América Latina: Un contexto donde abundan los Apóstoles (Parte III)

Continuación del tema anterior titulado: ¿Odres Nuevos?

c.     ¿Redes apostólicas?

Topologías_de_red

William Kay, uno de los pocos que ha investigado las redes organizacionales apostólicas (aunque solo en Inglaterra), señala que:

…el movimiento carismático existe en los confines de las estructuras denominacionales clásicas y que el movimiento pentecostal creó sus propias tradiciones (y jerarquías). Cuando estas nuevas iglesias de la NRA surgieron[1], tenían la idea de evitar los comités y las maquinarias constitucionales, centrándose en redes relacionales alrededor de figuras apostólicas. Por lo tanto, son mucho más simples estructuralmente, así como en sus procesos de tomas de decisiones[2].

De esta manera, en lugar de asociarse en función de doctrinas o creencias, las iglesias apostólicas se unen alrededor de la figura patriarcal del apóstol que dirige la red, quien provee los elementos para su estabilidad y unidad[3]. Según Ed Stetzer, un estudioso de la plantación de iglesias contemporáneas, las redes, incluyendo las apostólicas, ya cambiaron la forma cómo las iglesias se vinculan ministerialmente y cómo colaboran en el campo misionero[4], ya que proveen la energía, motivación, lenguaje y canales de comunicación necesarios sin que los miembros se vean obligados a aferrarse a estructuras denominacionales con todo su bagaje de poder jerárquico, pesadas reglas, y requisitos económicos para el sostenimiento de su burocracia.

Siguiendo las teorías sobre redes de Manuel Castells, es posible observar que las redes apostólicas generalmente son abiertas y capaces de expandirse sin límites, integrando progresivamente nuevos nodos en la forma de otras iglesias, e incluso interconectándose con otras redes. Todo esto es posible mientras puedan comunicarse dentro de la red, usando los mismos códigos o referencias semánticos[5], que giran en torno a una variedad de elementos como la adoración, la guerra espiritual, las manifestaciones del Espíritu, la prosperidad, las estructuras celulares, el énfasis en la interpretación alegórica del Antiguo Testamento, su interpretación del reinado de Dios expresada en la narrativa dominionista, y un creciente número de otros aspectos teológicos, litúrgicos y culturales. Aunque, a decir verdad, también existe una variedad de otros principios, prioridades y prácticas que cada iglesia posee como parte de su idiosincrasia, los cuales, no necesariamente, son parte de las redes. Es por ello que para algunos, “las redes apostólicas constituyen una parte indispensable de los propósitos de Dios para su iglesia en los tiempos finales”[6], en el sentido de que, a pesar de su diversidad, contribuyen unificando a las iglesias y a los creyentes alrededor del trabajo restaurador que, según la mayoría de los adherentes de la NRA, debería anteceder al retorno de Cristo[7].

Lamentablemente, existe un vacío en relación al estudio de la NRA desde el punto de vista teológico, eclesiológico y sociológico. A pesar de ello, no debe resultar extraño que desde el ámbito latinoamericano hayan surgido algunos severos cuestionamientos a estas propuestas. Por un lado están los que critican duramente al aspecto teocrático del gobierno apostólico, especialmente por los antecedentes continentales de liderazgos dictatoriales, de caciques y patriarcas, con ambiciones autocráticas absolutistas:

… si el líder carismático o apóstol ha sido designado por Dios, ¿quién podrá cuestionarlo, o regular su campo de acción? Así el apóstol puede fácilmente convertirse en un líder vitalicio y, en el peor de los casos, en un jerarca caudillo.[8]

            Para Wagner, ese liderazgo prominente de los apóstoles está plenamente justificado pues éstos han demostrado con señales y prodigios que merecen el lugar que se les está dando. Además, según este razonamiento, ellos son escogidos por Dios y dotados con el don de apóstol, pero deben demostrarlo y ejercerlo públicamente, a través de su carácter y santidad[9].

Sin embargo, reconocidos teólogos, como el guatemalteco, recientemente fallecido, Emilio Antonio Núñez[10], han llamado la atención acerca del excesivo protagonismo dado a los apóstoles, lo cual Núñez asocia con “la tendencia moderna a magnificar posiciones personales y estructuras (piramidales) de gobierno eclesiástico”, en contraste con los modestos inicios pentecostales, caracterizados por un movimiento del Espíritu, sin figuras prominentes[11], funcionando en una especie de organización “sin líderes”[12].

