La Viña y los cinco ministerios

wimber“Durante años varias personas han querido etiquetarme como “Apóstol”. Creo en los cinco ministerios, pero pueden guardarse sus títulos. Claro que hay apóstoles hoy en día, pero dudo que yo sea uno de ello. Busquen más bien entre aquellos que han plantado miles y miles de iglesias… ésos son los verdaderos apóstoles…”

(John Wimber).

No tengo idea de cuándo John Wimber expresó esas palabras, Simplemente las encontré en la página de Facebook que conserva y divulga sus pensamientos más relevantes. Sin embargo, ellas revelan una de las diversas presiones a las que Wimber y La Viña estuvieron sometidos durante el final de la década de los ochenta y toda la década de los noventa.

Una presión fuerte provenía de los “cesacionistas”, para quienes los dones del Espíritu Santo, en especial los de apóstol y profeta, habían cesado una vez que el Nuevo Testamento había sido concluido. La crítica de este grupo, encabezado por John McArthur, se dirigía fundamentalmente a las manifestaciones carismáticas y al ejercicio de los dones espirituales que caracterizaron los inicios del movimiento[1]. Como hemos ido viendo a lo largo de este blog, esta confrontación tuvo sus altos y sus bajos, llegando a su momento cúspide con todo lo que rodeó a la “Bendición de Toronto”. Aunque las diferencias aún se mantienen en menor grado[2], ya para 1999, Todd Hunter se atrevía a expresar que no era necesario seguir luchando en ese frente pues, la “gran batalla” del rol del Espíritu Santo en la vida de la iglesia, había sido “ganada” por los esfuerzos de John Wimber y el movimiento de La Viña durante esos tres lustros precedentes[3].

La otra gran tensión se originaba dentro del seno del propio movimiento profético, el cual venía desarrollándose dentro de numerosas iglesias protestantes carismáticas y pentecostales desde la década de los ochenta, pues éste había desatado una nueva tendencia eclesiológica, de cuyo influjo y consecuencias no escapaban las iglesias de La Viña. La lógica era bastante lineal, habiendo sido restablecido el don de la profecía en el accionar de la iglesia contemporánea, quedaba por reconocerse el don de apóstol para así, completar el manojo de cinco ministerios que Pablo había mencionado en su epístola a la iglesia establecida en Éfeso y regiones circunvecinas (Efesios 4:11-12).

Para los nuevos profetas, entre ellos los identificados como Profetas de Kansas City, estos oficios seguían vigentes. Puesto que la razón fundamental de su existencia, esto es, “que todos lleguemos a la unidad de la fe, a la madurez y perfección que produce la plenitud de Cristo; completamente libres de toda fluctuación infantil que nos deja a merced de cualquier nueva doctrina o enseñanza”[4], no se había cumplido todavía en la iglesia en sus veinte siglos de existencia. Ahora bien, si Dios había comenzado a restablecer el lugar del don de profecía, y del oficio de profeta, dentro de la iglesia, el paso siguiente tenía que ser el de la manifestación del ministerio de apóstol, completando así lo que faltaba para cumplir finalmente con la tarea encomendada de edificar, equipar, entrenar y perfeccionar a los miembros del cuerpo de Cristo (Efesios 4:12).

Semejante razonamiento comenzó a unirse a otros argumentos que fueron sofisticándose y dándole forma a las bases para una nueva eclesiología que, vendría a desarrollarse a finales de la década de los noventa y sobre todo en estas primeras dos décadas que han transcurrido del siglo XXI. Uno de estos argumentos es la idea bastante difundida, aunque obviamente irrealizable, de “volver a las raíces” o a las prácticas originarias de la iglesia primitiva. Algunos autores denominan a esta escuela teológica “restauracionismo”, pues ella busca restaurar en la vida de la iglesia contemporánea los “gloriosos comienzos apostólicos”[5]. Dicha idea ha sido reciclada varias veces en numerosos movimientos dentro de la iglesia a lo largo de su historia, sin embargo Kärkkäinen (2002) estima que fue el shepperding movement o movimiento de tutores (o mentores), dentro de la renovación carismática protestante y el neo-pentecostalismo, el que introdujo con mayor fuerza la urgencia de volver al orden y las prácticas de la iglesia del Nuevo Testamento, a pesar de sus conocidas imperfecciones.

