La Viña llega a Venezuela

Ya he relatado en este blog que en 1995 fue nuestro primer contacto formal con el movimiento de La Viña, en una visita que hicimos a iglesias tanto en USA como en Canadá. En ese viaje, mi esposa y yo compramos una buena cantidad de casetes de predicaciones y literatura vinculada con el movimiento. Además, como el comercio electrónico había comenzado a despuntar, hacia el final de ese año y los meses siguientes, adquirimos nuestros primeros CD’s de música de adoración de la Viña. Entonces comenzó un proceso de inmersión en las enseñanzas y de tratar de comprender aquella música que sonaba tan diferente a lo que conocíamos como adoración y alabanza.

Ambos procesos duraron varios años, pero lo que si es cierto es que ya en 1996 habíamos comenzado a incorporar en nuestras prácticas como iglesia, algunas de los cosas que aprendíamos por nuestra propia cuenta. No teníamos modelos, ni personas a quiénes preguntar, solo intuíamos y nos imaginábamos el resto. Para algunos la música era sosa (”muy gallega” me llegó a decir uno de los guitarristas de la iglesia), para otros demasiado norteamericana, algunos pensaban que las letras eran extremadamente sencillas, mucho más de lo que los latinoamericanos estábamos acostumbrados con Marcos Witt, Marcos Barrientos y Danilo Montero quienes venían destacándose en el continente.

Nos hacíamos muchas preguntas sobre sanidad física e interior, sobre el reino de Dios, sobre señales y prodigios. Las respuestas clásicamente pentecostales que teníamos a nuestro alrededor no nos satisfacían plenamente, mucho menos lo que nos traía todo el movimiento de la “super fe” y de la prosperidad. También anhelábamos modelos de iglesias más relacionales y sencillas, sin el lastre de los títulos y la adicción a lo numinoso o la dependencia de la exageración emocionalista (ese “hype” del que huía John Wimber). Así que poco a poco se fue haciendo imprescindible buscar una manera de conocer de cerca a hermanos y hermanas de La Viña que, ya hubieran transitado por los mismos derroteros y que, pudieran acompañarnos en este proceso de aprendizaje.

Por aquellos días las páginas web hacían su debut en el ciberespacio y nuestra iglesia, que en aquel entonces se llamaba Comunidad de Vida Cristiana de Los Teques (CVC), incursionaba con su propio sitio en la incipiente Internet de comienzos de la década de los noventa[1]. De igual manera la AVCUSA ya había abierto una página modesta con algo de información. Entre otras cosas había incluido un directorio de iglesias, bastante incompleto por cierto, pero en el cual habían correos electrónicos de algunos de los pastores (algo que hoy en día no se estila, por razones de seguridad). También descubrimos algunas las listas o grupos, precursores de las actuales redes sociales. Nuestra idea era que pudiéramos comenzar a compartir con los interesados, algunos de los recursos que fueran surgiendo en castellano, como por ejemplo las traducciones de las letras de los cantos de adoración.

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En esa búsqueda descubrimos que ya en 1995 había, por lo menos, dos iglesias o plantaciones en Latinoamérica, una en San José de Costa Rica, que más tarde se conocería como La Viña Escazú, y otra en Santiago de Chile, llamada La Viña San Miguel. Dicha información estaba en la web, entre la información de las iglesias Viña que las apoyaban en USA. Eso nos animó a seguir adelante y tratar de ver cómo estrechar lazos con estos hermanos y hermanas y con el resto del movimiento (aún desconocíamos lo que ocurría en Reino Unido, Suiza, Australia, Nueva Zelandia y Suráfrica). De manera tal que, lanzamos varios correos masivos invitando a intercambiar, vía Internet, materiales de estudio y canciones, así como la posibilidad de conversar sobre lo que cada uno estaba haciendo en nuestra región.

