.

A principios de este año, la universidad donde trabajo a destajo en la República de Grenada me ofreció dictar un curso que caía providencialmente del 28 de junio al 4 de julio, con ello ya teníamos asegurados los costosos boletos de Caracas a Miami. Con algunos ahorros nos arreglamos para cubrir lo que faltaba para poder estar en Columbus. Dios nos había provisto y parecía claro que era su voluntad que estuviéramos en la Conferencia Global. Nuestras expectativas crecían cada día, por un lado porque conocíamos tantas personas dentro del movimiento y queríamos renovar esas amistades, pero al mismo tiempo porque estábamos ansiosos de una renovación espiritual y casi siempre las conferencias, en especial las de nuestro movimiento, ofrecen esa posibilidad. Así que el largo viaje desde Grenada a Columbus de unas doce horas, contando las escalas y los trasbordos, se hizo corto ante tamañas expectativas.

Desde el año 1997 en Anaheim hasta el año 2005 en Columbus, había asistido a casi todas las conferencias de pastores de La Viña, incluyendo la de San Antonio (Texas). Eso quiere decir que habían pasado unos diez años desde nuestra última visita a Columbus. Pero, la primera vez que estuvimos allí había sido veinte años antes, en 1995, cuando tuvimos oportunidad de conocer por primera vez a John Wimber, Rich Nathan, David Ruis y Dan Wilt. Esta experiencia ya la he reseñado anteriormente en este blog en un relato de mis impresiones de aquel primer encuentro con el fundador del movimiento. De la conferencia del 2005 recordaba muy poco, salvo las impresionantes instalaciones de la Columbus Vineyard, quizás porque en aquellos días mi asistencia a estas conferencias estaba llenas de reuniones de trabajo y no tanto de la expectativa de recibir frescura y renovación espiritual. Es por ello que en los años subsiguientes, hasta que dejé de servir como coordinador para América Latina en enero de 2008, decidí no asistir más a estas conferencias, que representaban largos viajes, costos económicos y esfuerzo, y solo limitarme a la reunión anual de misiones que ocurría casi siempre en el mes de octubre y que era un lugar más idóneo para mis labores de coordinación.


 

Nuestro primer reencuentro fue el lunes 6 por la mañana, con Víctor Ibagón de La Viña de Bogotá (Colombia) y Carlos Quintanilla de Houston (Texas). La última vez que había visto a Víctor en persona había sido en el 2009 en Costa Rica, así que éste reencuentro estaba pendiente desde hacía mucho tiempo. Víctor y su esposa Yolanda forman parte del movimiento desde diciembre de 2001. Unos meses antes de que eso ocurriera, tuve oportunidad de conocerlo y conversar largamente con él en Caracas, donde se encontraba realizando un seminario sobre misiones mundiales, algo que apasiona a Víctor y que lo ha llevado a viajar por todo el mundo. Todavía en aquellos momentos los Ibagón no habían decidido completamente si querían pertenecer o no al movimiento, por lo que a él le interesaba conocer mi experiencia de apenas unos cinco años. Nuestra amistad no se dio de inmediato, ni tampoco fue muy fluida al principio, sino a lo largo de los años de interacción y respeto mutuo. Después de almorzar juntos, conversar sobre familia, ministerio y la política de nuestros conflictivos países, Víctor, Nora y yo llegamos al lugar de inscripciones para recibir nuestro distintivos y comenzar aquella jornada en la que pasaríamos durante esa semana largas horas de conversación.

Mantener un bajo perfil no me resulta difícil puesto que mi tendencia es ser más bien tímido, cosa que algunas personas malinterpretan como una especie de arrogancia. Tal vez el deseo de pasar desapercibido no iba a ser tan difícil en una conferencia que pensaba llenarse con unos cuatro mil asistentes, provenientes de sesenta países o más. Sin embargo, habiendo estado tan ligado intensamente e íntimamente al movimiento durante catorce años y en menor medida en los últimos seis, significaba que habría en Columbus muchas personas conocidas, otras con las que había conversado o dialogado, trabajado, viajado, e incluso compartido alojamiento en algún momento de esa historia personal de veinte años de vinculación con la Viña. Sin embargo, aparte de Víctor y Carlos Quintanilla, las primeras personas que encontré no me eran conocidos, lo cual me indicaba someramente que ya estaba frente a un movimiento que había cambiado mucho de fisonomía en los últimos años a nivel mundial, y en especial, desde la última conferencia latinoamericana a la que asistí en Cartagena 2007.

