América Latina: Un contexto donde abundan los Apóstoles (Parte II)

Continuación del tema iniciado con ¿El fin de las denominaciones?

b.     ¿Odres nuevos?

Para los proponentes de la NRA, esta crisis, sin precedentes, de la iglesia, requería la restauración plena de los oficios de Apóstol y Profeta, y el desarrollo de nuevas estructuras eclesiásticas que, se aparten del denominacionalismo que caracterizó a la iglesia constantiniana después de la reforma protestante y que no fue superado, ni por la reforma de la teología, ni por la de la espiritualidad. Es respecto a estas maneras de organizarse que Deiros habla bastante emotivamente, proponiendo una iglesia[1] “donde la unción del Espíritu Santo se democratiza”, “un pueblo involucrado en un campo de batalla espiritual”, con un “compromiso misionero (que) reconoce la prioridad del contexto por encima de la estructura”, no “tan preocupada por su doctrina como por su praxis redentora… con hacer real la presencia del Reino en medio de las circunstancias humanas”, donde “las necesidades de las personas son las que determinan la acción y testimonio de la iglesia”. No obstante, esa nueva iglesia, para que pueda funcionar bien, necesita, según Wagner, “de un orden apostólico que le de forma a los nuevos odres”[2]. Precisamente, es ese orden el que ha venido gestándose e implementándose progresivamente en todo el mundo, y en especial, durante los últimos quince años, en Latinoamérica, cambiando de manera radical el panorama eclesiástico del continente.

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Los odres, hechos de cuero, constituyen una metáfora de la renovación de la iglesia. Jesús habló de los odres para referirse al hecho de que un vino nuevo, vertido en un cuero viejo y reseco, reventaría el odre y se perdería, tanto el líquido como el envase (Marcos 2:22). Las estructuras eclesiásticas vienen a representar esos odres y el vino las nuevas ideas y énfasis que el Espíritu Santo revela para afrontar los cambios sociales de la humanidad.

Desde un punto de vista organizacional, estos nuevos odres que, comienzan a construirse con la restauración de los oficios de apóstol y profeta, van a adquirir una variedad de formas, dependiendo de quiénes los ponen en práctica y del contexto dónde ellos van a funcionar. Sin embargo, hay temas que van a encontrar una tremenda similitud. Quizás uno de los aspectos fundamentales tiene que ver con la vieja observación de Wagner acerca del liderazgo de las iglesias que crecen. Según él, para que una iglesia crezca, ella debe poseer un líder fuerte, una especie de patriarca, que ejerce su autoridad espiritual sin tenerle miedo al poder[3], dispuesto a permanecer a la cabeza por un largo tiempo, de forma tal que pueda forjar una visión clara y gerenciar los detalles de su implementación[4]. En otras palabras, se convierte en un director ejecutivo, o CEO, con suficiente autoridad, que le permite pasar por encima de comités y de procedimientos democráticos, o procesos abiertamente participativos en el seno de la iglesia[5].

En alguna medida, esto guarda cierta similitud con los conceptos de iglecrecimiento que John Wimber inculcó al movimiento de La Viña desde sus inicios, en los cuales se enfatizaba la figura del pastor principal o senior pastor [6], incluso desde el mismo inicio de la plantación de una iglesia, dándole prominencia al líder, sobre todo masculino, en la cima de una estructura aunque, en el caso de La Viña, en la medida de lo posible no muy jerárquica. De hecho, como lo señala William Kay, refiriéndose al desarrollo de La Viña en el Reino Unido:

Desde los años 80, la filosofía ministerial de Wimber, veía al liderazgo más desde un punto de vista funcional que en términos de posiciones o cargos. Lo que importaba era lo que hombres y mujeres hicieran para Dios y no el rótulo que tuvieran. Para Wimber, alguien podía funcionar apostólicamente en una situación y como evangelista en otra. Igualmente, alguien podía haber ejercido como apóstol y luego realizar labores como anciano. El título era irrelevante, por lo que Wimber nunca sostuvo la idea de que los apóstoles tenían llamados irrevocables. Su noción era mucho más flexible y menos piramidal, aunque si creía que los líderes debían ejercer su liderazgo y que los pastores debían pastorear sus iglesias. Pero, era mucho menos jerárquico pues no visualizaba ciertos cargos ministeriales con rangos superiores a otros, produciendo así una élite de cristianos con capacidad y autoridad para gobernar (la iglesia)[7].

Sin embargo, a través de las enseñanzas de Wagner, que divergían claramente de las de Wimber, la NRA viene a radicalizar esa idea de una unción de autoridad, delegada por el Espíritu Santo, a estos emprendedores espirituales, quienes tienen la última palabra en la toma de decisiones de la comunidad. Es así como vamos a observar que, hay una serie de nuevos elementos que van a diferenciar bastante a la “nueva reforma” de los aspectos más clásicos del movimiento de iglecrecimiento, o de las iglesias de nuevo cuño, como Calvary Chapel, que emergió como producto del Jesus Movement, o La Viña, surgida en la tercera ola del movimiento del Espíritu Santo en el siglo XX.

Algunos de estos aspectos serían:

1) Un liderazgo apostólico con todo el poder para “la toma de decisiones a los niveles más elevados”, dejando a un lado la idea de una democracia eclesial y estableciendo una única autoridad carismática vitalicia sobre la iglesia[8].

