¿Discipulado o dominación?

El artículo previo en esta serie lo puede encontrar aquí.


No está muy claro cuáles fueron las influencias teológicas iniciales que César Castellanos tuvo, previo a la implantación del modelo G-12, en los comienzos de la Misión Carismática Internacional. Sobre esto hay solo textos especulativos publicados en Internet de los cuales prefiero no hacerme eco. Extrañamente, faltan análisis más críticos desde el punto de vista teológico/académico acerca de este modelo eclesiológico tan divulgado en nuestras latitudes, salvo algunas tesis de maestría y doctorado que se abocan más a los aspectos sociológicos y antropológicos asociados con los modelos de iglesia celular en general. Sin embargo, en algunos de sus rasgos, el gobierno de los doce o G-12, tiene una similitud bastante cercana a otro mover evangélico del siglo XX, que estaba en su apogeo durante los años previos al nacimiento del movimiento de La Viña en California, y que ha sido también vinculado como precursor de la Nueva Reforma Apostólica. Se trata del Movimiento de Pastoreo o Movimiento de Discipulado, o Shepherding Movement como se le conoce en inglés, el cual llegó a tener, en su momento cúspide, cerca de 1982, más de 100000 adherentes y unas 500 iglesias asociadas. David Moore ha estudiado en detalle el surgimiento, desarrollo y fracaso del movimiento de pastoreo entre 1970 y 1986, desde diversos ángulos, incluyendo su eclesiología, la cual considera como central entre las razones que llevaron a su rápido crecimiento. En ese sentido señala que:

…nada distinguió más al movimiento que sus enseñanzas sobre el cuidado pastoral. Cada creyente debía tener una relación personal, definida y comprometida con un pastor, afirmada por un acuerdo verbal, y en ocasiones escrito. La necesidad de tener “cuidado pastoral personal” era la piedra angular de la práctica eclesiológica del movimiento. Una persona se unía a las iglesias del movimiento mediante el establecimiento de relaciones formales con un pastor, una práctica que alarmaba a algunos observadores, quienes pensaban que ello le otorgaba una dimensión soteriológica a la relación entre pastores y ovejas. (Pág. 262)… En el movimiento, las iglesias caseras o los grupos celulares dirigidos por estos pastores eran los bloques constitutivos de la estructura… no eran grupos auxiliares, sino el epicentro de la vida de la iglesia… Se enseñaba que, el camino hacia el ministerio era a través de una relación de sujeción a un pastor. Bajo ese líder, un hombre[1] debía demostrar ser responsable en los aspectos naturales de la vida: familia, trabajo, finanzas, mayordomía de las posesiones, un proceso que lo preparaba para el liderazgo espiritual (Pág. 264)… Las iglesias dentro del movimiento eran dirigidas por un pastor principal quien se sometía a uno de los cinco (fundadores del movimiento[2])… o a quienes ellos lo hubiesen delegado. El pastor local cuidaba de otros pastores dentro de la congregación, quienes a su vez se encargaban de hasta diez personas en cada iglesia casera o célula (Pág. 265)[3]

Sin embargo, resulta interesante resaltar que las ideas sobre esta particular eclesiología, aparentemente habían surgido como producto de la visita a la Argentina de Bob Mumford, uno de los cinco líderes principales del movimiento de pastorado[4]. El objetivo era conocer de primera mano el sistema establecido por un pastor de las Asambleas de Dios, Juan Carlos Ortiz, quien luego sería invitado a predicar en una conferencia en Fort Lauderdale (Florida, Estados Unidos) por Mumford y los otros líderes de su movimiento. De los sermones de la conferencia se publicaría, en 1975, un libro sobre discipulado que se popularizaría ampliamente dentro del movimiento, en muchas otras denominaciones y hasta grupos paraeclesiásticos[5]. La motivación de Ortiz para enfatizar el discipulado radical está expresada en sus propias palabras así:

Un día, leyendo el Evangelio según Mateo, vi que Jesús dijo que todas las multitudes eran como ovejas sin pastor, y él escogió doce discípulos. Dije para mí mismo: “Es tiempo de cambiar”. Yo tenía una congregación parecida a un club. Era como un orfanato y yo era el Reverendo Juan Carlos Ortiz, director del orfanato. Cuando comprendí esto, decidí comenzar una nueva iglesia subterránea en mi casa. Juanito se robó un grupo de miembros del Reverendo Ortiz y comenzó a discipularlos. Yo era Juanito. En esta nueva estructura ya no precisaba ser “reverendo”. Sólo Juanito. ¿Usted sabe por qué? Los clubes están fundamentados en la pretensión y el prestigio humanos. La verdadera Iglesia está fundamentada en Jesús. Si a Él lo llamamos por Su primer nombre, ¿por qué no a mí? Entonces di mi vida a esos discípulos. Trabajé con ellos. Fuimos al campo juntos. Vivimos juntos. Comimos juntos. Les abrí mi casa. Vinieron a dormir en mi casa… Nos convertimos en una familia. Después de seis meses, más o menos, pues no fue de un día para otro, esas personas estaban tan cambiadas, que todo el orfanato notó esto… Las personas iban a ellos para oración y consejo. Al cabo de de seis meses más, les permití sustraer otros miembros de la iglesia del Reverendo Ortiz, a fin de hacer de ellos discípulos. Seis meses más adelante, a esos también se les permitió robar otros miembros. Llevó casi tres años, pero finalmente todos los miembros fueron robados, y el orfanato fue transformado en una familia[6]. (Págs. 191-192)

Lo que Ortiz describe es su propia estructura celular, específicamente diseñada para formar discípulos que vivieran según los valores bíblicos, cosa que resultaba bastante atractivo para muchas creyentes que soñaban con una iglesia más parecida a las del Nuevo Testamento. Se trataba de un sistema que requería una gran inversión de tiempo de parte de los discípulos, los cuales debían asistir hasta a tres grupos a la semana, para evangelismo, pare ser pastoreado por otro líder, y para asumir el discipulado de otros líderes en formación, algo bastante parecido al sistema G-12 de Castellanos. Además de eso, durante otra noche más a la semana, había una reunión colectiva con todos los líderes. Las reuniones se extendían de cuatro a seis horas, por lo que era necesario descansar dos noches durante la semana, dejándose el servicio dominical para la noche, a fin de que las personas tuvieran el día libre. Los miembros de los grupos trataban de ayudarse mutuamente en las necesidades que surgían, minimizando el uso de títulos, aparte de sujetarse a sus líderes, quienes teóricamente debían ejercer su autoridad con gracia. Un poco más adelante, para 1986, Ortiz expresaba enfáticamente unas palabras que, suenan extremadamente similares a las de Castellanos en lo que respecta a los grupos de doce, en las que recomendaba que:

No se deben añadir nuevos miembros al grupo pequeño de discípulos. Jesús no añadió a más nadie al grupo de los doce. Cada vez que se añade a una nueva persona en el grupo se tiene que comenzar con el ABC de nuevo y detener el crecimiento. Quien gana a una nueva persona debería comenzar un nuevo grupo en su casa y seguir añadiendo personas hasta que se alcanza un cierto número. Entonces, los miembros del nuevo grupo tienen que abrir sus casas y comenzar nuevos grupos con nuevas personas, y así sucesivamente…[7]

No es de extrañar que las ideas de Ortiz probadas primero en Argentina a comienzos de los 70 y en otros países latinoamericanos[8][9], junto con las del movimiento de pastoreo en los Estados Unidos y las de Watchman Nee en China, con su famoso libro Autoridad Espiritual, puedan haber influenciado a César Castellanos en los inicios de la MCI en 1983. Precisamente en esos años, ambos textos el de Nee, y el de Ortiz, Discípulo[10], se hicieron extraordinariamente populares entre los evangélicos latinoamericanos. Por ejemplo, Nee enseñaba que, cada persona debía tener una “cobertura” del Señor, refiriéndose a una persona con autoridad delegada, que debía ser imitada, obedecida incondicionalmente, y a la cual se le debían confesar todos los pecados. Además de ello, otros movimientos que usaron las mismas ideas se extendieron por América Latina, como por ejemplo el Ministerio Maranatha fundado por Bob y Rose Weiner, quienes tenían células universitarias e iglesias de jóvenes en varios países del continente[11], al igual que la Renovación Carismática Católica (RCC), ambos muy influyentes entre los grupos juveniles de finales de los setenta y comienzos de los ochenta.