Esa tendencia teocrática de la que habla Wagner también causa preocupación en muchos estudiosos. Por ejemplo, Bernardo Campos confirma, en un trabajo bastante extenso, las tendencias autocráticas de la NRA en cuanto a la gobernanza de la iglesia, haciendo referencia a la diferenciación progresiva que los apóstoles van adquiriendo por encima de los feligreses, e incluso, sobre las comunidades donde ellos desarrollan sus ministerios y deberían servir. Campos también advierte acerca de “la primacía de los apóstoles por encima de los ministerios”, lo cual afirma “antiguos patrones autoritarios”, añadiendo que:

Es obvio que si leemos este tipo de relaciones a la luz de la sociología de la religión tendríamos que calificarlas de caudillismo, el cual… desecha cualquier estructura racional, legal o de consenso entre los miembros de la agrupación. En su lugar, asentarán su poder en el hecho que el líder es siempre diferente y superior al resto de la masa, de la cual, se distingue y toma distancia por definición.[13]

Por el otro lado, también hay grandes dudas acerca de las estructuras organizacionales planteadas por la NRA, sobre todo, en lo que respecta a la interrogante de si ellas realmente vienen a superar, con una eclesiología más avanzada, los aspectos burocráticos y estructuralmente rígidos que han caracterizado a la iglesia constantiniana, representada por las denominaciones hasta ahora conocidas, incluyendo las más nuevas como es el caso de La Viña. Para Campos, se trata de un reordenamiento de la institucionalidad del cristianismo que anuncia el fin de las denominaciones y proyecta cambios profundos en “las estructuras burocráticas del sacerdocio”. Lo cual entra en sintonía con los planteamientos de Deiros respecto a la crisis y decadencia de la cristiandad tradicional, cuyas estructuras solo sirven para su auto-mantenimiento y no para el cumplimiento de la misión de la iglesia en el mundo[14]. Obviamente esto genera un sin fin de preguntas y reacciones. David Roldán, actual decano del Instituto Teológico FLET, se hace eco de algunas de ellas:

¿En qué medida el “nuevo paradigma apostólico” representa una superación de las denominaciones? ¿no sería posible pensar que las megaiglesias con sus “congregaciones satélite” hacen las veces de una denominación? ¿qué quiere decir esa “cobertura pastoral”, sino aquello que antes desempeñaban las denominaciones? ¿qué garantías tenemos como para no sospechar que estas redes apostólicas, o redes de megaiglesias, no vayan a caer en el mismo error que habrían caído las denominaciones?[15]

Estas preguntas son válidas en el sentido de que existen precedentes en la historia de la iglesia, y de las sociedades en general, sobre los inevitables procesos de institucionalización y burocratización de los movimientos. Demostrar este proceso en el caso de la NRA requiere de una labor de investigación académica que por ahora es muy limitada. Sin embargo, es posible observar en la literatura y sitios web de la NRA que durante estos últimos 20 años, ya se ha desarrollado una nomenclatura y cultura organizacional propia para las redes apostólicas, con el consecuente establecimiento de grados, posiciones y jerarquías dentro de esas estructuras.

Entre otros rangos, posicionales y funcionales, se habla de apóstoles eclesiales verticales que son los que proveen cobertura a las diferentes redes de iglesias (y organizaciones paraeclesiásticas); equipos apostólicos que se encuentran apoyando a los apóstoles eclesiales en la conducción de su ministerio; apóstoles especialistas en áreas específicas del ministerio de la iglesia; apóstoles congregacionales que presiden grandes megaiglesias; apóstoles convocantes que coordinan cónclaves entre pares, así como conferencias y retiros; apóstoles embajadores o itinerantes encargados de sembrar y catalizar movimientos apostólicos en diferentes regiones del mundo; apóstoles movilizadores, cuya función es reclutar y movilizar a grandes grupos de cristianos para causas y proyectos específicos; apóstoles territoriales los cuales se encuentran llamados a liderar y dar cobertura a regiones geográficas específicas, sean países, estados o ciudades; apóstoles sectoriales que proveen liderazgo y cobertura a los cristianos que se encuentran esparcidos en diferentes áreas de la sociedad como el gobierno, política, salud, universidades, industria, comercio, sector financiero o medios de comunicación[16]. Como puede verse, lo que es descrito como una estructura relacional sencilla, posee innumerables aristas y convoluciones que la hacen, hoy por hoy, sumamente compleja de describir[17].

En un tono bastante critico, J. T. Alblas, quien realizó un estudio acerca de la NRA en relación al movimiento de La Viña en Europa, señala que, a su modo de ver, los cambios principales que se observan en la iglesia se deben a la rápida evolución global que nos llevó del modernismo al postmodernismo, en un lapso de sólo treinta años. En ese sentido señala que hay otros modelos, aparte del apostólico propugnado por la NRA, que se están experimentando alrededor del mundo, y que muchas de las iglesias etiquetadas como apostólicas, especialmente en los textos de C. Peter Wagner, realmente no lo son tales. Para Alblas, se ha querido “promocionar una teología y modelo específico de iglesia”, cuyo carácter informal o relacional terminará, tarde o temprano, institucionalizándose, como la historia y la sociología lo han demostrado en numerosas ocasiones[18].