Nuestro optimismo en que la web pudiese ser un espacio para esos vínculos parecía exagerado en aquellos momentos, pues durante un largo tiempo no hubo ni una sola respuesta a los correos enviados, salvo algunos quejándose que no querían recibir más comunicaciones de nuestra parte (también era el comienzo del spam y otras perversiones de la Internet y la gente tendía a ser muy cauta). Al cabo de unos dos meses (ya pueden ustedes imaginarse con qué frecuencia se consultaba el email en esa época), recibimos una respuesta de Chris Dearnley[2], quien dirigía la plantación de la iglesia Viña en Escazú. Su correo hacía referencia a otro pastor de La Viña de nombre Chuck Apperson quien estaba interesado en contactarnos y eventualmente visitar Venezuela. A los pocos días Chuck me envió un correo y mantuvimos una fluida correspondencia electrónica en los meses que siguieron.

Aparentemente Chuck había sido comisionado para coordinar el desarrollo de La Viña en América Latina y por ello se había establecido en Costa Rica ese mismo año. Quizás una de sus labores más importantes en ese lapso de tiempo fue su amistad con Carlos Chacón y Otto Kladenski, que los llevó a iniciar la plantación de La Viña del Este en San José en 1996. Las ideas de Chuck me parecían un poco exageradas, demasiado optimistas y hasta cierto punto fuera de contexto, pero, sin lugar a dudas que funcionaron como catalizadoras del movimiento Viña en Latinoamérica, aunque por muy breve tiempo, pues Chuck falleció al año siguiente, sin que le llegase a conocer personalmente. Fue Chuck quien sirvió de puente para que Mark Fields, quien era el pastor de la iglesia Pomona Vineyard en California, nos contactara con el fin de hacer una visita a Caracas en octubre de 1996.

Unos pocos correos antecedieron a la visita. Aparentemente, la iglesia californiana tenía varios meses orando por Venezuela, pues una hermana de esa congregación, Janis Balda, había vivido en Caracas varios años antes y sentía una carga por nuestro país. Mark nos explicó que por ahora solo querían conversar y conocernos, sin mayores compromisos, su viaje era solamente exploratorio. Además, tenían una lista de otros contactos y personas con las que necesitaban hablar en Caracas. El equipo sería de cuatro personas, “tres hombres de muy alta estatura y una mujer pequeña”, me dijo, para que pudiéramos reconocerles con facilidad en el aeropuerto de Maiquetía.

En efecto, de acuerdo a la descripción que nos dieron, nos encontramos en el aeropuerto con Mark Fields, Joe Castaños, John Griesinger y Janis Balda quienes llegaron a Caracas en un vuelo de Lacsa desde Costa Rica. Joe pastoreaba La Viña Centro Cristiano, una iglesia hispana en Downey (Los Ángeles, California). Janis era una anciana de la iglesia de Pomona y John era miembro y estudiante de postgrado del Seminario Teológico Fuller. Por nuestro lado fuimos a recibirles Jesús Herrera, Mirna Dagüi, Nora Méndez y mi persona.

Como ellos tenían otras personas que visitar en la capital, los llevamos a un hotel en la zona de Sabana Grande y de allí fuimos a caminar por el boulevard y a comer en el Arepazo[3]. Tanto Joe como John hablaban muy bien el castellano, lo cual facilitó un poco las cosas en este primer encuentro. El equipo norteamericano solo vendría a Los Teques a partir del viernes para pasar el fin de semana conociendo a la iglesia. Mientras tanto, en los días siguientes, atendieron entrevistas con otros pastores y líderes, entre ellos Samuel Olson, pastor de la Iglesia Evangélica Las Acacias, en ese momento la más grande de la ciudad y quien era el presidente del Consejo Evangélico de Venezuela. Como anfitriones, asumimos la responsabilidad de transportarles y facilitarles su tarea, a la par que conversábamos y entablábamos lazos amistosos.

FerMARK

Fernando Mora y Mark Fields en el servicio dominical de la Comunidad de Vida Cristiana de Los Teques que se realizaba en el Cine Guaicaipuro en el centro de la ciudad.

