América Latina: Un contexto donde abundan los apóstoles (Parte V y última)

Continuación del texto anterior titulado: ¿Un pueblo ávido?

¿Una nueva visión del reino de Dios?

La teología y la eclesiología de la NRA representan un desafío para La Viña latinoamericana pues existen una gran cantidad de temas que se solapan y que para muchos creyentes pueden resultar indistinguibles, pero junto a ellos hay otros aspectos que se distancian de la interpretación clásica que el movimiento ha preferido seguir. Claramente la NRA proviene de las mismas raíces carismáticas y pentecostales que le dan un peso fundamental a la obra del Espíritu Santo en la vida de los creyentes y en el impulso misionero de la iglesia. Igualmente sostiene la necesidad de los cinco ministerios, o ministerio quíntuple, basándose en Efesios 4:11, que consiste de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para la edificación de los santos. Enfatizando de esta manera la participación de todos los creyentes con sus llamados, dones y ministerios en el cumplimiento de la misión, dondequiera que ellos se encuentren. A la par de todo esto, la NRA usa un lenguaje en el que sobresale el tópico del reino de Dios, abrazando la creencia de que fue instaurado por Jesús y que su anuncio por parte de los creyentes va acompañado de señales y prodigios. Sin embargo, es justamente en la concepción de la teología del reino de Dios por parte de la NRA donde vamos a encontrar una diferencia sustancial, no solo con La Viña, sino con muchas otras denominaciones evangélicas, de allí que sea necesario clarificar algunos conceptos.

Howard Snyder[1] en su libro sobre Modelos del reino ha propuesto observar la manera en que las denominaciones, redes, iglesias y agrupaciones cristianas manejan una serie de polaridades presentes en la formulación de su teologías o “modelos” del reino de Dios, tales como: Presente-Futuro, Gradual-Repentino, Individual-Social, Celestial-Terrenal, Divino-Humano. El modelo del reino resultante del enfoque particular de estas tensiones se convierte en la narrativa fundamental que impulsa al grupo en cuanto a misión, ética social, visión, comprensión del poder y del servicio, concepto de salvación, enfoque del discipulado y desarrollo de sus estructuras eclesiales.

A Evange reino

George Eldon Ladd fue un controversial profesor de Teología del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Fuller. Su propuesta sobre la teología del reino está contenida en el texto “El Evangelio del Reino” originalmente publicado en 1959. Wimber conoció a Ladd durante el período de tiempo en el que trabajó como profesor adjunto del Instituto de Crecimiento de la Iglesia que dirigía C. Peter Wagner.

Para el movimiento de iglesias Viña, la teología del reino es el elemento teológico que, desde sus comienzos, se ha convertido en parte integral de sus principios, valores, y prácticas, en un aspecto central que determina el lenguaje y cultura de nuestras iglesias, y sobre todo en la clave hermenéutica esencial para entender nuestra aproximación al mensaje de evangelio, nuestra búsqueda de Dios, así como nuestra relación con el prójimo, especialmente, los necesitados, oprimidos, y enfermos. De la misma forma, provee un marco de referencia para nuestra comprensión del pecado, la maldad y la enfermedad, proporcionando una narrativa para el énfasis y la centralidad que le damos a las señales y los prodigios en nuestras comunidades y ministerios. La teología del reino determina también la postura escatológica que condiciona nuestra responsabilidad social, y nuestra opinión y participación política.

Este video muestra a John Wimber a mediados de 1997 enseñando sobre la historia del Movimiento Viña y sobre el Reino de Dios. Es justamente el año en que fallece, tiempos de gran lucha y de conflicto alrededor de los eventos de Toronto (ver esta entrada con más información al respecto)

Es bastante conocido que, en tiempos en los que la teología del reino era aún incipiente, Wimber aplicó las ideas de George Eldon Ladd[2] sobre el “evangelio del reino” de una manera creativa para explicar su experiencia con lo que denominó el evangelismo de poder. Por ello fue muy enfático en su deseo de que el movimiento, que surgía en aquellos años iniciales de la década de los 80, tuviera claro cuál era su concepto del reino de Dios, ya que, como Howard Snyder dice, “lo que pensamos acerca del reino de Dios es una clave acerca de nuestra propia comprensión del mensaje del evangelio”[3].