Al concluir el registro una persona de la iglesia anfitriona se nos acercó amablemente para darnos algunas indicaciones, así como informarnos que los asistentes internacionales tenían un salón especial para descansar con alimentos y bebidas. Obviamente, surgió la conversación y nuestra interlocutora, la hermana Irene, resultó ser precisamente la pastora de La Viña Columbus, el ministerio en español que funciona en esas mismas instalaciones. Irene es una venezolana que tiene más de siete años como miembro de Vineyard Columbus y es pastora fundadora de este creciente ministerio hispano desde el 2013. Cuando Nora y yo nos identificamos como venezolanos, Irene soltó una inocente pregunta que quizás iba a resonar mucho en mi espíritu aquellos días de conferencia y que quizás serviría como para que mi ego no se exaltara mucho durante los días que seguirían. “¿Existen Viñas en Venezuela?” inquirió la hermana. Para quienes habíamos estado envueltos en el inicio del movimiento en Venezuela desde 1996 y en América Latina desde 1998, la pregunta sonaba hasta extraña o desatinada, o más bien, quizás era el Espíritu Santo que nos hablaba para que no viviéramos solo de los recuerdos y los logros pasados, sino que miráramos hacia delante y pensáramos más en lo que todavía faltaba por hacer en cuanto a la extensión del reino en nuestro país. Nada más imagínense, ¡Con qué clase de reflexiones se iniciaba para nosotros aquella semana!


 

La reunión de apertura fue bastante emocionante. Hacía mucho tiempo que no participaba en un evento de esa magnitud y donde la adoración colectiva fuese tan grande y bien llevada, en este caso por un veterano como Cassey Corum. Cantamos algunas canciones viejas y en algún momento fui trasladado a la primera conferencia a la que asistimos un grupo de nuestra iglesia de Los Teques en Venezuela, por allá en 1997. Se trataba de la canción de Martin Smith del grupo británico Delirious, Did you feel the mountains tremble? (“¿Sentiste como tiemblan los montes?”). No pude evitar sacar mi teléfono y enviar por Whatsapp un pequeño clip a mis hijos quienes inmediatamente la identificaron. Una de las estrofas que sirve de puente contiene una porción de lo que significó para nosotros iniciarnos en el movimiento de La Viña en aquellos años:

Abran las puertas y dejen sonar la música/Que las calles resuenen con cantos/Cantos de esperanza/Cantos de gozo/Con danzarines que dancen en victoria sobre las injusticias

En otras palabras, salir de las cuatro paredes de la iglesia y de las restricciones religiosas y proclamar el reino de Dios que no es otra cosa sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17).

1a noche

La adoración de la primera noche dirigida por Cassey Corum, cantada en tres idiomas. Cada día hubo adoradores de diferentes partes del mundo incluyendo Chile, India, Nepal, Alemania, etc.

Después de ese tiempo tan extraordinario de adoración y alabanza, el mensaje de la noche estuvo a cargo de Eleanor y John Mumford, de las Viñas del Reino Unido. John Mumford hizo una pasantía por la Anaheim Vineyard antes de regresar a Inglaterra a plantar la primera iglesia Viña en ese país en la década de los ochenta. Antes de eso, John Wimber solo viajaba al Reino Unido para realizar eventos en pro de la renovación de la iglesia, pero no tenía la visión de extender el movimiento hacia ese país. Así que resultaba trascendental que esta pareja fueran los conferencistas que aperturaban aquella semana, pues representaban la primera extensión global del movimiento, seguido de otros países europeos, Sudáfrica, Australia y luego las demás naciones que estábamos allí presentes. John hizo alusión a este hecho, aunque realmente la historia la contó su esposa que fue quien terminó predicando esa noche.