De esta manera, según este esquema teológico, lo que ha venido ocurriendo progresivamente en estos años es una continua restauración de los carismas y manifestaciones del Espíritu; del discipulado como expresión de la paternidad de Dios; de los cinco ministerios, en particular el de apóstol; del gobierno de Dios en la tierra a través de su iglesia; todo lo cual lleva al avivamiento final de la iglesia y de allí a la consumación del eschaton o fin de los tiempos. De una manera sutil se establece (o restablece) también la verdadera gobernanza de Dios para la iglesia que, se ejerce a través de la autoridad delegada en las personas de los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, y maestros, quienes deben equipar a los santos para la instauración del gobierno divino en la tierra a la brevedad posible. Para ponerlas en palabras más criollas, el conocido tele-apóstol Guillermo Maldonado nos dice, sin mayores argumentaciones ni referencias, que:

desde mediados del siglo XX, Dios ha venido restaurando distintas áreas y funciones del cuerpo de Cristo. Estas funciones estaban adormecidas y relegadas; pero hoy están siendo levantadas. De 1940 a 1950, Dios restauró  el ministerio del pastor. De 1950 a 1960, fue el tiempo del evangelista De 1960 a 1970, el Señor levantó el ministerio del maestro; y, del mismo modo, sucedió con el profeta en la década de los ochenta. Hoy, a partir de 1990, Dios ha restaurado el ministerio del apóstol.[6]

En una tesis doctoral, presentada por Benjamin McNair Scott en el King’s College de Londres en 2012[7], se cita una comunicación con Don Williams, reconocido pastor y teólogo del movimiento La Viña[8], quien consideraba que en el período de mayor influencia de los profetas de Kansas City hubo un claro intento por parte de éstos de elevar a John Wimber al rango de “Apóstol”, cosa que John rechazó de plano[9]. Estas disputas lo llevaron a cuestionar la definición contemporánea del don u oficio de apóstol, prefiriendo hacer referencia, en su lugar, a la función apostólica de la iglesia. Sin embargo, para nadie es ajeno el hecho de que Wimber hacía un énfasis fuerte en el pasaje de Efesios 4:11-13, incluso tomándolo como uno de los eslóganes de La Viña desde sus comienzos[10]. Para él, la expresión “Equipando los Santos”, enfatizaba una de las prioridades del movimiento en cuanto a entrenar y empoderar al cuerpo de Cristo para que siguiera comunicando las mismas palabras de Jesús, a la vez que realizando, o “haciendo sus obras” (o “doing the stuff”) en el tiempo actual.

Muy probablemente Wimber habló en varias oportunidades con sus allegados acerca del tema, lamentablemente poco de ello queda disponible a la mano. En una de sus últimas cartas pastorales en 1997, apenas cinco meses antes de su prematuro fallecimiento, John Wimber expresó sus conceptos acerca del tema de los cinco ministerios en una publicación en la revista Vineyard Reflections[11]. Allí se expresa, en primer lugar, en contra del “restauracionismo” propugnado por diversos grupos, en especial los que presionaban a La Viña a establecer Apóstoles y Profetas (con A y P mayúsculas) con roles de gobierno dentro del movimiento. Uno de sus argumentos es que esa nueva eclesiología es elitista, pues los designados Apóstoles y Profetas vendrían a ser poseedores de una revelación especial que deberá ser comunicada a un pueblo de Dios, considerado como infantil e ignorante de estas profundidades teológicas y espirituales. Para Wimber, ello violaba un valor fundamental de La Viña, al producir “una dependencia (de los miembros de la iglesia) en cuadros especiales de personas que ofrecen revelaciones especiales de Dios”, lo cual “incapacita a la iglesia y convierte al ejército de Dios en una audiencia” y no en ese gran equipo donde “todos deben jugar” (everybody gets to play). Añadiendo que, no se imaginaba a los ministerios capacitadores mencionados en Efesios 4.11-13, como oficios que poseen “prerrogativas, poderes de gracia exclusivos, o autoridad estructural sobre gran parte de la iglesia”.

