Misioneras en la autopista

Extracto de una entrevista realizada Mirna y Sulma Dagüi en 2006 para la página de CIVILA (Comunidad de Iglesias Viña Ibero Latinoamericanas). Consideramos que es un documento útil para los nuevos/as plantadores/as de iglesias del movimiento en América Latina.

Mirna, hemos visto tu trabajo de plantación desde hace unos cinco años aproximadamente, pero la verdad es que tu labor liderando grupos comenzó hace ya bastante tiempo, por qué no nos hablas un poco de los inicios.

Nosotros comenzamos aproximadamente en 1989 en el sector del Barbecho en Los Teques. Éramos simplemente un grupo de amigas. Con mucha sed del Señor y la característica de que casi todas teníamos problemas, comenzamos un trabajo de crecimiento. Nos motivamos a reunirnos semanalmente para discipularnos. Estas reuniones eran netamente relacionales. Allí se formó un grupo sólido de mujeres, la mayoría de las cuales sigue aún en el servicio dentro de diferentes iglesias. Todo funcionaba de una manera sencilla, básicamente a partir de nuestro reconocimiento de que necesitábamos del Señor y conocer más de su Palabra. Aunque participábamos en la iglesia, nuestro crecimiento fundamental vino de allí de esos grupos que formamos. Creo que fue un movimiento de Dios porque surgió sin que fuese nada obligado, ni forzado. Fue como todas las cosas del Espíritu, que no se sabe de dónde vienen ni adónde van.

En Venezuela, La Viña comenzó a incursionar hace diez años exactamente, tu fuiste uno de los contactos iniciales y luego participaste en muchos de los cambios que se produjeron ¿Qué fue lo que más te atrajo hacia un movimiento como La Viña, en aquél momento tan novedoso para Latinoamérica?

Me atrajo en primer lugar la sencillez que observé en el liderazgo. Realmente nos modelaron algo nuevo, que para mí fue impactante. Eso me ayudó mucho a crecer, especialmente en el área de la ministración, nos dábamos cuenta que no era algo impuesto o manipulado. También adoptamos los valores y las prácticas y eso trajo muchos cambios porque nosotros veníamos de un contexto religioso más fuerte, con formas de trabajo bastante diferentes. La asimilación de todo aquello no nos costó mucho puesto que el Señor ya nos había estado mostrando algunas de estas nuevas maneras. La Viña vino a ayudarnos a dar el salto, básicamente ellos nos confirmaron lo que ya habíamos estado experimentando y el hecho de que ya Dios se estaba moviendo de esas maneras en muchas partes.

Tenemos entendido que algunas de las iglesias están ubicadas en diferentes poblados y que en tu labor apostolar a veces tienes que conducir tu vehículo por varias horas. También constantemente surgen nuevos sitios donde ir a plantar ¿Sulma, cómo y por qué escogen esos lugares?

Todo se da por relaciones. Por ejemplo, nosotros teníamos un grupo de familiares en la ciudad de Maracay que estaban muy necesitados y nos tocó ir a visitarles, ver sus necesidades y de alguna manera hablarles del Señor y orar por ellos. Fue allí donde comenzamos la primera de estas iglesias caseras. De allí el movimiento ha continuado, siempre a través de las relaciones. Las personas que están en los grupos constantemente están detectando dónde hay un hogar que se puede visitar y cuando se presenta la oportunidad, estamos listas para ir. Vemos las necesidades que hay allí y de acuerdo a ello decidimos si podemos comenzar un grupo en ese lugar. Por ejemplo, hace apenas una semana comenzamos un grupo nuevo en otro sector de la ciudad de Cagua, la persona que nos invitó tiene un problema espiritual tal vez relacionado con el ocultismo. Llegamos a ella a través de una vieja amiga, nos abrió las puertas y nos reunimos en su casa con hermanas que vinieron de los otros grupos. En esa reunión nos habló de su problema, las demás mujeres que estaban testificaron cómo el Señor las había ayudado y después oramos. Una de las asistentes expresó sus luchas con un esposo drogadicto y practicante del espiritismo y la santería y cómo Dios le había quitado el miedo, esto reconfortó bastante a la dueña de la casa. Allí vamos a formar una nueva iglesia casera.