Sin embargo, John, antes de retirarse, habló del crecimiento global del movimiento pues él ha estado durante los últimos años comprometido con el desarrollo de la Viña a nivel internacional. Dentro de su presentación mostró un mapa con los países donde en la actualidad existen iglesias Viña teñidos de azul. Nuevamente, como que el Espíritu Santo quería trabajar conmigo pues Venezuela no aparecía allí señalada, así como tampoco otros dos países latinoamericanos donde se que hay iglesias del movimiento desde hace un buen tiempo. La pregunta de la tarde, ¿Existen Viñas en Venezuela?, volvía a rondar mi cabeza llevándome a cuestionar si todos esos años de trabajos y desvelos entre 1996 y 2008 habían valido la pena.


 

Afortunadamente, mi auto-cuestionamiento se iría disipando progresivamente a medida que avanzaban los días. Uno de nuestros encuentros allá en Columbus fue con una joven pareja, Daniel y Nicole Hernández, quienes se encuentra laborando en el pastorado en el equipo de la Vineyard Pomona en California. Cuando comenzamos a plantar La Viña de los Altos Mirandinos en el 2001, nos acompañó como líder de adoración un jovencito de 20 años llamado Andrea (Gabriel) Shintu, quien luego invitó a Daniel, que en ese entonces era bajista en el grupo de adoración de La Viña de Los Teques, para que lo ayudara en esta aventura. Ambos aprendieron mucho junto con nosotros, y aprovecharon nuestra apertura para crear e innovar. Sin embargo, en el 2003, Gabriel se tuvo que marchar a Italia y Daniel asumió el liderazgo de la adoración en aquella naciente comunidad. Después de terminar sus estudios universitarios, casarse, trabajar en la industria petrolera, tener dos niños, emigrar a los Estados Unidos, integrarse al ministerio en la iglesia, esta era la primera vez que nos veíamos en un poco más de dos años. Daniel es como parte de la familia pues vivía a dos casas de la nuestra y se formó junto con nuestros hijos. Pero fue durante el tiempo de la plantación en San Antonio de Los Altos que pudimos compartir mucho más.

con D y N

Fernando y Nora Mora con Nicole y Daniel Hernández. Daniel es Ingeniero de Materiales de la Universidad Simón Bolívar y fue líder de adoración en La Viña de los Altos Mirandinos desde el 2002. Actualmente ejercen pastoralmente en la Pomona Vineyard.

Gracias a algunos desafíos que hicimos a los músicos, fue en ese tiempo donde la creatividad compositora de Daniel comenzó a despertarse. Así que la iglesia local y las demás Viñas fueron bendecidas con frescas composiciones que hablaban de nuestras vivencias, anhelos y nuestra relación con Dios, de la forma como el Espíritu Santo lo iba mostrando a estos jóvenes poetas que abrían sus oídos para escucharle[1]. Poco a poco fueron naciendo cantos nuevos; incluso, las mismas canciones traducidas se arreglaban musicalmente para adaptarlas al sonido más juvenil latino, pero fue Daniel quien se aventuró a componer música de adoración con ritmos caribeños e instrumentos locales.

Por ello tuvo un valor sentimental muy grande que Javier Menéndez de la Viña de Chile hubiese elegido la canción “Quiero” de Daniel Hernández para abrir la alabanza del día martes 7 de julio por la mañana y que la congregación en pleno cantara en español[2]. Allí entre la multitud estábamos de incógnitos, Daniel, Nicole, Nora y yo, los únicos que conocíamos en detalle la historia de esa canción y lo que significó para nuestra iglesia Viña en sus inicios. Parecía que la pregunta del día anterior, ¿Existen Viñas en Venezuela?, comenzaba a tener respuesta, aunque nadie supiera que esa canción se había originado en un período de intenso desarrollo de la Viña en nuestro país.


 

En esta conferencia pasaron tres de cosas muy especiales. Por un lado, el efecto de las redes sociales, especialmente el Facebook. Por fin podía conocer a algunos amigos de la red social que nunca había visto en persona. Tanto latinoamericanos como norteamericanos. Fueron varios a los que pude estrechar sus manos e intercambiar algunas palabras cara a cara.

Por otro lado, pude sentir de nuevo el cariño de amigos que no veía desde hacía mucho tiempo, recordar historias comunes, saber de sus familias, de los cambios en sus vidas, de las bendiciones de Dios para sus iglesias y de sus esfuerzos para la transformación de sus ciudades y naciones. A algunos de ellos los vi varias veces durante la conferencia. Incluso pudimos agendar tiempos para almorzar o cenar. A otros los vi el primer día solamente, y hubo todavía algunos más que solo los pude ver en el lobby de la iglesia al final de la última noche.

con los veloso

Con Ruth e Isaac Veloso, pastores de La Viña Providencia en Santiago de Chile. Mantenemos una gran amistad desde la Conferencia Iberoaméricana de Costa Rica en el año 2000.