2) Este liderazgo posee una autoridad recibida directamente de Dios, para establecer los fundamentos del gobierno eclesiástico, en base a lo que “Dios le está diciendo a las iglesias”, a través de ellos, y de los Profetas, el otro oficio restaurado[9]. En palabras del teólogo peruano Bernardo Campos, se trata de una “reinvención de la teocracia israelita premonárquica” por lo que, “… el sacerdocio apostólico (es) quien debe liderar esa teocracia”[10].

3) Se establece una cadena de mando con los apóstoles en la cima. Seguido de los profetas quienes proveen nuevas revelaciones que necesitan ser interpretadas e implementadas por los apóstoles. A su vez, los pastores junto con sus congregaciones se someten a la cobertura apostólica, para seguir los lineamientos del apóstol principal que dirige una red de iglesias. Por su parte, evangelistas y maestros hacen lo propio, sujetándose, a su vez, a los pastores en las iglesias locales[11].

4) Los apóstoles, aunque reciben su autoridad de parte de Dios, deben ser reconocidos públicamente como tales, por medio de la imposición de manos de otros apóstoles y profetas. Por ende, los pastores de las iglesias en una red apostólica, al igual que los miembros de sus congregaciones, deben reconocer públicamente también la autoridad de su apóstol[12].

5) Se acepta y se fomenta el gobierno de la iglesia a través de dinastías, o linajes, de liderazgo, permitiendo que la autoridad apostólica se pueda transferir o “impartir” de una generación a la otra, incluso entre familiares, a la más pura usanza de los reinados o de las empresas familiares[13]. Se considera al apóstol como un padre que “engendra” hijos espirituales, cuyo “patriarcado… le da legitimidad y, de paso, autoridad y respeto…”[14]. Quienes se alinean con este tipo de herencia espiritual entran en una “dependencia y sumisión al mandato, visión y comisión de un apóstol”[15]. Siguiendo esta práctica, algunos líderes han llegado a considerar que su misión es la de establecer ministerios apostólicos y proféticos alrededor del mundo, convirtiéndose en padres espirituales y mentores que dan cobertura a todos los que son invitados a unirse a las redes apostólicas[16].

6) El liderazgo apostólico expande su alcance mediante la formación de redes, cadenas de iglesias, coaliciones apostólicas voluntarias, o “redes de redes”, las cuales, a diferencia de las denominaciones, cuentan con un mínimo de control eclesiástico, legal o financiero, congregándose y sometiéndose, en torno a la figura de un reconocido Apóstol, quien las preside y les da cobertura.

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[1] Deiros y Wagner (1998). Ibid. Pág. 55-56.

[2] Deiros y Wagner (1998). Ibid, pág. 23.

[3] Wagner, C. P. (1981). Your church can grow: Seven vital signs of a healthy church. San Francisco: Harper and Row. Capítulo 4, pág. 61-76

[4] En el libro Terremoto en la iglesia (2000), Wagner cita constantemente a Donald Miller, profesor de la Universidad del Sur de California, quien en su estudio del protestantismo norteamericano (Reinventing American Protestantism, University of California Press, 1999) había observado que en la iglesias de nuevo paradigma (surgidas de 1970 a 1990): “el pastor principal establece la visión y define la cultura espiritual de la institución”, lo cual simplemente venía a confirmar las viejas ideas Wagner y otros seguidores de la teoría y práctica del iglecrecimiento como John Wimber.

[5] Thumma señala que las iglesias en crecimiento de las que habla Wagner son en su mayoría, el producto de un habilidoso líder espiritual, que denomina innovador/emprendedor espiritual, con suficiente permanencia en esa organización eclesial que, ella llega a reflejar la visión y personalidad, de esta carismática y muy bien dotada personalidad. Tumma, S. (1996). Exploring the Megachurch Phenomena: Their characteristics and cultural context, en http://hirr.hartsem.edu/bookshelf/thumma_article2.html, última visita 10/2/2016.

[6] Durante mi tiempo como coordinador regional latinoamericano para La Viña, en más de una ocasión pude observar cómo los pastores de la AVCUSA ,que interactuaban con sus pares latinoamericanos a través de las parcerías o partnerships, insistían en el nombramiento de un líder principal para cada congregación, a veces hasta prematuramente.

[7] Kay, W. (2007). Apostolic Networks in Britain. Paternoster Press. Pág. 170.

[8] C. Peter Wagner (2000). Terremoto en la Iglesia. Nashville (Tennessee-USA): Caribe-Betania), pág. 92

[9]Geivett D., Pivec H. (2014). A new Apostolic Reformation: A Biblical response to a worldwide movement. Wooster (Ohio, USA): Weaver Book Company. Kindle Edition.

[10] Campos, B. (2012). Teología Apostólica. Lima (Perú): Publicaciones Instituto Elías. Pág. 44.

[11] Geivett y Pivec (2014). Ibid.

[12] Wagner señala que eso sería equivalente a la falta de reconocimiento de los corintios a la figura apostólica de Pablo. En, Wagner, C.P. (). Apostles Today. Citado por Geivett y Pivec (2014). Ibid.

[13] Wagner (2000). Ibid., pág. 98.

[14] Campos (2012). Ibid, pág. 46-47.

[15] Campos (2012). Ibid, pág. 93-94.

[16] Campos (2012). Ibid, pág. 50.

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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