Wimber termina su carta refiriéndose a los ministerios capacitadores apostolar, profético, evangelístico, pastoral y de enseñanza como funciones de servicio unos a otros, que deben ser ejercidas constantemente y con humildad en la iglesia. Según su razonamiento, en el ministerio apostolar contemporáneo, ejercido por personas dotadas para tal función, éstas podrían ser consideradas como “apóstoles”, en minúscula, y nunca en mayúscula, sugiriendo una autoridad estructural como la de los doce apóstoles que estuvieron con Cristo y la de Pablo. En este sentido, aunque afirma que actualmente existe un ministerio apostólico con “a” minúscula, concluye que:

“1. No presumo que ellos vayan a desplazar a los líderes de las estructuras 
eclesiásticas existentes; 2. No creo que ninguno de ellos vaya a escribir una nueva Biblia o vaya a 
comunicar alguna nueva verdad igual a la de las Escrituras, ya que el canon está completo (Apocalipsis 22.18-18); 3. Tampoco los veo gobernando o usurpando poder o aún teniendo una influencia sobre toda la iglesia (Apocalipsis 4.9-11). 4. Finalmente, creo que el ámbito de la función apostólica hoy, es el mismo que en el Nuevo Testamento: Ganar almas, hacer discípulos, y plantar, nutrir y corregir cosas en las iglesias donde ellos tendrían autoridad o ascendencia espiritual.”[12]

wagner

C. Peter Wagner quien acuñó la Nueva Reforma Apostólica (NRA) fue profesor de crecimiento de la iglesia (iglecrecimiento) del Seminario Teológico Fuller. Allí hizo equipo con John Wimber y fue fundamental para la apertura del curso MC 510 Señales y Prodigios y el Crecimiento de la Iglesia. Luego se retiró y fundó el Wagner Leadership Institute, para formar líderes apostólicos (http://wagnerleadership.org/)

Uno puede leer esta carta pastoral de Wimber y no captar con claridad las presiones a las que el movimiento estaba siendo sometido durante ese lapso de tiempo. Recordemos que en enero de 1994 había comenzado el avivamiento de la Bendición de Toronto, y ya a finales de 1995, la famosa iglesia Toronto Airport Vineyard estaba siendo expulsada del movimiento por el mismo Wimber. Durante los años subsiguientes varias iglesias, dirigidas por pastores de prominencia, se retiraron de La Viña. Por otro lado, el impulso restauracionista de los apóstoles estaba ganando un gran auge de la mano de uno de los mentores de John Wimber en el Seminario Teológico Fuller, el Dr. C. Peter Wagner. Aparentemente, ambos habían tenido en 1991 un desacuerdo en cuanto al tema de guerra espiritual, que Wagner estaba popularizando en todo el mundo con sus libros, traducidos a muchos idiomas. La desavenencia, en particular, parece haber sido en lo referente al enfrentamiento de la iglesia con principados y potestades, lo cual implicaba la implementación de una técnica denominada “mapeo espiritual” para identificarlos, cosa que Wimber veía con un cierto recelo.

wagnerbooks

Algunos de los libros de Wagner en su prolífica vida como académico y más adelante como Apóstol. Según él mismo, en su memoria de 2011, llegó a publicar alrededor de 73 libros, muchos de los cuales resultaron ser best-sellers en varios idiomas.