Encontrarme de nuevo con Víctor Ibagón (Colombia), Isaac y Ruth Veloso (Chile), Elba y Steve Dolan (Brasil), Eugenio y Ana Patricia Maltez (Nicaragua), Bud y Suzanne Simon (Brasil), Walter y Miriam Vilaboa (Argentina), Bennie y Patty González (Ecuador), Milton y Erika Lucas (Brasil), Clenildo y Angelita Campos (Brasil), personas con las que tuve oportunidad de compartir un buen tiempo de mi vida, fue algo bastante gratificante[3]. Escuchar de ellos oraciones y palabras de ánimo para seguir adelante en la extensión del reino forma parte de las bendiciones que produjo en mi esta Conferencia Global.

Igualmente fue reconfortante reencontrarme con Mark y Karen Fields[4]. Que ellos sacaran tiempo de su pesada agenda para conversar con Nora y conmigo, recordando viejos tiempos y también hablar del futuro, fue algo muy importante para nosotros. Bert Waggoner también tuvo la deferencia de sentarse con nosotros a conversar por largo rato y hablarnos de lo que está haciendo después de su retiro como Director Nacional de la AVCUSA[5]. Felipe Strout, como es su costumbre, nos dio un recibimiento caluroso. Quien ahora es el Director Nacional de la AVCUSA, lo conocimos por primera vez en el autobús que nos trasladaba del aeropuerto de San José a nuestro hotel, cuando llegábamos para la primera Conferencia Iberoamericana de La Viña en 1998.

Lamentablemente, no hubo mucho tiempo para conversar con detenimiento con tantos otros que estuvieron allá y con los que he tenido oportunidad de trabajar a lo largo de los años que he pertenecido al movimiento, especialmente en el período 2003-2007 cuando serví como coordinador regional.

con Costa Michel

Con Victor Ibagón (Colombia) y Costa Mitchell Director Nacional de La Viña en Sudáfrica. A Costa lo conocí durante la reunión internacional de La Viña en Roma en el 2003.


La tercera cosa especial fue ver los destellos de avance en el ministerio, el crecimiento personal, y la madurez de personas que conocí en esos años de intenso trabajo como coordinador regional para La Viña en Latinoamérica. Hablo de una gama muy amplia de líderes y lideresas a lo largo y ancho del continente desde México hasta Argentina. Sin embargo, me gustaría referirme a un caso particular que tiene que ver con Brasil, uno de los países a los que dediqué mayor esfuerzo en esas labores de coordinación.

La verdad no se exactamente por qué me involucré en la obra en Brasil pues, aparentemente, lo que se había pensado originalmente era que me abocara solo a los países de habla hispana. Sin embargo, desde la primera conferencia iberoamericana en Costa Rica en 1998, se decidió que Brasil no debería mantenerse aislado del conjunto de países latinoamericanos de La Viña. Por ello siempre se trató de que participaran en las conferencias iberoamericanas, aunque sus delegaciones fuesen pequeñas. Yo mismo ya había estado dos veces en Brasil con anterioridad, así que me pareció natural que mis labores de coordinación se extendieran a esta nación suramericana.

En el año 2001, aún reponiéndome de una compleja cirugía de la columna vertebral a nivel cervical, me tocó dictar un taller sobre grupos pequeños en la conferencia Intervinhas de Curitiba. En esa oportunidad me correspondió compartir la habitación con Clenildo Campos y Bud Simon que provenían de la Misión Xingú en la región amazónica brasileña. Ambos estuvieron en Columbus con sus respectivas familias. Posteriormente, en el 2004 asistí a la Intervinhas de Brasilia durante la cual se oficializó la incorporación de esa misión al movimiento Viña brasileño, un paso que considero fue bastante trascendental y cuyas dimensiones solo comienzan a avizorarse en esta Conferencia Global de Columbus 2015.