En el caso de la RCC, los fundadores comenzaron con la realización de lo que se denominaba el cursillo de cristiandad, un tipo de formación espiritual que se desarrolló en 1949 en España[12]. Dentro de la realización de esas actividades varios de sus líderes recibieron el bautismo del Espíritu Santo y así nació el movimiento de católicos pentecostales en febrero de 1967, durante un retiro en la Universidad de Duquesne (Pittsburgh, Pennsylvania)[13]. Aparte de los numerosos grupos de oración carismáticos que florecieron en muchas parroquias de los Estados Unidos, dos comunidades se fundaron en Ann Arbor (Michigan) y South Bend (Indiana) a partir de las cuales una red de comunidades de pacto se extendió en los Estados Unidos y en América Latina, llamada Sword of the Spirit (SOS, o Espada del Espíritu en español)[14]. Esas comunidades fueron influenciadas por las enseñanzas del movimiento de pastoreo a través de Steve Clark quien escribió numerosos artículos y libros sobre el tema, sosteniendo que “la autoridad efectiva y la subordinación son cruciales para lograr una comunidad exitosa..”, ideas que estaban en completa sintonía con las que ya venían siendo implementadas por los grupos discipulares fundados por el movimiento de pastoreo.

Es por ello que de alguna manera los dirigentes iniciadores de la RCC, los cinco líderes principales del movimiento de pastoreo, así como otros líderes invitados se unieron en 1974 en lo que denominaron un “Concilio”, donde podían compartir y ayudarse mutuamente, a la vez que desarrollar proyectos. El concilio pretendía lograr la cooperación entre comunidades diversas, tanto como el intercambio y el avance de ideas y enseñanzas sobre el discipulado y el mover del Espíritu Santo. El mismo estuvo integrado por Don Basham, Ern Baxter, Steve Clark, Ralph Martin, Bob Mumford, John Poole, Derek Prince, Charles Simpson, Larry Christenson, Paul DeCeller y Kevin Ranaghan, hombres que provenían de diferentes tradiciones cristianas, pero que ya estaban envueltos en el desarrollo del movimiento discipular en gran escala. Este Concilio fue en parte responsable de la famosa Conferencia Ecuménica de Renovación Carismática de Kansas City en 1977 que atrajo a millares de personas, en su gran mayoría católicos[15] y que le dio a todas estas comunidades de pacto y al discipulado radical un impulso vertiginoso.

Lamentablemente, lo que parecía un mover extraordinario del Espíritu Santo empezó a confrontar serias dificultades debido a los abusos espirituales que se comenzaron a cometer en las comunidades de discipulado. David Moore lo expresa de la siguiente manera:

El énfasis del movimiento de pastoreo en las relaciones pastorales verticales produjo con gran facilidad tendencias autoritarias. A los líderes se les adjudicaba un rango de autoridad amplio y significativo que a menudo terminaba usándose incorrectamente. La intención conceptual de Mumford y del resto era desarrollar la madurez, no el abuso o el control de los miembros. Los cinco líderes creían que la naturaleza voluntaria de la relación pastoral o de discipulado sería el salvavidas en contra de cualquier abuso de autoridad. Estaban equivocados.[16]

Poco a poco se dieron cuenta que era difícil balancear el nivel de autoridad sano, tanto bíblicamente como sicológicamente, con el libre albedrío de las personas y con el deseo de que maduraran y crecieran como discípulos, dentro de una sociedad cuya cultura empujaba hacia el la carnalidad y la superficialidad, el individualismo y la independencia de cada persona. El resultado fue que los niveles de pastoreo, discipulado, cobertura y autoridad ejercidos[17], producían, en respuesta, niveles de sujeción, sumisión, rendición de cuentas, y pasividad tóxicos, lo que pronto enfermó las comunidades y desencadenó el progresivo desmembramiento del movimiento. Aunque el proceso de desintegración y mutación del movimiento tomó varios años, fue en 1990, en el número de Enero/Febrero de la revista Ministries Today, cuando Bob Mumford hizo públicamente su declaración pidiendo perdón por los abusos cometidos por el movimiento, añadiendo entre otras cosas que:

La rendición de cuentas, el entrenamiento personal bajo la guía de otra persona, así como el cuidado pastoral efectivo son conceptos bíblicos necesarios. Para que ellos sean preservados se requiere una madurez espiritual verdadera. Estas prácticas bíblicas deben realizarse dentro de los límites indicados por el Nuevo Testamento. Sin embargo, para mi dolor y pesar, el énfasis en estos conceptos particulares conduce con facilidad a la sumisión enfermiza, lo que da como resultado una perversa obediencia a líderes humanos que es contraria a la Biblia.[18]

“El movimiento de discipulado produjo una sumisión insana que, llevó a una obediencia perversa y antibíblica a líderes humanos… Por las heridas y la vergüenza causadas, me arrepiento con gran tristeza y les pido su perdón…” [Bob Mumford en Buckingham, J. (1990). The end of the discipleship era. Ministries Today, January/February, pág. 46]

Ahora bien, como ya hemos mencionado en otros escritos, La Viña nace a partir de un grupo de iglesias lideradas por John Wimber provenientes de Calvary Chapel, movimiento que había crecido vertiginosamente gracias a su participación y acompañamiento activo del Jesus Movement de finales de los 60 y toda la década de los 70. Varios estudiosos han demostrado la marcada influencia del movimiento de pastoreo en el Jesus Movement. Por ejemplo, Lonnie Frisbee, quien fuera fundamental en los inicios de La Viña, pues trabajó de cerca con Wimber en la formulación y demostración del evangelismo de poder, estuvo asociado con el movimiento de pastoreo aproximadamente entre 1971 y 1976. Junto con él, miles de otros miembros del Jesus Movement se vincularon también, como lo señala Eskridge[19]:

Una gran cantidad de figuras influyentes del Jesus People, tales como Lonnie Frisbee… eventualmente llegarían a estar bajo la guía del movimiento de pastoreo, y docenas de comunidades locales del Jesus People a lo largo y ancho de Norte América participaron en el movimiento de pastoreo bien sea oficialmente, como indirectamente, a través de la influencia de su literatura y mensajes grabados. (Pág. 309)

Como se mencionó anteriormente, ya para el período 1980 a 1982 que son los años formativos de La Viña, el movimiento de pastoreo había sufrido grandemente a causa del abuso espiritual provocado por el autoritarismo, quedando su doctrina y prácticas completamente desacreditadas y expuestas a la luz pública. Por estas razones Wimber y los líderes del naciente movimiento rechazaron cualquier práctica eclesiástica que tuviese que ver con la formación de comunidades patriarcales de pacto, relaciones discipulares verticales y permanentes, paternidades espirituales, o pesadas coberturas espirituales, estructuras éstas que ya habían demostrado que propiciaban la dependencia enfermiza de los miembros de quienes eran sus líderes de grupos pequeños o células, lo que conducía al liderazgo abusivo basado en una especie de teocracia jerárquica, donde los más maduros en la fe pasaban a dirigir permanentemente a otros miembros, quienes hacían con ellos pactos de obediencia y sumisión. Precisamente, tales niveles de sobrecarga eclesiástica, de pesado dominio de los líderes sobre los miembros comunes, de ausencia de frescura y poder en el Espíritu Santo, era lo que La Viña venía a confrontar y traspasar con nuevos valores, prioridades y prácticas, y sobre todo con una nueva comprensión del reino de Dios y el poder del Espíritu Santo.