Las críticas de Wagner a Wimber de esa época son bastante notorias en el libro Terremoto en la iglesia (2000)[13], en el cual se introduce una versión cruda de la filosofía de la Nueva Reforma Apostólica (NRA). Básicamente, se trataba de una eclesiología novedosa que compendiaba todos los temas sobresalientes desde la irrupción del pentecostalismo en Azuza (California) en 1904, en especial, los surgidos con el desarrollo del neopentecostalismo y la “Tercera Ola” (término también acuñado por Wagner para referirse a iglesias como La Viña o Calvary Chapel). Dicha NRA se centra en el restablecimiento de los Apóstoles y Profetas como cabezas fundamentales de las iglesias, y en el desarrollo de las estructuras organizativas necesarias para darle cabida a estas nuevas figuras de autoridad eclesiásticas[14].

De hecho, Wagner llega a considerar a La Viña como uno de los “prototipos” fallidos de la NRA en Estados Unidos[15], pues lamentablemente, según su análisis, Wimber había preferido seguir el curso más clásico del denominacionalismo, en lugar de las aguas poco conocidas y riesgosas del nuevo liderazgo apostólico que apenas comenzaba a surgir en aquellos años. En su descripción de La Viña se refiere a John Wimber como apóstol del movimiento, pero a la vez le da el mismo estatus a otros como[16] Mike Bickle, John Arnott, Ken Blue, Tom Stipe, Ché Ahn y Ken Gullicksen quienes al no rterremotoecibir este reconocimiento del movimiento, y de Wimber en particular, deciden hacer tienda aparte, independizándose o creando sus propios movimientos o redes de iglesias, ahora, apostólicas[17].

Wagner no solo intentó convencer a John Wimber en vida, para que se enrolara en el liderazgo apostólico, convirtiéndose en un super-apóstol con gran autoridad sobre el movimiento. De la misma forma, después de su fallecimiento en diciembre de 1997, Todd Hunter, el nuevo director nacional de la AVCUSA buscó asesoría de Wagner quien:

Aconsejó a Todd que considerara dividir a La Viña en lo que el denominaba “redes apostólicas”… (pues) estamos entrando en una era postdenominacional donde están surgiendo hombres apostólicos … que congregan a su alrededor racimos de iglesias, sea por plantación o por adopción… Todd pensó en varias configuraciones y reconoció que habían racimos de iglesias Viña alrededor de Steve Sjogren, John Arnott y Mike Bickle… estuvo dispuesto a explorar esta posibilidad, por lo que les llamó para invitarlos a que pudiesen cuidar de aquellas iglesias que se vinculaban con ellos. Ninguno de los mencionados se interesó en la propuesta.[18]

Las “redes apostólicas” a las que hace referencia la cita son las estructuras organizativas que permiten la implementación de un sistema de gobierno apostólico. Básicamente, se introduce una concepción en “red”[19] para la vinculación, el relacionamiento y la rendición de cuentas entre iglesias, mucho más distendido, o “light”, desde el punto de vista espiritual, ministerial, legal o financiero, que el tradicional de las denominaciones clásicas. Sin embargo, es un sistema organizativo donde, según Wagner, “la personalidad del apóstol es indudablemente la variable más importante”[20], lo que indudablemente apunta hacia una centralización del poder o de la toma de decisiones. Si la crítica de Wagner es a la jerarquización de las estructuras mecanicistas de las denominaciones religiosas surgidas en el modernismo, su propuesta apunta por igual a una cadena de apóstoles, quienes con sus redes apostólicas, se someten a otros apóstoles, y éstos, a su vez, a otros apóstoles supervisores y de allí a uno en el tope, que adquiere una autoridad inusitada, casi papal[21].

redes

Tipos de redes. El uso del término “red” no aclara nada en cuanto a su estructura y características. Para ello es necesario investigar su topología.