Increíblemente, el grueso de la delegación brasileña en Columbus provenía de la zona amazónica. Pero lo más sobresaliente de todo era el hecho de que una de sus principales lideresas, Elba Dolan, estuviese participando como conferencista, no una, sino dos veces aquella semana. La primera dentro del panel de un foro sobre el futuro del liderazgo en la Viña, junto con Mark Fields (USA), Derek Morphew (Sudáfrica) y Julia Barber (UK), moderado por Dan Wilt, otro viejo conocido nuestro. La segunda como ponente principal en la sesión del jueves 9 de julio por la tarde. Actualmente Elba y Milton Lucas dirigen el Instituto Viña en Brasil[6]. Elba además, es pastora de la Vinha do Mirante en Altamira, estado de Pará, en las riberas del Xingú, un afluente del Amazonas.

elbita

Al menos tres importantísimos aspectos se juntan en esta lideresa del movimiento a nivel continental: su juventud, su extracción humilde y el hecho de ser mujer. Extender el reino de Dios desde la combinación de esas tres ópticas le dan a la Viña como movimiento una riqueza novedosa y seguramente la posibilidad de innovar en sus prioridades y prácticas. Algunos detalles de la exposición de Elba, en su conferencia de la tarde del jueves, revelan su inclinación hacia las estructuras flexibles y la sencillez en la plantación de iglesias, aspectos éstos aprendidos en la práctica en los poblados y aldeas a las orillas de los ríos amazónicos y en las contradicciones de una pequeña ciudad portuaria como lo es Altamira. Dichas cualidades van a marcar las características de la Viña en un país tan grande como lo es Brasil y seguramente influenciarán a otras naciones donde el movimiento está empezando su desarrollo, y donde la idea de contextualizar y de confiar en el liderazgo nacional son aún muy difusas y hasta complejas para los partnerships norteamericanos.


 

Hubo un tema que resonó en nuestras conversaciones en los pasillos, en las sobremesas y aún hasta en las despedidas. Tal vez tenga que ver con el hecho de que Nora y yo nos identifícanos unos años atrás con la idea de simplificar radicalmente la manera en la que las iglesias son plantadas y por ende con la forma en la que se lleva adelante el entrenamiento de quienes realizan esa labor. Lamentablemente, esas ideas no resonaron en su momento y pocas personas en el movimiento estaban atentos a ellas, muchas veces subestimándolas o pasándolas por alto. Pero me alegró la cantidad de líderes que han retomado estos planteamientos y están trabajando con ellos aprovechando la experiencia de otros movimientos que han conseguido reproducirse más rápidamente en un corto tiempo[7].

Nuestra primera conversación sobre el tema fue con Víctor Ibagón (Colombia) pues junto con su esposa Yolanda han comenzado a aplicar los conceptos del discipulado misional dentro de su congregación en Bogotá. Mi último contacto antes de retirarnos la última noche en Columbus fue con Milton Lucas quien me habló de su experiencia usando mi libro Manual para Iglesias que Crecen [8] que básicamente es un texto para el entrenamiento de líderes de grupos pequeños, lo que es un pre-requisito para esa simplificación a la que me estoy refiriendo y una oportunidad de oro para que “todos comiencen a jugar”. Sorprendentemente, el libro sigue siendo usado en muchas iglesias Viña en América Latina. Entre estos dos encuentros hubo muchos otros, así como afirmaciones de los conferencistas y panelistas, que reforzaban la idea de volver a la simplicidad y a tratar de reducir los pesados requisitos técnicos y teológicos para hacer misión y plantar nuevas comunidades del reino de Dios en todo el mundo.

Una de esas conversaciones fue con Mark Fields quien hoy en día es un entusiasta de los movimientos plantadores de iglesias o más bien, como se les conoce actualmente, movimientos de hacedores de discípulos. Tal es así que Vineyard Missions USA tiene una sección sobre el tema en su página web y la AVCUSA ha asignado presupuesto para aprender de esos movimientos en diferentes partes del mundo, incluso algunos esfuerzos urbanos en los Estados Unidos. Recuerdo algunas de nuestras conversaciones años atrás donde Mark se mostraba renuente a considerar eclesiologías que fueran muy diferentes del clásico estilo Viña, surgido en California a finales de los setenta y que tenía obvias dificultades de adaptación en diversos contextos. Mi esperanza es que a partir de estas investigaciones pueda surgir una reflexión y nuevas expresiones de iglesia Viña a lo largo y ancho de Latinoamérica. Lo que es interesante es que los modelos no están ya en el norte sino en el sur, allí donde la iglesia necesita innovación frente a la pobreza, las dificultades políticas, la persecución, la variedad de cultos y donde no se le ve como dominante, ni dueña absoluta de la verdad.