Como ahora tenemos varios grupos en Cagua, cada quince días nos reunimos todos juntos en alguna casa más grande. Las iglesias caseras se reúnen durante la semana y tratamos de ir los domingos para reunirnos en los hogares. Son grupos de variado tamaño. Incluso el espacio físico es muy variado. En Maracay nos reunimos debajo de un árbol de mango, con el piso de tierra y pendientes que no nos caiga un fruto en la cabeza. En Cagua son apartamentos o pequeñas casas, en otras partes son viviendas modestas, pero hay sitios donde hay mucha escasez. Un tiempo nos reunimos en una casa tan pequeña que era prácticamente una sola pieza con su cama, la cocinita, un bañito, tenía de todo pero mínimo. Al final de la reunión, una sobrina que llevamos pidió hacer la oración para concluir. La niña oró así: “Señor, preséntales a esta pareja una casa más grande que tenga su cocina, sala, cuartos, patio….”. Creo que ella nunca había visto en su vida un hogar tan pequeñito.

En cada nuevo lugar que van, ¿Cuál es tu labor fundamental? Y ¿Cómo entrenas a otras personas que sigan adelante con el trabajo misionero?

Lo más importante para nosotras es oír a las personas. Conversamos con las personas hasta que ellas mismas se abren y comparten sus necesidades. A partir de allí nosotros desarrollamos una enseñanza con la Palabra como base. Pero ésta es una forma de estudiar la Biblia en la que todos los presentes contribuyen. La mayoría con sus testimonios y cómo Dios les está ministrando. La verdad es que todos juegan, todos participan. Antes llevábamos todo preparado de antemano. Básicamente traíamos un programa y nos ajustábamos a él. Hoy vamos con una sensibilidad mayor hacia las cosas que Dios ya está haciendo en los grupos. Por ejemplo, en Maracay vamos a una casa de unos ancianos, ellos no conocen mucho y por eso nos concentramos en conversar acerca de Jesucristo, de sus enseñanzas, pero al nivel que ellos puedan entender. En esa casa conocimos a una mujer que estaba embarazada, en nuestro primer contacto nos dijo que era santera y que no le interesaba nada de lo que estábamos compartiendo. Hoy en día es parte de la iglesia casera en ese lugar.

Es muy interesante la forma como abordan su vivencia, pero ¿No requiere esto una preparación especial o diferente?

La oración es lo más importante. Nuestro estudio bíblico personal es fundamental. A veces el Señor nos sorprende porque sale un tema que hace mucho tiempo que no hemos compartido y él mismo nos muestra los pasajes adecuados y nos da los recursos para poder enfrentar el tema. Pero no son solo nuestras vivencias, el resto de los miembros de la iglesia casera están en un peregrinaje con el Señor y ellos también aportan, traen sus propias enseñanzas, reflexiones, los pasajes que les han impactado durante la semana. Es algo muy rico, donde hay mucha sabiduría. No venimos con un programa a imponerlo y más que eso, tampoco venimos como los expertos con soluciones mágicas.

 En lo que respecta a la forma como ustedes plantan iglesias y entrenan líderes, la forma de trabajo difiere bastante de lo que está escrito en la mayoría de los manuales, y especialmente de lo que sería una iglesia Viña “clásica” ¿Dónde ves las principales diferencias?  

El entrenamiento es a medida que vamos llevando adelante la vida de la iglesia casera. Para nosotras la iglesia está fuera de las cuatro paredes de un local y muy cerca de las necesidades de las personas. En ese escenario, viendo a la persona que estamos sirviendo, es donde se da el entrenamiento. Pero no hay una estructura formal que tenemos que construir, ni cargos o títulos. Los dones son funcionales. Por ello el entrenamiento está más relacionado con el fluir del Espíritu y no tanto con las maneras como podemos sostener esa estructura. La reproducción es natural, no es programada. Por ejemplo, este año no sabíamos que íbamos a comenzar en una casa nueva y sin embargo con eso nos sorprendió Dios. Esto pone nervioso a mucha gente, pero hay otras personas que se sienten más libres en esta forma de trabajo. Al comienzo, también nos poníamos nerviosas y tratábamos de guiarnos por algún programa. Hasta que Mirna se enfermó por unos seis meses y varias mujeres tuvimos que coordinar el trabajo. Cuando ella regresó ya habían ocurrido muchos cambios y seguimos adelante. Ese fue como un rompimiento con la forma más tradicional y comenzar con esta nueva manera de ver a la iglesia.