Habiendo estado en el umbral de convertirse en una red apostólica y que John Wimber, o el mismo Todd Hunter, hubiesen sido reconocidos como Apóstoles modernos, con mayúscula, La Viña escogió otro derrotero más clásico y menos riesgoso. Casi veinte años han transcurrido de estos eventos y el movimiento sigue su crecimiento. Sin embargo, ya para la fecha de estas discusiones y eventuales decisiones organizacionales (1995-1999), se comenzaba la incursión del movimiento en América Latina, territorio que había comenzado a ser penetrado hasta sus tuétanos por la NRA, en esa misma época.

Durante los años subsiguientes La Viña Latinoamericana tendría que participar en un escenario religioso donde la NRA adquiría preponderancia vertiginosamente. En general, los pastores y líderes del movimiento desconocen que La Viña fue considerada un prototipo de esa eclesiología y que la desechó después de un largo proceso de reflexión colectiva. Por otro lado, en muchos casos, los miembros latinoamericanos del movimiento subestiman, se mantienen al margen o bien caricaturizan el movimiento apostólico, lo cual tampoco es una respuesta adecuada al fenómeno que se esparce por cada urbe y poblado de nuestro continente. Creo que es necesaria una reflexión más seria sobre la NRA, a la par de establecer un mejor contraste con nuestro modelo eclesiológico, heredado de regiones y culturas diferentes, no muy bien contextualizado o aclimatado a los temas culturales y religiosos de nuestra vasta y heterogénea región.


 

[1] McArthur es el autor del libro “Caos Carismático” que suscitó una gran controversia. Wimber se negó a polemizar, hasta que decidió hacerlo a través de varios escritos con la posición del movimiento denominados, “Position Papers”. Uno de ellos específicamente trataba el tema de los dones y manifestaciones espirituales y fue escrito por Rich Nathan.

[2] Más recientemente, el mismo John McArthur promovió una serie de eventos denominados “Strange Fire” (Fuego Extraño) en el que nuevamente relanzaba sus fuertes críticas a las manifestaciones espirituales, ahora dirigidas hacia otras iglesias y grupos, algunos de los cuales en sus inicios fueron influenciados por Wimber y La Viña.

[3] Hunter, Todd (1999). The Church that I would build: God’s missional communities. Vineyard National Pastors’s Conference, Anaheim (California). Este documento rara vez se menciona, pero algunas de las ideas esbozadas allí influenciaron a un sector del movimiento en el aspecto eclesiológico, aunque a decir verdad, también llevo a la renuncia temprana de Hunter como director nacional de la AVCUSA. En alguna otra entrada trataré de comentar estas ideas.

[4] Efesios 4:13-14, paráfrasis propia.

[5] Kärkkäinen, Veli-Matti (2002). An introduction to ecclesiology: Ecumenical, historicaal and global perspectives. Downers Grove (Illinois): Inter Varsity Press. Kärkkäinen cita fundamentalmente a Bob Mumford quien junto con Charles Simpson, Derek Prince, Don Basham, Ern Baxter y John Poole, le dieron forma al Shepperding Movement en la Iglesia del Pastor (Shepperd) en Fort Lauderdale, Florida-USA durante los años 70.

[6] Maldonado, G. (2006). El ministerio del Apóstol. Miami: ERJ Publicaciones. Citado por Álvarez, C. (2012). “La apostolicidad de la iglesia ¿restauración o Nueva reforma apostólica?. www.lupaprotestante.com, última visita 26 de enero de 2016.

[7] McNair Scott, B. G. (2012). Making sense of contemporary charismatic apostolates: An historical and theological appraisal. Doctoral Thesis. King’s College: London.

[8] Don Williams fue conferencista invitado de la Conferencia Iberoamericana de La Viña en Veracruz (México) en 2004.

[9] Con su acostumbrada agudeza dijo que solo “aceptaría si Dios le hubiera hablado directamente, pero que aún no lo había hecho”.