 

Frayed rope about to break isolated over a white background

No me cabe duda de que la concepción teológica del reino desarrollada por Wimber, se basó en la manera cómo él entendía el ministerio de Jesús y de cómo la iglesia debía continuar “haciendo sus obras” (doing the stuff). A partir de allí, La Viña comenzó a vivir las tensiones que la proclamación y la vida en el reino de Dios conllevan: un reino que ya se ha acercado (Marcos 1:15), pero que a la vez todavía hay que pedir que venga (Mateo 6:10); un reino que toca la intimidad de la persona (Mateo 13:44), pero que a la vez tiene dimensiones sociales (Lucas 13:29); un reino concreto que se manifiesta con evidencias y señales (Lucas 4:18-21), pero que pareciera no ser de este mundo (Juan 18:36); un reino que se instaura gradualmente (Marcos 4:26-28), pero que a la vez irrumpirá sorpresivamente (Mateo 25:1-6); un reino que depende de la presencia y gobierno de Dios (Lucas 19:11-27), pero que cada uno también debe buscar ávidamente (Mateo 6:33) y participar en él (Colosenses 4:11). No hay nada absoluto, todo está lleno de sorpresas, de expectativas, de esperanzas, del anhelo de la irrupción del reino en cada esfera de actividad del cristiano. Es este ethos de expectación, esperanza, sorpresa y riesgo lo que marca el desarrollo de La Viña como movimiento hasta los actuales momentos.

De igual modo, no es menos cierto que, la manera particular de entender, vivir, y proclamar el reino de Dios por parte de la iglesia ha tenido diversas variantes a lo largo de los últimos cincuenta años[4]. Incluso, muchos latinoamericanos ya hablábamos en los 70 y 80 de la teología del reino, especialmente por el interés en sus dimensiones sociales, como lo había propuesto la teología de la liberación[5], al igual que por el deseo de muchos de nosotros de ver a Jesús, no tanto como un hacedor de milagros, sino como un revolucionario modelo, un rey humilde, cuyo reinado ofrecía esperanza y redención a los pobres[6].

 

irrupcion del reino

“Las personas que pierden de vista el misterio del reino enfatizan un lado de la tensión, excluyendo el otro. Hay quienes prefieren los textos que se refieren a la ‘nueva criatura’ o al ‘caminar en victoria’, mientras que otros asumen los textos de ‘lamento’ o ‘desesperanza’, lo que hace que cada grupo desarrolle su propia doctrina o estilo de vida basado en su visión unilateral de las Escrituras” (Derek Morphew, Breakthrough, 1991)

 

Debido a las múltiples opciones que existen en la definición de las polaridades que Snyder nos propone acerca de la forma como entendemos el reino de Dios, no nos debe extrañar que la NRA, ya entrado el siglo XXI, también haya buscado desarrollar su propia teología del reino. Indudablemente que el aspecto cultural va a ser esencial, pues si un entorno de pobreza y opresión como el latinoamericano da lugar a una visión liberadora del reino, de la misma forma, una cultura de éxito, emprendimiento, prosperidad y poder político conducirá a un modelo del reino que se ajusta a las características y exigencias de esa sociedad. En los próximos párrafos trataré de describir algunas de las novedosas argumentaciones de la NRA para construir su modelo acerca del reino de Dios.

Aún cuando muchos de los iniciadores de la NRA a finales de los 90 y comienzos del siglo XXI, provenían del neopentecostalismo y de la tercera ola carismática, algunos estudiosos sugieren que la influencia teológica más importante proviene del movimiento pentecostal de la Lluvia Tardía que surgió en los Estados Unidos durante la postguerra en 1948, el cual, a pesar de ser rechazado por grandes denominaciones como las Asambleas de Dios, produjo ideas que llegaron a tener una gran influencia en el mundo evangélico de los años 60 y 70[7]. Particularmente notorio fue su rechazo del inminente rapto de la iglesia el cual sería seguido del retorno visible de Cristo. Es a partir de allí que nace una novedosa interpretación del reino como un dominio divino expansivo, una especie de “era del reino”, que la iglesia debía instaurar y regir progresivamente en toda la tierra, hasta alcanzar autoridad plena en esferas muy concretas de la actividad humana en todos los países del mundo. Dicho en palabras de uno de los ideólogos de la NAR, se trata de dejar de creer que la sociedad empeora cada día y entender que:

… el mandato de Dios es transformar la sociedad para que ella mejore más y más… antes del retorno de Jesús, la iglesia crecerá en gloria, unidad y madurez. El reino de Dios se expandirá y avanzará hasta que cubra toda la tierra.[8]

Como lo señala Bernardo Campos, en su detallado estudio sobre la NRA, “la centralidad del Reino de Dios es a todas luces lo determinante en (su) teología.. es lo que definirá en el futuro la arquitectura de su teología”, añadiendo que:

… El reino de Dios viene a ser considerado como el ejercicio del poder divino y de su providencia sobre los hombres, como la realización de su plan de salvación. Esta idea del Reino de Dios como salvación hay que tenerla siempre en cuenta, pues pertenece a las líneas esenciales del concepto. Pero se trata de una salvación que empieza y termina aquí en la tierra como fin último del hombre. Procedemos de la tierra y nuestro destino es la tierra, no el cielo.[9]

Cristo pasa a ser visto como “rey de la tierra, de las naciones, del universo”[10] y la iglesia se convierte en agente de ese reino, un “reino de sacerdotes y gente santa” o de “reyes y sacerdotes” (Apocalipsis 1:6), cuya función es instaurar ese reinado en la tierra, aquí y ahora. Obviamente, si volvemos a las polaridades de Snyder, nos encontramos frente a un modelo donde el ya del reino domina sobre el todavía no, este pequeño cambio semántico con respecto al ya-pero-todavía-no de la Viña, tiene grandes consecuencias en la cosmovisión y la eclesiología de la NRA. Según este modelo el reino “no es una realidad futura; está presente ya, aunque aún no sea completamente visible o manifiesto”[11]. ¿Qué significa que Dios sea el rey sobre todas las cosas en el cielo y en la tierra, y que gobierne sobre el orden social, político y económico de las naciones, aquí y ahora? Básicamente, se trata del establecimiento de un gobierno teocrático, donde los justos y santos que conforman la iglesia pasan a jugar un papel fundamental en la conducción de este nuevo orden sometido a la soberanía de Dios, en los términos que establece la profecía en Daniel 7:27:

El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos.[12]

La restauración del dominio originalmente otorgado por Dios a los hombres y mujeres en Génesis 1:26-28, se logra a través del sacrificio de Jesús en la cruz y por el poder de su resurrección. De esta manera, el nuevo Adán devuelve a los cristianos la autoridad y el gobierno sobre la creación, incluyendo a las huestes espirituales, por lo que la labor de la iglesia es básicamente restablecer el dominio de Dios en la tierra. Por ello, no resulta complicado conectar las ideas anteriores con el mandato evangelístico en Mateo 28:18-20, donde Jesús resucitado declara que toda potestad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, por lo tanto, sus discípulos deben ahora ir y hacer discípulos a todas las naciones. Es decir, no se trata solo de que ocurra la conversión de las personas a Cristo, sino que las naciones en pleno se sometan al dominio de Dios, lo que implica cambios masivos en los sistemas sociales y políticos de ciudades, regiones y países. C. Peter Wagner iguala este mandato evangelístico con lo que denomina el mandato de dominio que incluye todas las esferas espirituales y terrenales, el cual, según él, la iglesia comenzó a ejercer a partir del inicio de la llamada “segunda era apostólica” en el año 2001 (el comienzo de la NRA, según Wagner)[13]. El ejercicio de este mandato de dominio requiere, por el lado del aspecto espiritual, que las fuerzas satánicas y sus jerarquías (principados y potestades, Efesios 6:), las cuales han mantenido a las naciones subyugadas, sean derrotadas a través de diversos armamentos de guerra espiritual[14], que deben aplicarse estratégicamente para quebrantar sus baluartes y socavar su dominio sobre individuos, líderes, autoridades e instituciones[15]. Por el otro lado, en el aspecto material o terrenal, la iglesia debe proactivamente recuperar el dominio de todas las áreas del quehacer humano, lo cual implica involucrarse e insertarse en sectores de la sociedad y la cultura que habían sido tradicionalmente desestimados por los líderes cristianos. El apóstol brasileño Fernando Guillen explica la dimensión terrenal del mandato de domino de la siguiente manera:

La Gran Comisión no significa ministrar solamente para que las personas sean salvas, el propósito eterno de Dios va más allá de la salvación, ella es simplemente la puerta de entrada del Reino de Dios. Discipular a las naciones implica remover los sistemas por medio de los cuales el mundo actúa, controlando nuestra educación, economía, familia, política, artes, medios, entre otros, e insertando en todos los segmentos de la sociedad, el sistema de justicia y de verdad del Reino.[16]

Tal manera de concebir la Gran Comisión, más como un mandato de dominación que desde otros puntos de vista como la compasión y la misericordia, ejercidas desde la vulnerabilidad personal y de la identificación con los necesitados y oprimidos, da lugar dentro de la NRA a ciertas concepciones eclesiológicas bastante novedosas. Por ejemplo, la idea de que existen apóstoles territoriales que tienen responsabilidad sobre regiones geográficas específicas, sean países, estados o ciudades, además de designarlos como los llamados para dirigir la guerra espiritual en rescate de esos territorios, una estirpe de generales o comandantes de una armada eclesiástica que busca restablecer el dominio perdido. Siguiendo el mismo enfoque del reinado y del dominio terrenales de la iglesia, se habla insistentemente de la llamada iglesia de la ciudad, una estructura, en la forma de una red, que pretende englobar a todas las iglesias de una ciudad o región bajo el liderazgo de un apóstol (o grupo de apóstoles) quién ejerce autoridad, dirección y establece fundamentos en ellas. La iglesia de la ciudad se organiza y prepara conquistar esas ciudades y establecer el reino y su dominio en ellas.

Otra punta de lanza en el mandato del dominio, quizás mucho más importante que la de los apóstoles territoriales y la iglesia de la ciudad, son los llamados apóstoles sectoriales, quienes buscan penetrar e influenciar los gobiernos nacionales y locales, la política y sus organizaciones, el sector salud, la academia, las industrias, el mundo de los negocios, así como en los medios de comunicación tanto impresos como electrónicos, sea la TV, el cine o las plataformas digitales. Estos apóstoles se encuentran entre los gerentes de empresas, rectores de universidades, directores y productores de TV y cine, jueces, parlamentarios y cualquiera que está en capacidad de influenciar la sociedad y que tiene acceso a sus dirigentes, recursos y riquezas. Debido a su prestigio, posición, conocimientos, influencia, o bien, poder económico, poseen una capacidad especial para batallar contra los principados y potestades que se encuentran detrás de los sistemas sociales, estableciendo el reino de Dios y recuperando el dominio espiritual sobre empresas, gobiernos, instituciones, universidades, tribunales, medios y muchas otras áreas de la actividad humana[17].

Una de las consecuencias de tal visión del reino de Dios, que pretende el dominio de las sociedades por parte de la iglesia, es que el movimiento de la NRA se ha volcado hacia la esfera política ganando posiciones gracias a la influencia que potencialmente puede ejercer sobre millones de votantes[18]. Bernardo Campos, citando a Oscar Amat y León, señala que:

… esta propuesta teológica habla de una especie de “destino manifiesto” de los cristianos de asumir posiciones estratégicas de poder y gobierno en las diferentes esferas de influencia de la sociedad… a fin de reconstruir nuestros países desde los cimientos morales y espirituales, basándose en una particular cosmovisión del Antiguo Testamento y el uso de la ley civil como expresión de la voluntad de Dios para las relaciones humanas en comunidad…[19]

En ese sentido uno puede observar cómo el mandato de dominio puede ser extremadamente contradictorio y hasta cierto punto peligroso. Recuperar el, supuestamente perdido, protagonismo o autoridad de la iglesia en la esfera política puede implicar el despliegue de ideas contrapuestas, como la de que algunos apóstoles apoyen políticamente a gobiernos de izquierda, como lo fue el de Hugo Chávez en Venezuela, o que, por el contrario, se lo den a la ex-candidata derechista a la presidencia del Perú Keiko Fujimori, y que aún otros en los Estados Unidos le estén dando un espaldarazo al candidato presidencial de extrema derecha, Donald Trump[20].