Sin conocer mucho de La Viña y de su cultura relajada, preparamos un programa un poco recargado para el fin de semana. Una cosa buena fue que decidimos alojar a los visitantes en casas de familia y no en un hotel, así que las conversaciones surgieron de forma más espontánea. La parte formal la comenzamos el viernes con una reunión abierta con todos los miembros de la iglesia y con algunos pastores invitados de la ciudad, que pensábamos estarían interesados. El sábado en la mañana la reunión fue solo con los líderes, entre ellos Jesús y Teresa Herrera, Mirna Dagüi, Marina León, Nora Méndea, Gonzalo Gorrín, Franklyn Paiva, Doris Mosquera, Nacarid Querales y mi persona. Por la tarde, en el antiguo local en la Plaza El Rincón de Los Teques, hubo servicio de jóvenes, un nutrido grupo, vibrante, lleno de energía y bastante ruidoso. El domingo fue nuestra celebración que se hacía en el cine Guaicaipuro, donde ya llevábamos varios años reuniéndonos, aunque habíamos rodado ya por los teatros tequenses Apolo, La Hoyada y Miranda, cerca de la plaza Bolívar. Comenzábamos a las 9 AM con un tiempo de oración y ministración unos a otros, mientras se armaba el sonido para el culto principal, durante este espacio compartió Joe Castaños. Luego seguía la celebración, con unos 45 minutos de aodración, anuncios y luego la predicación de Mark Fields, a quien tuve oportunidad de interpretar en castellano. Aunque los visitantes no estaban acostumbrados a tan largas jornadas, estuvieron muy a gusto durante las reuniones. Después nos fuimos a nuestra casa en Los Lagos para comer un sancocho con todos los líderes de la comunidad y otros invitados.

Fueron muchas actividades en muy corto tiempo, así que para conocernos mejor pasamos largas veladas conversando y tomando café hasta la madrugada. La verdad es que la conexión y la afinidad fue increíble, parecía que nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Recibimos mucho de ellos, pero nosotros también estuvimos muy sensibles a sus necesidades, pues desde que llegaron notamos que venían un poco agotados de sus escalas previas. Como decía Bob Fulton, quien nos visitaría dos años después, se trató de una “cita divina”, gestada por Dios. Como lo comprueba este correo de Janis Balda, que recibimos Nora y yo hace apenas unos días, en el cual recordaba aquella experiencia juntos. Janis nos expresaba lo siguiente:

En esta época del año (octubre), mis pensamientos siempre se remontan a aquel primer encuentro con ustedes y con la iglesia en Venezuela. Gracias por el privilegio de haberme permitido contribuir con su ministerio aunque sea con una pequeña porción durante tantos años, y gracias por nuestra amistad en Cristo.

¿En qué se diferenciaba la visita de este cuarteto de otras que con frecuencia recibíamos en nuestra congregación? Durante años, predicadores itinerantes, evangelistas, maestros, profetas, cantantes, misioneros de diversos países nos habían visitado en la CVC. La mayoría solo se limitaba a la oportunidad de predicar un domingo por la mañana, o en una campaña, tal vez participar en algún evento que organizábamos, para luego seguir a otros lugares o iglesias. Recibimos visitas de equipos norteamericanos que compartían sus enseñanzas sin siquiera conversar con los pastores, mucho menos entender las características de la congregación. La cosa se ponía fea si el visitante estaba urgido de compartir una profecía o una exhortación, en ese caso, negar el púlpito se consideraba casi un sacrilegio. Sin embargo, la actitud que descubríamos en este encuentro provenía de una comprensión de la misión desde un ángulo totalmente diferente. Hablo de la filosofía o ideal que subyacía en estos primeros intentos de expandir el movimiento de la Viña a lo largo y ancho de América Latina, África, Asia y las naciones surgidas de la desaparición de la Unión Soviética, no de los aspectos organizativos o estratégicos que eran aún incipientes.