Uno puede ver que en el nacimiento del movimiento de La Viña, el propósito de los grupos pequeños, caseros, familiares o células (o kinship groups), en nuestro lenguaje más contemporáneo, estaba definido por un discipulado bastante orgánico, sin muchas pretensiones o ínfulas de grandeza, cuyo objetivo era la ministración de los unos a los otros como iguales, dentro de un ambiente saludable. Esto obviamente estaba influenciado por la personalidad de Wimber como fundador del movimiento, cuyas características las describe de manera emotiva Don Williams, “Wimber… amaba genuinamente a las personas… vivía con sencillez y abría las puertas de su hogar a la gente… nunca usó su posición eclesiástica para distanciarse del dolor y la necesidad…”[20], él mismo era uno de esos “fariseos desgastados” a los que se refería, por lo que no nos debe extrañar que el naciente movimiento se fundamentara en esos anhelos de sencillez, apertura, transparencia, autenticidad, frescura, y poca religiosidad, siendo ellos los que van a caracterizar a esos primeros grupos pequeños que surgieron en ese entonces. Junto a estos anhelos y actitudes, la compasión, vivida como un valor del reino, se establece como el centro de la práctica del amor y servicio los unos a los otros, lo cual en el movimiento de La Viña siempre iría por delante del pragmatismo de los métodos, fórmulas y estructuras de gobierno, o de crecimiento acelerado que encontramos en los sistemas como el del movimiento de pastoreo, o el más reciente y ampliamente divulgado en América Latina de la visión G-12, donde estos aspectos adquieren dimensiones incontrolables.

En cierto sentido, la diferencia entre una iglesia de La Viña y cualquier implementación de la visión G-12 queda reflejada por la metáfora de Wolfgang Simson:

En algunas naciones las personas son muy formales y rituales, en otros muy abiertas y cordiales. Algunos países te hacen sentir como si estuvieras entrando en un campamento militar, con muchos controles estrictos, donde nadie mueve un dedo sin un permiso previo, mientras que otros son más como un camping, con muy poca organización y más como un lío agradable…[21]

Para quienes necesitan de órdenes, controles, formalidades, rituales, permisos, hará falta una estructura prusiana jerárquica, con su mariscal de campo a la cabeza dirigiendo todas las operaciones. Mientras tanto, habrá otros que anhelarán lo sencillo y genuino, la apertura y la transparencia, la relacionalidad y el servicio, la ausencia de excitación y grandiosidad, en ese caso muchas de las estructuras celulares existentes resultarán como camisas de fuerza o armaduras que no calzan bien en quien las porta. Para estos, entre los que me incluyo, el poco organizado camping de La Viña resulta más adecuado.

El siguiente artículo de esta serie lo encuentra aquí.



[1] En el movimiento de pastoreo se enfatizaba lo masculino en todos los temas del ministerio.

[2] Se trataba de Don Basham, Em Baxter, Bob Mumford, Derek Prince, y Charles Simpson. Basham, era un periodista que pertenecía a los Discípulos de Cristo; Baxter, tenía influencias tanto pentecostales como de la tradición reformada; Mumford, era un Pentecostal formado en un seminario Episcopal; Prince, era un académico formado en Oxford, que provenía del pentecostalismo clásico; y Simpson, era un pastor bautista…

[3] Moore, D. (2000).The Shepherding Movement: A Case Study in Charismatic Ecclesiology. Pneuma: The Journal of the Society of Pentecostal Studies. 22:2, 249-270.

[4] Una historia parecida a la de John Arnott visitando a Claudio Freidzon previo al inicio de la Bendición de Toronto.

[5] Ortiz, J.C. y Buckingham, J. (1975). Call to discipleship. Miami: Logos.

[6] Walker John (1996). La iglesia del siglo XX: La historia que no fue contada. http://bit.ly/2m5USus, última visita 20/2/2017.

[7] Citado por Diamond, S. (1989). Spiritual Warfare: The Politics of the Christian Right. Boston (USA): South End Press. Pág. 115

[8] Juan Carlos Ortiz fue predicador invitado del V Encuentro Carismático Católico Latinoamericano (ECCLA V) que se celebro en Caracas en 1977. Lo que constituyó para algunos fue un escándalo, que un predicador pentecostal participara en un evento católico y que hubiese recibido la comunión de manos de Monseñor José Ali Lebrún, en ese entonces Arzobispo de Caracas, era algo nunca visto. El libro Discípulo se convirtió en texto requerido por los carismáticos católicos latinoamericanos.