En el primer caso, algunos apóstoles venezolanos, basándose en cúmulo de profecías y revelaciones recibidas a lo largo de varios años de diversos emisarios de la NRA[21], apoyaron abiertamente los gobiernos de Hugo Chávez (desde 1998 a 2012) hasta su fallecimiento en 2013. A pesar de lo peculiar de estos apoyos, pocos estudios serios se han realizado acerca de ese fenómeno, porque teóricamente, la teología de la liberación, tanto católica como protestante, debería ser la principal influencia religiosa de los gobiernos de izquierda latinoamericanos, sin embargo, un gran número de apóstoles venezolanos de la NRA se apuntaron como seguidores del socialismo del siglo XXI. La siguiente cita proviene de una investigación sobre la politización de los evangélicos en Venezuela, la cual menciona al apóstol Raúl Avila[22] en algún momento del año 2002, a raíz del golpe de estado del mes de abril, quien afirma haber recibido:

… doce años de “profecías” … sobre el conflicto que pasaría en Venezuela. Estas profecías revelaron que Dios tiene una “unción especial” para Venezuela, que le vendrá a Venezuela un “tiempo de juicio” el cual serviría para sanar a Venezuela y prepararla para ser “un faro de libertad para América Latina”. Todos estos análisis y profecías llevan al apóstol Ávila a una justificación evangélica para estar “con el proceso”: “así que hermanos, más allá de la crítica que usted me haga, yo prefiero obedecer a Dios y sostener a ese hombre [Chávez] en oración y creer en él, que Dios lo va a guardar, porque yo no sostengo una bandera política, yo creo en una palabra de 12 años, Dios tiene el control de Venezuela”… Ávila contó que … Dios le habló y le dijo que iba a quebrantar “el espíritu soberbio de Chávez” y que quería que Ávila lo pastoreara[23]. Chávez recibió al Señor a través de él y a Ávila se le hizo claro el “propósito de Dios para con él [Chávez] y para con la nación…” (pág. 175-176).[24]

A pesar de las distancias, geográficas, sociales, políticas y hasta idiomáticas, uno no puede sino sorprenderse por la similitud entre las características de las expresiones de apoyo y validación, supuestamente proféticas, emitidas por los apóstoles y profetas venezolanos con las que comienzan a desplegarse a lo largo y ancho de los Estados Unidos de Norteamérica a raíz de la campaña presidencial del año 2016. Para ilustrar esto veamos el caso de Lance Wallnau, un apóstol sectorial que se especializa en liderazgo, desarrollo y transformación organizacional, quien también es un vigoroso proponente del mandato del dominio a través de una estrategia conocida como los Siete Montes (o las siete áreas que moldean la cultura de una nación: Familia, Religión, Educación, Gobierno, Medios, Artes y Negocios)[25], también es el proponente de una curiosa profecía que de alguna manera pretende justificar al señor Trump como el candidato escogido por Dios para ser el presidente número 45 de los EEUU[26]. Algunas de sus palabras han aparecido en diversos medios[27] y en youtube señalando que Dios le ha dado a Trump una “unción con el manto de gobernante”, que se trata de un líder según el arquetipo de Ciro, pues, según su interpretación “profética” de Isaías 45:1, “someterá a su dominio (de los Estados Unidos) a las naciones y despojará de su armadura a los reyes, para abrir a su paso las puertas y dejar abiertas las entradas”, agregando que:

Así como Ciro autorizó a Nehemías para “levantar los muros” alrededor de Jerusalén, de la misma manera surgirá una nueva energía entre los reformadores sociales e intercesores para reconstruir espiritualmente los muros caídos alrededor de los Estados Unidos[28]. Ellos trabajarán codo a codo con los Esdras, una asociación apostólica de maestros y edificadores de iglesias quienes ayudarán a fortalecer las manos de los Nehemías que en vecindarios, ciudades y condados intentarán reconstruir las comunidades durante un tiempo de reset (reinicio) que vendrá (en la nación).[29] 

siete montes

Si bien es cierto que la idea de que la iglesia no sea indiferente a los problemas sociales y políticos de las naciones es muy importante en los momentos de conflictividad y violencia que vivimos en estos tiempos. Sin embargo, ello tiene que ser hecho en correspondencia con los valores del reino, desde una postura de vulnerabilidad, de encarnación entre los necesitados y oprimidos y no desde lugares de privilegio y poder, defendiendo posiciones políticas que pretenden acumular hegemonía y poder, sean de izquierda o de derecha. La teocracia propugnada por la NRA puede entenderse como una forma de incidir en la cultura y la sociedad con el fin de establecer una agenda de dominación, donde los no creyentes sean sometidos a los designios de unos cuantos líderes religiosos que se han proclamado como apóstoles y profetas, únicos receptores de la revelación divina.

A manera de conclusión

En los párrafos precedentes hemos visto cómo la Nueva Reforma Apostólica (NRA) ha ido desarrollándose en América Latina a lo largo de los últimos quince años, en paralelo con la introducción del Movimiento de Iglesias La Viña en nuestro continente. En ese proceso uno puede percibir cómo la NRA ha avanzado vertiginosamente, encontrándonos hoy en día con que casi cualquier poblado, de nuestros países de habla hispana o portuguesa, tiene uno a varios apóstoles y numerosas redes de iglesias asociadas que han renunciado a sus denominaciones de origen para incorporarse, bajo la cobertura de un apóstol, a este movimiento. A través del desarrollo progresivo y ensayo de nuevas ideas, a veces mediante parches de atrevidas formulaciones anteriores (prosperidad, super-fe, etc.), otras rescatando viejas ideas del baúl de los recuerdos de otros movimientos pentecostales (Lluvia Tardía), su teología y eclesiología ha ido adquiriendo un cuerpo, a partir de una base inicial neopentecostal y carismática (Tercera Ola) similar a la que dio origen a La Viña. Aunque la distinción parece elemental y mínima, el cambio semántico de la teología del reino, del reino de Dios ya-pero-todavía-no al reino ya, produce modificaciones sustanciales en cuanto a la manera de interactuar con el mundo, la interpretación de los conflictos espirituales, la misiología, la cristología, hasta incluso la liturgia y las formas organizacionales de la iglesia. Sin embargo, como lo expresé en otras entradas de este blog, es importante entender muy bien esta nueva tendencia dentro del cristianismo protestante latinoamericano, porque tal como están las cosas, me anticipo a observar que la NRA continuará avanzando en el continente y tendremos que convivir con estas iglesias, e incluso, colaborar con ellas en los años sucesivos. Por esta razón es necesario seguir ahondando en su estudio desde la teología, eclesiología, antropología y sociología. Espero que estas líneas motiven a algunos lectores en ese sentido.

En este link puede encontrar el documento completo, incluyendo Partes I a V, en formato PDF: Apóstoles latinoamericanos (Fernando Mora, 2016). También puedes leer un texto adicional sobre el proceso de La Viña en Brasil en Dando sentido a una compleja realidad (Fernando Mora, 2016).


[1] Snyder (2001). Ibid.

[2] Ladd, G. E. (1985). El Evangelio del Reino. Miami (Florida-USA): Editorial Vida.

[3] Snyder, H. (2001). Models of the kingdom. Eugene (Oregon): Wipf and Stock Publishers.

[4] Algunos autores, como por ejemplo, Piñero A. (2012. Notas críticas a la presentación usual hoy del reino de Dios según Jesús de Nazareth. Revista de Ciencia de las Religiones. 17:119-147), señala que: “el tema «reino de Dios» en la proclamación de Jesús de Nazaret es quizás inabarcable por su complejidad y por sus poliédricas implicaciones. Puestas en fila, las obras serias de exégesis y exposición crítica sobre el tema desde los inicios del siglo XIX ocuparían metros y metros de plúteos en una biblioteca. Por tanto es inútil reseñar ni siquiera una lista somera”.

[5] Sobrino, J. (1986). La centralidad del “Reino de Dios” en la teología de la liberación. Revista latinoamericana de teología. Vol. 3, no. 9, p. 247-281.