Dentro de este contexto fue nuestro encuentro con Dion y Natacha Peachey, norteamericano él y venezolana ella, a quienes conocemos desde hace unos doce años, ya que pensaron por un tiempo venir a Venezuela a plantar una iglesia en la ciudad de Mérida con nuestra ayuda. Sin embargo, pienso que dirigidos por Dios, decidieron quedarse en Columbus y plantar una red de comunidades pequeñas entre los latinos e inmigrantes en sectores pobres de la ciudad, una red de micro-iglesias como ellos la denominan, con la ayuda de otra organización diferente a la Viña. Lo que nos sorprendió fue su historia acerca de su visita a nuestra casa en Carrizal, muy cerca de Caracas, donde se quedaron una noche con nosotros. Ni Nora ni yo recordábamos esa visita, pero ellos si, y en particular la reunión de la iglesia casera de la cual éramos anfitriones en ese entonces. Era la primera vez que ellos asistían a un grupo así y quedaron impactados, decidiendo adoptar ese modelo para su labor misionera futura. De manera que eso es lo que están haciendo ahora, pero han avanzado mucho más y aprendido cosas que nosotros ignorábamos acerca de la necesidad de acompañar ese tipo de plantación de iglesias con un discipulado más intencional y una labor que permita la transmisión del espíritu misional desde el momento mismo de la conversión. Así que este encuentro simplemente encendió de nuevo el deseo de seguir aprendiendo para ser más efectivos en la extensión del reino de Dios.

————–

He dejado para lo último los eventos del jueves por la mañana que causaron un gran impacto en todos los que estábamos reunidos en la sesión plenaria de aquel día. El predicador de la mañana resultó ser un desconocido para la mayoría de los presentes, aunque no así para los miembros de Vineyard Columbus donde Charles Montogomery sirve como pastor de la congregación del Campus Este. Quizás para muchos de nosotros que hemos asistido a conferencias anteriores también se daba una novedad muy importante, se trataba del primer pastor afroamericano de la Viña que predicaba en alguna de estas grandes reuniones, o al menos en aquellas a las que yo había asistido. Esto también refleja otro de los cambios notables en la constitución de las iglesias Viña norteamericanas, muchas de las cuales, hoy por hoy, son multi-étnicas y multi-raciales. Lo cual también augura que se producirán cambios en la manera de entender y vivir el evangelio, a medida que los valores del movimiento se extiendan a grupos diferentes a la clase media norteamericana de raza blanca, baby boomer (nacidos entre 1946 y 1964), influenciada por la cultura pop y hippie de las décadas sesenta y setenta.

El mensaje de Charles Montgomery resultó ser bastante profundo en términos culturales, sociológicos y teológicos, pero, sin lugar a dudas, fue guiado por el Espíritu Santo porque se centró en un tema que necesitaba comenzar a tocarse dentro de un movimiento que está cruzando barreras raciales y étnicas y que ya se extiende a muchísimas naciones en el mundo. Un asistente a la conferencia lo describió de esta manera:

El mensaje del Dr. Montgomery ha sido una de las mejores predicaciones que haya visto en el movimiento de la Viña. Fue un taller de homilética: donde se demostró cómo transmitir un mensaje difícil a través de una entrega elocuente. Fue simplemente predicar la verdad en amor. Sencillamente hermoso. Desde el comienzo hasta el final, Montgomery cautivó nuestros corazones, almas, y mentes con un mensaje que la iglesia necesita escuchar. No resultó ser un simple momento “Cumbaya”[9], sino un momento del reino. Montgomery usó Efesios 2:14-17 para recordarnos que Cristo derribó los muros que dividen a los grupos humanos. Partiendo de la pregunta: ¿Por qué la iglesia está tratando de edificar los mismos muros que Cristo ya derribó?, el Dr. Montgomery continuó durante los siguientes 45 minutos hablándonos acerca de cómo edificar una iglesia sin estos muros de división.