Por el hecho de ser mujeres, creen que eso influenció en la escogencia del modelo de iglesia para la plantación- ¿En qué aspectos se diferencia la plantación de iglesias llevada adelante por mujeres?

Bueno, trabajamos con muchas mujeres que están en sus casas, algunas son profesionales, pera la mayoría están en sus hogares. El hecho de que seamos mujeres facilita las cosas. Pero, sin duda que nosotras tendemos a ser mucho más relacionales. Es más fácil entablar una conversación y conocer a las personas del vecindario. Para los hombres eso es más complicado. Por otro lado, los hombres tienden a pensar mucho más en términos organizativos y estructurales, en cargos o títulos, cosas que en las iglesias caseras no existen.

Quizás la parte relacional del hombre esté alrededor de su trabajo o de actividades que le gustan como el deporte. ¿Sería posible hacer allí una iglesia con una dinámica similar a las que ustedes plantan?

Tal vez donde sus relaciones sean más naturales, pero siempre le va a costar un poco más. Por ejemplo, la persona del hogar donde comenzamos el nuevo grupo al inicio de este año la conocimos hace menos de un mes a través de una amiga común. Llegamos a su casa y nos sentimos inmediatamente en familia, una confianza casi inmediata. La relación comenzó y nos hemos estado llamando por teléfono.

 ¿Tuviste algún modelo de dónde partir? ¿Alguna otra mujer que te hubiese influenciado o mentoreado?

En un principio nuestros mentores fueron hombres. Pero en nuestras vidas está la influencia de Nora Méndez como amiga y mentora. Respecto a las iglesias caseras, fue en un curso sobre plantación de iglesias en el Seminario de Caracas donde comenzamos a adquirir ese vocabulario. Hoy nosotras mentoreamos a otras mujeres, son personas en las que tenemos confianza para transmitirles lo que sabemos y que ellas, a su vez, puedan continuar con lo que ya ha sido iniciado. Porque esas mujeres nacieron dentro de las iglesias caseras y ese es el único modelo que conocen.

En todo caso, los plantadores, no importa el modelo que usen siempre sacrifican una parte de sí mismos y se enfrentan a dificultades y luchas. En el caso de ustedes, ¿Dónde has visto los problemas? ¿Qué has podido aprender de ellos?

 Una de las luchas más fuertes tiene que ver con las críticas que se nos hacen no solo por plantar iglesias de una manera diferente, sino también porque somos mujeres. Hemos tenido que lidiar con esto porque existe una influencia bastante fuerte, en los sectores donde vamos, de grupos denominacionales muy tradicionales y bastante machistas. Pero nosotros entendemos que el liderazgo no es posicional sino basado en el servicio y surge de forma natural. Por otro lado, pasamos muchas horas en carretera, Dios nos ha preservado de cualquier accidente o peligro. En esta labor misionera también sacrificamos tiempo que podíamos pasar con nuestros familiares. Esto produce bastante desgaste emocional y físico. Pero, todo lo hacemos con tanto amor que las cosas fluyen naturalmente. Una vez nos llevamos a una pastora amiga que es de una de las Viñas y cuando veníamos de regreso ella estaba fundida después de un día de ministración y nosotras más bien estábamos contentas y con energía. Creemos en esto, no importa cómo estemos, sabemos que es del Señor, es algo que no depende de nosotras sino del amor que Dios tiene por las personas. Vemos la fidelidad de Dios, su gracia, su amor. Sabemos que así no existamos esto va a continuar. Aún a nivel de las ofrendas, nosotras no pedimos recursos, pero hay personas que creen en lo que estamos haciendo y nos dan tanto que sobreabunda, aún para otras personas que tienen necesidad. En muchos de los grupos donde vamos más bien nosotros llevamos la ofrenda. Esta forma de plantar tiene futuro, pero es un trabajo de hormiguita, es como la levadura que leuda toda la masa, pero poco a poco.