[6] Arias, M. (1980). Venga tu reino. México: Casa Unida de Publicaciones.

[7] Budiselić, E. (2015). The problema of “Kingdom Now” theology challenge. Kairós. 9:2, Pág. 143-170.

[8] Wagner, C. P. (2008). Dominion! How Kingdom Action Can Change the World. Grand Rapids (Michigan): Chosen Books, Pág. 61.

[9] Campos, B. (2009). Visión de reino: El movimiento apostólico-profético en el Perú. Pág. 68-69.

[10] Campos B. (2009). Ibid. Pág. 67

[11] Snyder (2000). Ibid, pág. 86.

[12] La Biblia de Nuestro Pueblo (2006). Bilbao (España): Ediciones Mensajero.

[13] Esta es una versión resumida de la doctrina del mandato de dominio presentada por C. Peter Wagner alrededor del 2014, https://www.youtube.com/watch?v=7WboWrp-Cwo

[14] Es importante señalar que todo el tema de la guerra espiritual y el movimiento de intercesores que se desarrolló a principios de los 90 es un pilar fundamental de la NRA. Sería muy importante hacer una revisión de este movimiento en relación con los valores de La Viña, algo que intentaré más adelante para no hacer esta entrada al blog excesivamente extensa.

[15] Algunos teólogos ven como preocupante que las prácticas de la guerra espiritual territorial hayan tomado el lugar de la evangelización, dándosele prioridad a la “batalla sobre los aires de un país” que a la encarnación misional. En lugar de dedicársele tanto tiempo a la identificación obsesiva de las fuerzas demoniacas que supuestamente controlan ciertos territorios, los cristianos misionales deben encarnarse en esos lugares y con la autoridad de Cristo ayudar a las personas a ser libres de las obras de Satanás en sus vidas, lo cual requiere el poder del Espíritu Santo y ser movidos a compasión, imitando a Jesús.

[16] Guillen, F. (2009). Se7e Montes. Belo Horizonte (Brasil), Pág. 38

[17] Geivett y Pivec (2014). Ibid, pág. 138

[18] Geivett y Pivec (2014). Ibid, pág. 25

[19] Amat y León O. (2000). Carisma y política: Motivaciones religiosas para la acción política en el Perú contemporáneo. Lima (Perú): IPER, pág. 3, citado en Campos B. (2009). Ibid. pág. 105

[20] https://www.youtube.com/watch?v=iAtk6vCpXZI

[21] Muchas de estas profecías están contenidas en el libro de Raúl Ávila, ¿Posición Política o Palabra Profética? (Caracas (Venezuela): Publicaciones del Centro Cristiano para las Naciones, 2003). Diversos apóstoles y profetas las han expresado como Harold Caballeros, Cindy Jacobs, Rony Chávez y hasta el propio Ávila. Ver algunas de ellas en http://www.aporrea.org/actualidad/a27901.html

[22] http://ccnven.net/site/nosotros.php?id=1&

[23] En este punto conviene observar la declaración misionera de la red de iglesias bajo la cobertura de Ávila: “Predicar el evangelio del Reino para ganar personas para Jesucristo, formar discípulos para enviarlos a predicar y gobernar, con el fin de transformar la ciudad, la nación y el mundo con el mensaje del evangelio”. Nótese el énfasis en el tema del gobierno como aspecto crucial del resultado de la conversión.

[24] Smilde, D. (2004), Los evangélicos y la polarización: la moralización de la política y la politización de la religion. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. 10:2, pág. 163- 179.

[25] http://lancewallnau.com/7m-strategy/discover-7m/

[26] https://www.youtube.com/watch?v=iAtk6vCpXZI

[27] http://christiannews.net/2015/11/05/prophetic-prayer-claims-god-has-given-donald-trump-anointing-for-mantle-of-government/

[28] Esta es una clara alusión, ahora acompañada de una justificación con tintes proféticos, acerca del polémico plan de Donald Trump de construir un muro divisorio entre Estados Unidos y México, con el fin de evitar el paso de los inmigrantes ilegales.

[29] https://lancewallnau.clickfunnels.com/tom-delay-part-1-28962623

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