En realidad, el mensaje iba dirigido fundamentalmente a las iglesias norteamericanas, especialmente después de los sucesos raciales en Ferguson, Baltimore y Charleston, y las dificultades para la aprobación de leyes justas de inmigración que ayuden a la inmensa cantidad de migrantes latinoamericanos que residen en los Estados Unidos. Sin embargo, Montgomery hizo alusión a cuatro aspectos que tienen implicaciones universales, nuestra proximidad con el prójimo sin que se pierda nuestra identidad, las relaciones de poder desde la óptica del reino, la necesidad de traspasar los límites sociales, pero en ambas direcciones, y el valor de pagar el precio por vivir una vida bajo estos preceptos.

Cabría preguntarse cuál fue la importancia de este mensaje para los latinoamericanos que estábamos allí en la conferencia. Muchas lecturas e interpretaciones son posibles. Pero hubo una frase de Montgomery que me puso a pensar por largo rato, refiriéndose al escenario ministerial que enfrenta la Viña en este momento histórico:

En la Viña, nos gusta hablar acerca de que “a todo el mundo le toca jugar”. Todavía queremos seguir aferrados a esto, pero tenemos que reconocer que (ahora) tenemos una variedad de jugadores. Continuamos en el mismo juego, pero ya algunos lo están jugando de una manera completamente diferente, aunque todos estemos en el mismo equipo.

Montgo

Ciertamente es una nueva acepción de la metáfora de John Wimber, solo que ahora el juego es dinámico, las reglas y los jugadores cambian. Los protagonistas ya no se restringen solo a las iglesias norteamericanas, hasta hace muy poco tiempo, bastante homogéneas en su composición social. No, ahora los compositores vienen de África o el Caribe, y los sonidos son diferentes. Los nuevos líderes surgen de la selva amazónica o la India. La teología del reino podría repensarse a ritmo de mujer y la eclesiología surge a medida que se hace misión. Puede que el movimiento esté todavía muy aferrado a los esquemas tradicionales basados en las ideas modernistas que prevalecieron en Norteamérica después de la guerra de Vietnam. Sin embargo, la palabra profética de Montgomery es un llamado a la apertura y a la experimentación.

Tal vez, debido al reconocimiento de los conflictos inter-culturales que muchas veces se han producido durante los años de envío de equipos de corta duración hacia Latinoamérica por parte de los partnerships, Felipe Strout, al cerrar la exposición de Charles Montgomery, sintió de parte del Espíritu abrir un espacio para el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación y decidió comenzar con los latinoamericanos. En cierta medida, el enfoque misionero de los partnerships se limita a la imposición de un modelo eclesiológico importado, muchas veces pasando por alto los nuevos jugadores y las nuevas dinámicas del juego. Varios de los que hemos estado en esas situaciones a lo largo y ancho de nuestro continente pasamos al frente simbólicamente para renovar el deseo de seguir juntos como familia que se reconoce mutuamente, declarando nuestro deseo de actuar en el espíritu de las palabras de Eleanor Mumford el día lunes: “Predicando el evangelio y plantando iglesias unidos. Con espíritu de lealtad, afecto y mutualidad”.

Con el pasar de los días he pensado varias veces sobre lo que allí hicimos. Felipe Strout hablando en nombre de las iglesias de la AVCUSA que han actuado en Latinoamérica, quizás en algunos casos simplemente imponiendo una visión colonialista de la misión y por ende cometiendo desatinos. Yo me atreví a hablar en nombre de los latinoamericanos, para pedir perdón porque no siempre hemos reconocido adecuadamente los esfuerzos y sacrificios de nuestros hermanos del norte, incluso hasta llegar a hacer mofa de ellos.

Sin embargo, en mis cavilaciones y en virtud del mensaje de Charles Montgomery, pienso que faltó también un acto de arrepentimiento y perdón entre nosotros los latinoamericanos del movimiento. No es menos cierto que en muchas oportunidades hemos competido entre nosotros para ponernos en ventaja, pero creo que la mayor sanidad vendría si nosotros los latinoamericanos pudiéramos darnos el permiso de experimentar como nuevos jugadores que somos, de probar nuevos sabores en la adoración, de hacer una teología del reino que reconozca nuestras realidades, de innovar con modelos de plantación de iglesias en medio de los complejos contextos urbanos donde vivimos y ministramos.