[9] Holland, C. (2011). Historia y Desarrollo del Movimiento de Renovación Carismática en América Central. PROLADES. Señala que, “las visitas de los carismáticos evangélicos procedentes de la Argentina, como Juan Carlos Ortiz y Alberto Mottesi, a Costa Rica durante 1969-1971, así como varios otros líderes carismáticos (Padre Francis MacNutt, la enfermera Barbara Shlemon y Padre Frank Corbett), durante 1970- 1973, causaron el nacimiento del movimiento carismático ecuménico que removió algunas de las barreras existentes para lograr una asociación entre católicos y protestantes”. Última visita: http://www.prolades.com/cra/regions/cam/mrc_historia_cam.pdf.

[10] Ortiz, J.C. (). Discípulo.

[11] Conocí de cerca la Iglesia Maranatha en Caracas que funcionaba en el local del Cine Santa Paula donde hoy se reúne la iglesia de las Asambleas de Dios, Rocío del Espíritu Santo. Hoy en día sigue activa con sede en el Centro Comercial El Recreo. En el comienzo de los años 80 su ministerio principal era con universitarios por lo que la iglesia era muy juvenil. Una de sus características es que seguían un estricto proceso de discipulado.

[12] Manney, J. (1973). Before Duquesne: Sources of renewal. New Covenant, Febrero, 12-17. Disponible en: http://bit.ly/2lxa7Nj, última visita 22/1/2017. El cursillo fue fundado por el obispo Juan Hervas, Eduardo Bonnin, un sicólogo que había heredado una fortuna comercial, y el teólogo Juan Capo, influenciados por teólogos progresistas europeos como el Cardenal Suenens. Abbe Michonneau, e Yves Congar. Según Manney, “El método era llevar a las personas a tener una visión intensa y conmovedora de los ideales cristianos durante un retiro intensivo de tres días, y luego sostener y alimentar su fe dentro de una comunidad cristiana. El retiro era una presentación amplia y bien estructurada de las Escrituras, bajo un sofisticado esquema de dinámica de grupos… la estrategia apuntaba a la formación de líderes, tanto en la escogencia de los candidatos antes de los retiros, como en su subsecuente seguimiento…”

[13] Se acaban de cumplir 50 años de este evento trascendental para el mover del Espíritu en la historia de la iglesia. Ver una reseña aquí: http://bit.ly/2lMwrEY

[14] Una red de comunidades que todavía existe. Ver: http://www.swordofthespirit.net/

[15] Se estima que el 46% de los asistentes eran católicos carismáticos. Hubo conferencias denominacionales durante el día en iglesias bautistas, metodistas, episcopales, independientes, católicas, y de otras denominaciones, para luego coincidir con reuniones masivas en el estadio de fútbol americano por las noches.

[16] Moore, D. (2000). Ibid, pág. 267.

[17] Moore D. (2004). Apostleship, submission and accountability: five lessons we learned from the Shepherding controversy. Ministry Today. http://ministrytodaymag.com/display.php?id=9994. Última visita: 5/10/2016.

[18] Mumford,B. (1990). Mumford’s Formal Repentance Statement to the Body of Christ. Ministries Today, January/February 1990, pág. 52.

[19] Eskridge, L. (2005). God’s Forever Family: the Jesus People Movement in America, 1966-1977. PhD Dissertation. Stirling University. Stirling (Escocia).

[20] Williams, D. (2005) Theological perspective and reflection on the Vineyard Christian Fellowship. En Roozen y Nieman (Editores), Church, identity, and change: Theology and denominational structures in unsettled times. Grand Rapids (Michigan): Eerdmans. Pág. 172.

[21] Simson, W. (2003). Casas que trasformarán el mundo: El retorno de las iglesias a los hogares. Terrassa (España): Editorial CLIE, pág. 140.

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