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La doctrina clásica sobre la missio Dei como Dios Padre enviando al Hijo, y Dios Padre y el HIjo enviando al Espíritu Santo se amplió para incluir un movimiento más: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo enviando a la iglesia al mundo… La misión nace en el corazón de Dios… existe la misión sencillamente porque Dios ama a las personas. (David Bosh, Misión en Transformación, 2000)

Unos doce años después de aquella primera visita a Venezuela, Mark Fields escribió una reflexión sobre este modelo misional en su disertación doctoral[4]. Para él se trataba simplemente de unirse a lo “lo que Dios (ya) estaba haciendo” como una forma de alinearse con la missio Dei, o la misión de Dios, lo cual, comúnmente, hace referencia a la obra de la iglesia entendida como un reflejo de la obra de Dios en el mundo. En este sentido, según Mark Fields, La Viña toma muy en serio la declaración que hace Jesús en el evangelio de Juan:

«Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.» 18 Por esto los judíos con más ganas procuraban matarlo, porque no sólo quebrantaba el día de reposo sino que, además, decía que Dios mismo era su Padre, con lo cual se hacía igual a Dios.

19 Entonces Jesús les dijo: «De cierto, de cierto les digo: El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve que el Padre hace; porque todo lo que el Padre hace, eso mismo lo hace el Hijo. 20 Y es que el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que él hace;” (Juan 5:16-20a, Reina Valera Contemporánea)

Los elementos de la misionología de La Viña que se derivan del texto bíblico citado parecen elementales, pero tienen implicaciones en la teoría y práctica de la misión. Primeramente, que Dios siempre está actuando en el mundo (5:17), así que es fundamental comprender que dondequiera que uno vaya, la obra de redención, sanidad y transformación ya ha sido iniciada por Dios mismo. En segundo lugar, Jesús declara que es incapaz de iniciar nada por su propia cuenta (5:19), por el contrario, pareciera que la clave de la labor misional consiste justamente en unirse a lo que Dios ya está haciendo dondequiera que uno vaya. Por lo tanto, para La Viña, una de las capacidades que hay que desarrollar es aprender a ver “qué es lo que está haciendo el Padre” en las personas, grupos sociales, naciones, para de inmediato unirse a esa obra.

Así que en la aparente pasividad y actitud de observación de aquel equipo que nos visitaba, quienes nunca pidieron predicar como condición para la visita, y quienes se plegaban ante nuestro pesado programa y frenético activismo, se escondía la idea de que toda misión y todo ministerio es iniciado siempre por Dios, por lo que la tarea fundamental del equipo era descubrir el mover de Dios en nosotros y tratar de unirse a esa obra. Por lo visto, esto había sido inculcado por John Wimber quien siempre trató de mantenerse fiel a la idea de “tratar de discernir y unirse a lo que sentía que Dios estaba obrando, bendiciéndolo con todas sus fuerzas, en lugar de hacer planes propios y luego pedir a Dios que se los bendijera”[5].

Felipe Strout, actual director de la AVCUSA expresa que “sea por las calles, en las naciones, o alrededor del mundo, no nos corresponde a nosotros crear nada, sino descubrir lo que Dios ya está haciendo”[6], y unirnos a esa actividad en el poder del Espíritu Santo. Esto pone el énfasis en la obra de Dios y no en las virtudes de los misioneros, el tamaño de sus congregaciones o los recursos de las agencias misioneras. De hecho, como Mark Fields señala, la tarea misionera en La Viña surge intencionalmente de la sensibilidad de hombres y mujeres que podrían más bien ser catalogados como “sanadores heridos”[7], que viven en la paradoja de extender las bondades del reino de Dios por medio del poder del Espíritu Santo, participando en la missio Dei, a pesar de sus propias limitaciones, vulnerabilidades y heridas. En otras palabras, personas comunes y corrientes, que provienen de contextos y trasfondos disímiles, quienes muchas veces, a pesar de grandes obstáculos y de difíciles historias de sanidad y restauración, descubren y se unen a la obra de Dios en los corazones de las personas, no importa donde ellas se encuentren.