Leer la siguiente sección.


[1] Se refiere el autor aquí a unas 15 redes estudiadas, encabezadas por algún apóstol. Curiosamente, incluye aquí a La Viña del Reino Unido, con John Wimber como apóstol. Esto quiere decir que el concepto de apóstol que Kay maneja es mucho más amplio, incluyendo los que tienen estatus fundacional (A mayúscula) y los que se mueven en el ámbito misional (a minúscula).

[2] Kay, W. (2008). “Interview with William Kay”. King’s Evangelical Divinity School. https://www.kingsdivinity.org/theological-articles/133-interview-with-william-kay. Última visita 11/02/2016

[3] Geivett y Pivec (2014). Ibid. Citan a Bill Johnson fundador de Bethel Church en Redding (California) quien alude al hecho de que la unidad de las iglesias se produce en base al liderazgo apostólico y no la doctrina.

[4] Stetzer, E. (2016). Five Observations in the New Era of Christian Networks– and What Denominations Need to Learn. Christianity Today. 11 de abril. http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2016/april/five-helpful-observations-in-new-era-of-christian-networks.html. Última visita 12 de abril de 2016.

[5] Lord, A. M. (2010). Network Church: A Pentecostal ecclesiology shaped by mission. PhD Dissertation. University of Birmingham. http://etheses.bham.ac.uk/1246/1/Lord10PhD_A1b.pdf, última visita 11/02/2016.

[6] Canistraci, D. (1998). Apostles and the emerging apostolic movement. citado por Geivett y Pivec (2014). Ibid.

[7] De acuerdo con las creencias comunes entre los adherentes de la NRA, la parusía, o el retorno de Cristo, solo ocurriría una vez que se hayan infiltrado, influenciado y dominado una serie de áreas esenciales de la humanidad como: iglesia, familia, educación, comercio, ciencia y tecnología, política y gobiernos, medios de comunicación, las artes, la industria del entretenimiento y los deportes.

[8] Corpeño (2011). Ibid. Pág. 87.

[9] Geivett y Pivec (2014). Ibid.

[10] http://protestantedigital.com/blogs/35054/Emilio_Antonio_Nunez_maestro_y_pastor

[11] Núñez, W. A. (2001). El movimiento apostólico contemporáneo. Kairós, No 29, Julio-Diciembre, pág. 77-88

[12] Esta terminología también se asocia al movimiento apostólico misional, del cual también se hace necesario hablar, puesto que representa una tendencia que también ha afectado al movimiento de La Viña en América Latina, aunque en menor grado. Un buen texto para entender el “liderazgo sin líderes” al que hace referencia el Dr. Núñez, es el de Starfish and Spider: The Unstoppable Power of Leaderless Organizations (2006) (La araña y la estrella de mar: la fuerza imparable de las organizaciones sin jefe, Empresa Activa, 2007).

[13] Campos, B. (2009). Visión de reino: El movimiento apostólico profético en el Perú. Lima (Perú): Bassel Publishers. Pág. 114.

[14] Deiros y Wagner (1998). Ibid, pág. 50-51.

[15] Roldán, D. (2007). “Theologia Paulina Perennis: San Pablo en el interés de filósofos y teólogos del siglo XXI. Balance y perspectivas para la realidad latinoamericana”. Teología y cultura. Año 4, Vol. 7, pág. 1-47. http://www.teologos.com.ar/index.htm

[16] Geivett y Pivec (2014). Ibid.

[17] Solo para dar un ejemplo que he intentado describir en otros textos. Resulta bastante complejo describir la estructura de la Misión Carismática Internacional de Bogotá (Colombia), que se fundamenta en redes de grupos celulares que se forman mediante un mecanismo descrito como G-12. Partiendo de un concepto discipular relativamente sencillo en el cual se forman grupos de doce personas que se deben ir multiplicando progresivamente, resulta una vasta e inmensa estructura con una dinámica organizacional muy compleja, la cual requiere de grandes esfuerzos, humanos y financieros, para su mantenimiento a lo largo del tiempo.

[18] Alblas, J. T. (2004). A different breed: an evangelical assessment of Peter Wagner’s NAR to help the Vineyard define its position. Thesis. Evangelische Theologische Hogeschool. Ede, Holanda. Pág. 52

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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