[10] Una de las primeras revistas del movimiento se denominaba Equipping the Saints, la cual se comenzó a publicar en 1987.

[11] Wimber, J. (1997). “Los cinco ministerios de Efesios 4:11”. Vineyard Reflections. Agosto. Traducción al castellano disponible en el site de La Viña Santa Anita de Lima (Perú).

[12] Wimber, Ibid, pág. 10.

[13] Wagner, C. P, (2000). Terremoto en la iglesia: La nueva reforma apostólica está sacudiendo la iglesia que conocemos. Nashville (Tennessee-USA): Caribe-Betania. Texto publicado originalmente en inglés en 1999 bajo el título Churchquake.

[14] En realidad, la NAR incluye otros temas conexos como el redescubrimiento del poder del Espíritu Santo en términos de carismas y manifestaciones, la restauración de los cinco ministerios, la sanidad divina tanto física como interior, la adoración y alabanza contemporánea, la guerra espiritual de alto nivel, incluyendo la identificación de principados y potestades, el dominio de Dios en la tierra, o su reinado en las esferas política y empresarial (siete montañas que incluyen negocios, entretenimiento, educación, familia, medios, religión y gobierno) y la prosperidad como consecuencia del dar sin medida. La NAR podría leerse como la evolución del pensamiento de C. Peter Wagner, o el gran número de transiciones teológicas que ha tenidoen su larga vida, como el mismo lo ha manifestado en su memoria: Wrestling with Alligators, Prophets and Theologians: Lessons from a Lifetime in the Church: A Memoir. (Baker Books, 2011)

[15] Wagner, Ibid, Pág. 140.

[16] Wagner, Ibid, Pág. 149.

[17] Arnott, Bickle, y Ahn se unieron a La Viña en diferentes momentos y por razones variadas. De igual modo, la longitud de la permanencia de cada ellos y su influencia en el movimiento tiene características particulares. Lo que si es cierto es que la salida de estos líderes y sus iglesias se puede vincular a los eventos de Toronto. Ahn es hoy en día uno de los principales propulsores de la NAR alrededor del mundo. Tom Stipe es la persona que confirma a John, en la madrugada posterior al día de las madres de 1981, que las manifestaciones espirituales observadas a partir del ministerio de Frisbee, provienen de Dios. Stipe sale del movimiento a raíz de lo que consideró abusos de Toronto. Últimamente se le ha visto vinculado a John McArthur y su conferencia Strange Fire. Blue también se retira de La Viña debido a los excesos de la Bendición de Toronto, aunque ha regresado al movimiento en los últimos años. Gullicksen se separó del movimiento buscando retornar a sus orígenes en Calvary Chapel. Como puede verse, la afirmación de que necesitaban espacio como apóstoles es bastante temeraria.

[18] Jackson, B. (1999). The quest for the radical middle: A history of the Vineyard. Ciudad del Cabo (Sudáfrica): Vineyard International Publishing.

[19] El concepto organizativo de la red es bastante reciente. Sin embargo como los estudiosos lo señalan, una jerarquía clásica también es una red. El problema de participación, equidad, comunidad y colaboración característico de las redes contemporáneas depende sobremanera de cómo se implementa la topología de la red.

[20] Wagner, Ibid, Pág. 147.

[21] Geivett D., Pivec H. (2015). A new Apostolic Reformation: A Biblical response to a worldwide movement. Wooster (Ohio, USA): Weaver Book Company.

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3 Responses to La Viña y los cinco ministerios

  1. Pingback: América Latina: Un contexto donde abundan los Apóstoles (Parte I) | La Viña: cronicas muy personales

  2. Fernando, te felicito por tu artículo se ve que hicistes la tarea en casa y me parece que refleja muy bien lo que el Movimiento Viña piensa sobre la nueva reforma apóstolica. Te animo a seguir escribiendo que necesitamos gente pensante y espiritual como vos en el movimiento Viña de Latinoamerica. Un gran abrazo.

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