Encuentros entre las Viñas de USA y Venezuela (1996-2001)

  • Octubre 1996: Primera visita exploratoria a Caracas y Los Teques. Pomona Vineyard y La Viña Centro Cristiano Downey.
  • Enero 1997: Conferencia Señales y Prodigios y el Reino de Dios. Iglesia Presbiteriana “El Redentor”, Caracas. Esfuerzo conjunto con la Miami Vineyard y la iglesia Rios de Agua Viva (Caracas).
  • Agosto 1997Conferencia Alcanzando al Necesitado donde se Encuentre. Comunidad de Vida Cristiana (CVC) de Los Teques. Participación de Pomona Vineyard, Arcadia Vineyard, Anaheim Vineyard y La Viña Centro Cristiano Downey.
  • Abril 1998: Retiro de Líderes. Pozo de Rosas. Edo. Miranda. Esfuerzo conjunto con Pomona Vineyard y Arcadia Vineyard.
  • Agosto 1998: Conferencia la Adoración y el Reino de Dios. Valencia, Edo. Carabobo. Participación de La Viña Centro Cristiano Downey, Arcadia Vineyard, La Viña Escazú (Costa Rica).
  • Septiembre 1998Conferencia Señales y Prodigios y el Reino de Dios. Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui. Participación de Miami Vineyard, Pomona Vineyard, La Viña Centro Cristiano Downey y La Viña de Los Teques.
  • Abril 1999: Taller de Plantación de Iglesias. La Viña de Los Teques, Edo. Miranda. Participación de Anaheim Vineyard, Pomona Vineyard, Arcadia Vineyard.
  • Agosto 1999: Campamento de jóvenes V2K. Liceo Militar de Los Teques. Participación de La Viña de Los Teques, La Viña de Valencia, Arcadia Vineyard, La Viña Centro Cristiano Downey.
  • Agosto 2000: Campamento de Jóvenes de Valencia. Edo. Carabobo. Participación de La Viña de Los Teques, La Viña de Valencia, La Viña Centro Cristiano Downey.
  • Julio 2001: Campamento Juventud en Éxtasis. Club Cumbre Azul, Los Teques. Participación de La Viña de Los Teques, La Viña Centro Cristiano Downey, La Viña de Los Altos Mirandinos.
  • Agosto 2001Primera Conferencia Internacional de La Viña de Los Teques. Centro Hispano Los Teques. Participación de La Viña de Los Teques, La Viña de Valencia, La Viña de Maracay, La Viña de Miranda (Carabobo), La Viña del Este (Costa Rica), Vineyard Piratininga (Brasil), Pomona Vineyard, Arcadia Vineyard.


[1] El sitio web fue diseñado por Fernando Mora Jr., quien manejó todos los aspectos de las páginas de la Viña de Los Teques hasta 1999. Más adelante fue Enrique García y mi propia persona quienes nos encargamos de ello para La Viña de San Antonio de Los Altos y el Ministerio Zapatos Nuevos.

[2] Chris sigue siendo el pastor de La Viña de Escazú. También es fundador de la empresa de interés social Pura Vida Coffee y otros ministerios en Costa Rica. En este enlace hay una entrevista http://bit.ly/1L57Ugt.

[3] Si, aunque parezca mentira, caminamos como a las 8 PM desde la Francisco Solano hasta El Rosal, eran otros tiempos.

[4] Fields, M. (2011). Contours of local congregation-based misión in the Vineyard Movement, 1982-2007. Pasadena (California): Fuller Theological Seminary

[5] Pytches, D. (1998) “A man called John”, en Pytches D. (editor) John Wimber: His Influence and Legacy, Guilford/Surrey (Reino Unido): Eagle. Pág. 28

[6] Strout, P. (2004) God’s Relentless Pursuit: Discovering His Heart for Humanity, Norcross (Georgia/USA): Vineyard Publishing.

[7] Un concepto usado originalmente por Carl Jung. También fue desarrollado en el mundo cristiano por Henri Nouwen en su libro: Sanador Herido: El ministerio en el mundo contemporáneo

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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