Como John Wimber dijo, “tomemos lo mejor y sigamos adelante”[10]. Rn otras palabras, valoremos y atesoremos lo mejor de esa Viña que hasta ahora hemos conocido, pero sigamos adelante, innovando para que la extensión del reino sea fructífera en un continente como el nuestro, que aguarda “la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19).


 

[1] De esa época hay composiciones de Daniel Hernández, Franklyn Paiva, Gabriel Shintu, Gonzalo Gorrín, David Hernández y de varias otras personas de las Viñas de Los Teques y San Antonio de Los Altos.

[2] La canción ha sido incluida en una producción titulada “Lluvia Temprana“ de la Viña de Ñuñoa en Santiago de Chile. https://www.youtube.com/watch?v=8bOEvbTnZFk

[3] Lamentablemente, una de las notables ausencias fue la de Carlos Chacón (Costa Rica) debido a la enfermedad de sus esposa Nubia. Seguimos orando por su pronta recuperación.

[4] Mark ha sido, quizás durante los últimos catorce años, director del área de misiones de la AVCUSA y durante el período 2003-2007 me tocó trabajar estrechamente con él. Además de eso, Mark junto con Joe Castaños, John Griesinger y Janis Balda fueron las primeras personas de la Viña que nos visitaron en Los Teques en octubre de 1996.

[5] Bert Waggoner es pastor fundador de Houston Vineyard y de Sugar Land Vineyard. Entre el 2000 y el 2012 se desempeñó como Director Nacional de la Association of Vineyard Churches USA (AVCUSA).

[6] http://youtu.be/afqoZAXBkKo

[7] Es interesante que Derek Morphew, director del Vineyard Bible Institute (VI), hizo alusión a este hecho con una de sus frases durante el foro sobre el futuro del liderazgo en el movimiento, cuando señaló que: “Como movimiento tenemos que estar atentos al orgullo espiritual y reconocer que existen movimientos de iglesias que son mucho más eficaces que nosotros en la extensión del reino de Dios”.

[8] Mora Fernando (2005). Manual para iglesia que crecen. Buenos Aires: Certeza.

[9] El autor de la reseña hace alusión a una expresión que Montgomery usó para referirse satíricamente a una reunión de campamento donde se unen manos frente al fuego y se canta el viejo espiritual afroamericano “Come by here (Lord)”. En otras palabras, un momento de gran carga sentimental pero pasajero, y por lo tanto totalmente intrascendente.

[10] “Take the best and go”

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About famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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5 Responses to Notas de Columbus

  1. Dion Peachey says:

    Siempre me impacta su forma de escribir. Nunca deje de hacerlo. Me alegra que se empeñaron para reencontrarse con La Viña en esta conferencia y que abrieron espacio para compartir con nosotros nuevamente. Sigamos “jugando” con determinación y perseverancia. Cada quien de su forma. Tal vez no somos parte de La Viñas pero somos parte del mismo equipo del Reino y vamos a ganar! Gracias por todo lo que Nora y usted nos enseñan.

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  2. Alberto says:

    Me gusto su resumen de lo que sucedió en Columbus el año anterior, yo estuve alli…y comparto sus puntos de vista. Fue un tiempo maravilloso.
    Me gustaría incluir en un foro Viña el tema sobre las Iglesias Adoptadas. Es mi caso en Honduras, quiero jugar pero pareciera que los adoptados no podemos jugar y solo estaremos destinados a esperar en la banca….ni modo, seguiremos creyendo que somos Viña.

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    • famorac says:

      Gracias Alberto,
      Seguro que voy a hablar de las iglesias adoptadas, ya he tocado el tema parcialmente al hablar de mi propia historia. Solo debo decirte que en principio, casi todas las primeras Viñas fueron adoptadas. No había otra forma de comenzar el movimiento en Latinoamérica.

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  3. Alberto says:

    GRACIAS. Quiero dejar de sentirme intruso….creo usted me comprende.
    Abrazos.

    Liked by 1 person

  4. LUIS JAVIER MENENDEZ says:

    Qué hermoso recuento! Me alegró mucho cantar “Quiero” y bendecir a todos mis hermanos latinos ahí presentes HAY VIÑAS EN VENEZUELA!!! Amén
    Saludos querido!

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